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sábado, 24 de octubre de 2020

¡VACANCIA YA, ANTAURO LIBERTAD!

 
Hay un viejo adagio que dice que a los políticos no hay que mirarles los labios sino las manos, ni hay que guiarmos por lo que dicen sino por lo que hacen. Lo que ha ocurrido con los presidentes peruanos de los 90 para adelante - salvo Paniagua- y la eterna candidata naranja al sillón de Pizarro, todos con medio cuerpo en la cana, le da fuerza al aserto. Lo que acabamos de saber del mayor Antauro y sus movidas golpistas, en alianza fáctica con perro, pericote y gato no hacen sino ratificarlo.

Para empezar, el mayor ganó sus espacios prometiendo fusilar a los corruptos, incluyendo a su hermano Ollanta, a los que considera traidores a la Patria. Lo ha dicho y lo ha escrito. Sucede ahora que esa prédica la ha mandado al rincón de las animas. Uno de sus principales lugartenientes, y quizá su brazo derecho, debería estar ahora en la cárcel, de repente jugando ajedrez con su mentor ideológico. Todo el país sabe que el señor Alarcón carga una acusación fiscal de corrupción por la cual están solicitando 17 años de cárcel. 
 
¿Por qué este señor que hoy preside la comisión de constitución del congreso no está en chirona, sino más bien está superblindado para que no caiga en manos de la justicia? Eso es obra del superradical Antauro y de sus compinches de dentro y fuera de su organización, - alianza política le llaman a esos arreglos bajo la mesa- algunos de ellos tan o más malogrados que Alarcón, y que a todas luces están empleando su fuerza numérica para proteger a gente que deberían estar dándoles la cara a los fiscales; o para apuntalar acuerdos populistas con los que quieren ganarse la adhesión del populorum.
 
Pero la impronta de esas concertaciones nada santas se nota también en las intentonas golpistas contra el presidente Vizcarra, trabajadas desde el congreso, y que comprometen al señor Merino de Lama presidente del mismo. El mayor Antauro en el audio recientemente propalado vocifera a favor de la vacancia presidencial. Es más plantea dos consignas que deben ir amarraditas y que dejan traslucir el objetivo particular del mayor en ese proyecto golpista: ¡Vacancia ya, Antauro libertad! Merino quiere ser presidente de la República, sí o sí, y un grueso de indeseables que fungen de congresistas quieren seguir mamando de las ubres estatales, si es posible como senadores. ¡Al diablo con las elecciones de abril, hay que postergarlas!, han dicho. 
 
Antauro, que en el audio citado se proclama un "antisistema", pero que llama también a defender la democracia y a cerrar filas en torno a Merino de Lama y de Alarcón, lo único que le interesa es su libertad. Y ordena a sus pupilos a sacar a las calles a las masas para hacer realidad sus consignas. Para eso quiere traerse abajo al presidente Vizcarra. Con Merino en la presidencia de la República, y alguno de sus socios de jefe del parlamento, la libertad de Humala está más que asegurada.
 
Merino de Lama, viejo representante de la politiquería criolla, ha salido ante los medios a tomar distancia de Antauro. No dice ni pío de las razones por las que el mayor está cumpliendo condena, simplemente repite una y otra vez "yo no sé nada". Pero ahí está el audio de Humala, que como buen militar sabe que sus órdenes de protección a los aliados deben cumplirse, sin dudas ni murmuraciones. Si Merino sigue en su puesto - se pidió su bajada al llano después de hacer agua la primera intentona golpista contra Vizcarra-es porque los votos de los piquichones del mayor lo respaldaron. Entre golpistas no pueden adivinarse la suerte.
 
Pero las alianzas fácticas del mayor Humala no quedan ahí. El golpe contra Vizcarra, bien se sabe, cuenta con el aval de la lumnpenería gran burguesa, la mafiosa, la que a lo largo de estas décadas ha promovido la corrupción en todas partes; y que en la presente coyuntura está utilizando el poder de los medios de comunicación y sus ideólogos para descargar contra el moqueguano todas sus furias y sus penas. Cautos, no hablan de vacancia, saben que la aceptación de Vizcarra en la ciudadanía es alta; pero si están proponiendo su anulación como gobernante, que reine, que aparezca en las fotos, en los convites, pero que no gobierne. ¿Quien gobernará entonces? Un gabinete de ancha base, con un primer ministro de talla en el mando. Nada más ni nada menos.
 
En conclusión, para esta alianza golpista, con el mayor Humala y sus huestes etnocaceristas moviendo el cotarro congresal y las calles, más aliados como Merino y Cía, todos con roche pero con ambiciones desmedidas; y sumando la cortina ideológica de las baterías mediáticas controladas por las mafia empresarial, aparentemente el golpe de mano está asegurado. La derecha en su conjunto aplaude. No se han dado cuenta, o no quieren darse cuenta que gruesas franjas de la ciudadanía, atenazadas por la pandemia del coronavirus y la crisis económica, van expresando su desacuerdo con la arremetida. Y algo más, que lo vengo manifestando desde hace varios días: tampoco le han tomado el pulso a las Fuerzas Armadas, que en los hechos le trajeron abajo la primera intentona golpista. Se insiste mucho en que Vizcarra no tiene partido, no tiene bancada. Creo que su partido y su bancada están en los cuarteles. Es mi opinión.

jueves, 18 de junio de 2020

¡TIERRA O MUERTE, VENCEREMOS!



I
Hugo Blanco, el legendario dirigente campesino, que llegó a candidatear a la presidencia de la República en 1980, luego de haber sido constituyente en 1978,  ha vuelto a hacer noticia. La próxima exhibición en el país de un documental sobre su vida, auspiciada por el Ministerio de la Cultura, le ha revuelto el hígado a lo más graneado de la extrema derecha peruana que con zapatos y todo ha iniciado una campaña en pro de la suspensión de esa exhibición. Esos señorones, -entre los que se encuentran militares en retiro y más de un trasvesti político que en sus años juveniles aplaudía a rabiar al líder cusqueño, pero que hoy, seguramente que por muy poderosas razones, ya no lo avalan -demuestran en sus ajetreos que no han aprendido nada, porque en su ofensiva contra Blanco no hacen sino repetir la misma cháchara con la que desde los años 60 se satanizó al sindicalista del valle de la Convención.

Si don Pedro Beltrán Espantoso, uno de los padres del liberalismo tramposo de los años 60, estuviese vivo, seguramente que firmaría sin pestañear las declaraciones que esa derecha ultramontana está circulando. ¿La razón? Son las mismas acusaciones contra Blanco, que desde el diario La Prensa -de propiedad de Beltrán- se fueron urdiendo en esos tiempos para satanizarlo, al igual que a los dirigentes que lo acompañaban en su labor sindicalista, mientras que a lo bestia buscaba quebrarse el poderoso movimiento campesino que los secundaban.


II

Blanco, hay que reiterarlo, no fue terrorista, ni guerrillero. Fue un sindicalista, que en Argentina abrazó el trotskismo, y como tal, en Lima y en el Cusco, se empeñó en hacer del sindicato un instrumento clave en las luchas reivindicativas de los trabajadores de la ciudad y el campo. Que en los marcos de su raciocinio político Blanco, desde el movimiento campesino del valle de La Convención aspirase a dar el salto hacia el poder es algo probable: un político que no esté pensando en el poder no es realmente un político, sobre todo si se reclama de la izquierda revolucionaria. Pero concretamente, en los años que le quitó el sueño a la oligarquía y al gamonalismo - fue capturado en mayo de 1963- estaba empeñado, desde su cuartel general de Chaupimayo, en organizar al campesinado para expulsar a los terratenientes de la provincia de La Convención y recuperar las tierras para el campesinado.

El sindicato, la huelga, la movilización multitudinaria del campesinado, constituían, para Blanco, las herramientas fundamentales de su quehacer político para las toma de las tierras. A ello se abocó, en cuerpo y alma. Con la tierra en sus manos, decía, "el campesinado elevará al Perú hasta las nubes". Pensaba en escuelas, colegios, institutos, universidades, centros agroindustriales, hospitales, carreteras. (Hugo Neira, Los Andes, tierra o muerte,  Ed. ZYX, Madrid, 1968, p. 239). Las armas, la guerrilla, no estaban en sus planes, aunque patrocinaba la autodefensa contra las violentas embestidas de terratenientes y policías.


III


De hecho, el movimiento campesino de La Convención, desde antes que Blanco asumiese el liderazgo, había alcanzado niveles importantes de desarrollo. La consigna ¡Tierra o Muerte, venceremos! con Blanco al frente, reflejó esa aspiración vital , democrática,  del campesinado cusqueño, explotado y agobiado por un régimen semifeudal, vigente en el agro peruano, denunciado desde los tiempos de Mariátegui, pero todavía existente 30 años después, aunque en crisis, golpeado por los alzamientos de los pobres del campo en diferentes puntos del país. 

Paradójicamente la producción de te, café y cacao de La Convención era destinada a los mercados capitalistas externos, pero el sistema de explotación sobre la que se sustentaba era antediluviana e inhumana. El historiador Eric Hobsbawn, que estudió el caso señaló que ese sistema era una forma de servidumbre "asombrosamente similar a la del vasallaje europeo medieval" (Un caso de neofeudalismo: La Convención, Perú).

Ese fue el quid del asunto. De hecho, el radicalizado movimiento campesino del valle de La Convención no solamente puso en cuestión el poder gamonal establecido en el campo, sino que al promover la recuperación multitudinaria de las tierras le estaba quebrando el espinazo a ese gamonalismo.  La Reforma Agraria era una vieja aspiración del campesinado, que la oligarquía, en alianza con el gamonalismo de horca y cuchillo, la había venido sorteando en base al uso implacable de la violencia y a la demagogia descarada. A fines de los años 50 el mismo Pedro Beltrán, aludido líneas arriba, había presidido una Comisión de Reforma Agraria, cuyos resultados fueron un saludo a la bandera. 

En ese encuadramiento, Blanco y el  movimiento campesino cusqueño eran un pésimo ejemplo, había que descabezarlo y liquidarlo. La Prensa de Beltrán estuvo a la cabeza de la campaña mediática, en tanto que la represión jugaba su papel, y los propios gamonales, armados, descargaban sus furias sobre el campesinado alzado a la lucha. El líder fue capturado después de un incidente armado con un policía, que perdió la vida. No hubo, como se sostiene, un asesinato premeditado, tampoco un asalto a puestos policiales. Lo encontraron en las punas, desarmado, descalzo, hambriento.


IV 

Lo que nadie previó, sin embargo, es que en junio de 1962, los militares iban a mandar a su casa al presidente Prado, y que una Junta Militar se iba a poner al frente del país. A estas alturas, una corriente reformista comenzaba a ganar terreno  en el país, a la que las Fuerzas Armadas no eran ajenas, aunque en ellas con un criterio de seguridad nacional. El campo estaba movido. Era necesario comenzar a apagar incendios. La Reforma Agraria, como bandera reivindicativa del campesinado estaba en el orden del día; es más, en La Convención, por obra justamente de Blanco y la Federación  Provincial Campesina de La Convención, la tierra ya estaba en poder de quienes la trabajaban.

Las tumultuosas movilizaciones de las bases de esa Federación habían terminado por descuadrar el poder de los gamonales, y legitimado ante el resto del país la reivindicación de la tierra para los desposeídos. En noviembre de 1962 los militares sancionaban la Ley de Bases de la Reforma Agraria, y en marzo de 1963 decretaron la inmediata realización de dichos cambios sustanciales en los valles de La Convención y Lares. En los hechos dichas medidas formalizaban los cambios en la tenencia de la tierra ejecutados por Hugo Blanco y la Federación Campesina. Los militares que con el general Verlasco Alvarado defenestraron al presidente Belaúnde en 1968 ampliaron a todo el país esa reforma, y la profundizaron, bajo las consignas de que la tierra debería ser para quien la trabajaba, y de que el patrón ya no debería comer de las miseria de los trabajadores del campo.

En resumen, el alzamiento campesino en pos de la tierra que sacudió el país en los años 50 y 60, el movimiento del campesinado en La Convención y Lares, que Blanco dirigió hasta que fue detenido, -aunque su influencia, convertido ya en leyenda, continuara vigente-, las guerrillas del 65 del MIR y del ELN, y la creciente demanda de reformar el campo existente en diferentes sectores de la sociedad peruana, forzaron la Reforma Agraria de 1969, la más atrevida de toda América Latina. El rol histórico que jugó Blanco debe ser ubicado en ese periodo trascendental de la lucha de clases en el país.

La derecha contumaz, que se opuso siempre a esos cambios en el campo, sea cual sea el mascarón de proa partidario que adoptaran, no ha cambiado nada, sigue anclada en el pasado, presa de sus demonios pleistocénicos. Por eso persigue a Blanco, lo sataniza, lo ridiculiza, pero sus campañas son como un búmeran, siempre se vuelven contra sus promotores, terminan satirizándolos, y promoviendo a sus adversarios.

Referencias Bibliográficas

HOBSBAWM, Eric, ¡Viva la Revolución!, Ed. Crítica, Argentina, 2018.

MATOS, José y José Manuel Mejía, La Reforma Agraria en el Perú, IEP, Lima, 1980,

NEIRA, Hugo, Huillca: Habla un campesino peruano,  Ed. Peísa,  Lima, 1974.

NEIRA, Hugo, Los Andes, Tierra o Muerte, Ed. ZYX, Madrid, 1968.






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miércoles, 27 de mayo de 2020

NADA CON EL CAMBIO


I
La ultraderecha peruana ha vuelto a la carga.Recientes declaraciones de la señora Beatriz Merino,críticas destempladas en los medios afines, y un comunicado publicado hoy en Perú21 y en las redes sociales, suscrito por empresarios, ideólogos y el conocido peonaje político de dicho sector, evidencian que estos rancios personajes de la política criolla, como reza una conocida canción, "no estaban muertos".

Estuvieron silenciosos en las primeras semanas de la lucha contra la pandemia. Pero los gruesos errores en la aplicación de la estrategia diseñada por el gobierno, y la emergencia de no pocas críticas al modelo económico establecido por la derecha peruana en las últimas décadas -en cuyo contexto se explica el abandono miserable de nuestro sistema de salud pública, como de la educación peruana- han obligado a la caverna a saltar al entablillado.

Esa derecha sabe perfectamente que el presidente Vizcarra y su equipo gubernamental no pateará el tablero establecido. Algunos amagues en el manejo de las finanzas para paliar los terribles efectos del Covid-19, no los ha dejado fuera de juego, por el contrario, el gran capital sigue haciendo negocio. La tecnocracia neoliberal, que controla el Estado, sabe hasta donde puede llegar. El pretendido impuesto a los ricos, planteado por el propio presidente Vizcarra, pero desechado por la ministra de economía, "por no ser importante", da luces sobre lo que estamos diciendo.

II

Sin embargo, los miles de infectados por la peste, y de fallecidos, en medio de paupérrimas condiciones sanitarias y de salubridad pública, -cuadro que puede agravarse más en las próximas semanas, por las flexibilidades decretadas-han encendido las luces rojas de las críticas en diferentes sectores, dentro y fuera del país; exigiendo al mismo tiempo una acción más decidida del Estado en defensa de la vida y la salud de los millones de peruanos amenazados por la peste. 

Los misiles de la crítica, en el terreno concreto del accionar contra la pandemia, se han enfilado contra las clínicas que están haciendo su agosto en medio de la crisis por los precios prohibitivos para las economías populares, peor todavía en una situación de emergencia como la que vivimos, donde el desempleo y el hambre han tomado por asalto los hogares de millones de desposeídos. Críticas que se han extendido contra los monopolios reinantes en el mercado farmacéutico, que cual vulgares cogoteros, al igual que las clínicas, están provechando al máximo la laxitud del mercado, cuyas coordenadas se rigen por la Constitución del 93.

Para el capitalismo salvaje reinante, el Estado no es sino un garante, un viabilizador, un guardián de sus fechorías. El ejecutivo no ha dado un paso en concreto por hacer suyas los reclamos de control estatal a la voracidad empresarial, al contrario, los ministros no saben como defender lo indefendible. No obstante, los firmantes de la carta de esta mañana, afirman estar percibiendo "un alejamiento de las líneas maestras del desarrollo social y del crecimiento económico que nuestro país ha venido experimentado". "Líneas maestras", precisemos, diseñadas por la constitución de marras, que la burguesía peruana, como ha quedado en claro en los últimos años, está dispuesta a defender a sangre y fuego.

III

Para desgracia de la caverna, No hay observador honesto, de dentro o fuera del país, que no reaccione espantado ante la realidad económica, social y cultural que el capital neoliberal ha forjado en los últimos años, y que está en la base del naufragio de la estrategia sanitaria del gobierno. Esos críticos hablan de pobreza, desigualdad, carencias de todo tipo, abandono u olvido de los sectores más necesitados del país, centralismo asfixiante, corrupción galopante...Mientras que la riqueza insultante ha crecido y crecido. Un ejemplo: en plena crisis sanitaria, cuando la pandemia dejaba en la calle a miles de miles de hombres y mujeres y el luto se extendía,un empresario peruano, -que considera que proyectado impuesto a la riqueza es político, porque el gobierno "tiene mucha plata"- compró en Miami varios departamentos en áreas privilegiadas, merced a un jugoso desembolso de millones de dólares. Esa es la burguesía peruana, la que no se cansa de repetir que "todos estamos en el mismo barco", cuando la realidad, siempre tozuda, la desmiente.

Desde esa realidad cruda y lacerante, se alzan hoy voces de cambio. Al igual que en el mundo entero, en el Perú no hay crítico veraz, o ciudadanos comunes y silvestres, que estimen que la pospandemia no puede llevarnos al mismo punto de partida anterior. Hay matices sin dudas, pero todos son hombres y mujeres de buena fe. En el pronunciamiento aludido, los firmantes, revelan su pánico ante la posibilidad que los cambios exigidos se hagan realidad, o ganen la conciencia de las mayorías nacionales. Como siempre lo han hecho, levantan espantajos.En ese sentido indican que "no se puede retroceder a esquemas" que "sólo nos han traído pobreza y atraso"; o llaman a dejar de lado "tentaciones populistas", que tanto daño han causado "a lo largo de nuestra historia".

IV

Esa derecha es atrevida y audaz. Apelan a la historia cuando ésta la condena. En los últimos 30 años, ella ha moldeado el país. Los resultados de esa gestión están a la vista, la pandemia ha desnudado su trabajo, su corrupción, sus tejes y manejes siniestros y antipopulares, su hipocresía, su falta de empatía con los sectores populares, a los que con mil promesas les arrancaban el voto, para después sembrarlos en los campos minados de la explotación y la pobreza inmisericordes.

¿Dijeron Fujimori? ¿Alguien gritó Toledo? Disculpen, ¿mencionaron a García? ¿Escuché Ollanta? ¿Reclamaron por PPK? Y no me olvido del presidente Vizcarra. Es cierto que apoyándose en la insurgencia del pueblo le puso las banderillas a la desbordante corrupción, y cerró las puertas del chiquero congresal. Pero es cierto también, que en el campo de la economía se mueve bajo los patrones ideológicos de sus antecesores.

Finalmente, y si de historia se trata, la caverna quiere trabajarnos al bobo, al patrioterismo. Hagamos realidad, nos dice, el lema de los próceres: "Firme y feliz por la unión", que es otra manera de decir "estamos en el mismo barco". Agrego lo siguiente: ese lema tuvo un contexto en los años de la independencia, tiempos de guerras internas, de fracturas y desencuentros con los vecinos, de pérdidas territoriales. Pero perdió fuerza ante la falta de perspectiva histórica de quienes se pusieron al frente del país después de 1821.

V

Se ha hablado mucho de esto, pero hay que repetirlo. El Perú nunca ha contado con una burguesía dirigente. Quienes se auparon al poder después de la expulsión de los españoles se movieron sobre los mismos ejes económicos, sociales, y culturales impuestos por los invasores. Se cortó la relación colonial con España, pero internamente nada cambió. En una célebre conversación entre Basadre y Macera, en relación a la independencia, se llega a hablar de una revolución traicionada o secuestrada por quienes se hicieron del poder. Las mayorías poblacionales, indias o negras,siguieron siendo tan o más explotadas que durante los años del dominio colonial. Como diría Basadre, la promesa de la vida peruana: bienestar y desarrollo para todos los peruanos, se había perdido en el camino.

En esas condiciones, el lema "Firme y feliz por la unión" perdió terrenalidad; aunque es recordada de cuando en cuando por quienes se resisten, con interés o no, en mirar y reflexionar sobre las terribles fracturas sociales y culturales existentes en el país. Es como escuchar la expresión: "estamos en el mismo barco", dejando de lado un hecho: que en esas naves suelen haber compartimentos de primera, segunda y tercera; y que como ocurrió con el Titanic, a la hora de un naufragio solo hay botes salvavidas para los de primera. Es lo que está sucediendo con la peste y la cuarentena: no es lo mismo acuartelarse en los extramuros de la ciudad, sin agua, desagüe, luz, ni alimentos, expuestos a todas las plagas habidas y por haber, como también ocurre en la Sierra y en la Amazonía; que estar "encerrado" en una residencia de algún barrio exclusivo de Lima, con todas las comodidades, seguridades, una longa billetera y tarjetas de crédito al por mayor..

Puente Piedra, otoño de 2020

miércoles, 1 de abril de 2020

LA OTRA PESTE


Este señor, cuyo nombre no interesa, pero que hoy ocupa una curul en el congreso, nos está mostrando las miserias del alma que el coronavirus está sacando a la luz del día.
 
Aparentemente es un payaso, o un figuretti; los más indulgentes pensarán que es un hombre que teme tanto a la peste que es capaz hasta de cubrirse los zapatos.
 
Realmente es un embustero. 
 
Si realmente temiese el contagio no debió juramentar en la forma que los 130 congresistas lo hicieron: burlando las normas sanitarias de emergencia, entre abrazos, apretones de mano y besuqueos. Tampoco debió asistir a la sesión de ayer, denunciando los riesgos que ella entrañaba.
 
Si a los ciudadanos de a pie, se les prohibe formar gupos, sea cual sea el lugar donde se encuentren, no hay razón alguna para que esos nuevos otorongos reclamen una vez más privilegios, gollerías, tratos exclusivos y exluyentes, ahora potencialmente letales.
 
Lo real es que a este señor le interesa un rábano la emergencia, pero se camufla, se oculta. Actúa ni más ni menos como esos filisteos que hoy se llenan la boca de pueblo, de pobreza, de vulnerabilidad, cuando son los responsables de que el país no cuente con un sistema de salud decente, civilizado, ni con una educación acorde a los tiempos que vivimos.
 
El dengue puso de vuelta y media ese sistema. Los médicos, los profesionales de la salud de la selva y sierra donde ese mal se posicionó en estos últimos meses, los mismos pacientes, sus familiares y sus pueblos, reclamaron una atención preferencial. No se les atendió, y el dengue avanzó y sigue avanzando.
 
El coronavirus terminó de destapar esas falencias, acumuladas año tras año, especialmente en estas últimas 3 décadas, período, como hubiera dicho Vallejo en el que "Jamás, señor ministro de salud, fue la salud más mortal".
 
Es que nuestros neoliberales críollos, fieles al dogma, y a despecho de lo que reza la Declaración Universal de los Derechos Humanos, condenaron a los servicios de salud pública a una sequía presupuestal permanente, mientras avanzaban a pasos agigantados en la privatización del sector, en su feroz mercantilización.
 
Seguramente que se formulaban, a lo bestia, la misma pregunta que en su tiempo se hizo un político de Texas "¿De dónde salió la idea de que todo el mundo merece educación gratuita, asistencia sanitaria gratuita, lo que sea gratuito? De Moscú. De Rusia. Salió del mismísimo infierno" (Paúl Krugman, La imperativa asistencia sanitaria).
 
La respuesta a su interrogante la tenemos en la precariedad de nuestro ordenamiento de salud pública, en su destroncamiento, que le está reventando en la cara de esa tecnocracia y sus gobiernos. El dengue y el coronavirus han petardeado las ilusiones del neoliberalismo, su ideario dogmáticamente antiestatista y antipopular.
 
Esa tecnocracia en el poder, sus políticos, ideólogos, y empresarios, hoy están jugando al muertito. Se camuflan, aunque siguen con el pie en alto, no hablan más de lo necesario, no quieren mirar hacia atrás, hacia esos 30 años de control omnímodo de los resortes del poder, y son los primeros en alinearse en la emergencia, sin dejar de sacar su troncha, ni de abdicar en su práctica crematística.
 
¡Embusteros! 
 
Dijeron pensar en el Perú cuando les llenaban las arcas al fujimontesinismo, o le calentaban la mano a otros partidos de la derecha, o cuando una lumpenburguesía le rompía la mano a una tecnocracia corrupta. Ahora, cuando el Perú y los millones de millones de peruanos requieren auxilio para sobrevivir meten la mano la mano al bolsillo, pero a cuentagotas; o, como en el caso de los grandes mineros exonerándose de las leyes de emergencia, llegando a implementar una suerte de mitimaes siglo XXI, trasladando trabajadores desde Moquegua hacia Cajamarca, conforme lo denunció el presidente regional.
 
Finalmente, estamos seguros que esta peste será superada. Desde varios sectores se afirma que después de ella el Perú no será el mismo. Compartimos ese criterio, pero bajo una condición: que retomemos el espíritu crítico, la reflexión en voz alta, la lucha de ideas, el señalamiento de propuestas de corto y largo alcance. 
 
El Perú se merece otro futuro. 
 
Y si pensamos de esta manera creo que es tiempo de enjuiciar críticamente estos 30 últimos años, el manejo ideológico y político imperantes, y sobre todo de atrevernos a pensar en la necesidad imperiosa de construir otro orden económico y social. 
 
El neoliberalismo capitalista hace agua en todo el planeta, el coronavirus ha terminado por llevarlo prácticamente a la bancarrota. Miren ustedes lo que está pasando en yanquilandia., o en Francia, o en Italia, o en Inglaterra, o en cualquiera de nuestros países vecinos.
 
Derrotar al coronavirus está en nuestros manos; y vencer ideológica y políticamente a la otra peste, encaramada en el poder desde hace 30 años, también depende de nosotros. Como Vallejo diremos: "hay, hermanos, muchísimo que hacer".

lunes, 23 de septiembre de 2019

LECCIONES SANMARQUINAS


¿Qué lecciones deja la última gran batalla del estudiantado sanmarquino para el conjunto del movimiento popular? La primera de ellos es que cuando existen causas justas para la pelea, bastará un detonante para provocar una reacción masiva, multitudinaria, de defensa de esas reivindicaciones dentro y fuera de los escenarios de la gran batalla. El tema de la continuación del proyecto de recorte de los linderos de la Ciudad Universitaria estaba durmiendo el sueño de los justos, hasta que una salida torpe de las autoridades sanmarquinas, a favor justamente de ese abuso contra el patrimonio de la universidad , precipitó el alzamiento juvenil, que fue creciendo conforme se sucedían las cegueras de esos mandos y la agresión abierta y brutal de las fuerzas policiales contra el estudiantado y el propio claustro. La segunda lección es que la solidaridad - concepto negado por el individualismo rampante, hoy predominante- no se puede dar por agotado. Existe, puede estar refundido, pero no liquidado. Por eso es que los egresados sanmarquinos de las diferentes Facultades saltaron a la palestra a comerse ese pleito, como en los mejores tiempos de la cuatricentenaria, generando un espacio contestatario que se fue ampliando y fortaleciendo con el apoyo mediático, el respaldo externo y la repulsa popular a las autoridades sanmarquinas por su complicidad con un proyecto que desde el punto de vista técnico era bastante cuestionable, conforme el propio Municipio capitalino lo ha demostrado. En tercer lugar, el movimiento sanmarquino frenó la arremetida de la derecha cavernaria, enemiga de la universidad pública y de San Marcos en especial. Esa derecha, patrocinadora de las universidades truchas, apenas se encendió el conflicto cargó contra los estudiantes, recurriendo a su libreto de siempre: acusarlos de "terroristas". La satanización no prosperó, el apoyo popular a una causa justa diluyó la intentona, la borró del mapa. Finalmente, en cuarto lugar, fue clave la unidad alcanzada por el movimiento. Se ha dicho muchas veces que San Marcos es una especie de un Perú en pequeño, por tanto portadora de una heterogeneidad, con la que hay que saber trabajar. Como la vida lo ha enseñado, es justamente en esas horas de lucha cuando se avanza a grandes pasos en la vertebración de alianzas y coincidencias a todo nivel. El movimiento sanmarquino lo ha vuelto a demostrar.

Hay todavía mucho pan por rebanar. Pero es indudable que esta nueva jornada democrática, de filo sanmarquino,nos invita a retomar con fuerza esa célebre tonada de Isabel Parra:

Me gustan los estudiantes
porque son la levadura
del pan que saldrá del horno
con toda su sabrosura,
para la boca del pobre
que come con amargura.
Caramba y zamba la cosa
¡viva la literatura!

jueves, 14 de marzo de 2019

DONDE NADIE SEA MÁS QUE NADIE



Son las mujeres del gabinete  que preside Salvador Del Solar. Todas ellas con hojas de vida respetables y una nada desdeñable experiencia profesional.  Hay que reconocerlo, el presidente Vizcarra ha dado en el clavo: en un contexto donde los machos cabríos tienen siempre la última palabra, la mayor presencia femenina en la gobernanza del país coloca al  gobierno peruano en una situación expectante en lo que atañe atención a las reivindicaciones femeninas.

Pero con todo lo importante que pueda ser el raciocinio, la mirada, el toque femenino, en las decisiones que puedan o deban asumirse, nada de ello sin embargo garantiza que los problemas económicos y sociales que  afronta el país vayan a ser atendidos y resueltos al margen o en contra de las coordenadas económicas y políticas imperantes en el país. De haber cambios, van a haberlos, e incluso desde una perspectiva independiente habrá que luchar por ellos, como viene ocurriendo con el combate a la corrupción; pero siempre habrá un corset: el modelo económico imperante y a su sombra, los intereses de las oligarquías vigentes, limeñas y provincianas, las transnacionales que con buenas y malas artes han echado raíces en nuestra economía, los negocios de los grupos delincuenciales que han sacado cabeza en los últimos tiempos…

En otros términos, mientras la lógica del capital y los paradigmas del neoliberalismo sigan vigentes en el país,  nada sustancialmente nuevo podrá esperarse, y las crisis económicas y políticas, mayores o menores, se presentarán y pasarán, y las desigualdades e inequidades sociales se multiplicarán. No nos hagamos entonces ilusiones, a la hora en que las papas quemen por los reclamos de los pueblos y los sectores sociales vulnerables,  los hombres y mujeres del gobierno  de Vizcarra, responderán de la misma manera en defensa del orden establecido. Ya sucedió con Humala.

Por eso es que los pueblos, los olvidados, ninguneados  e invisibilizados, los hombres y mujeres víctimas de las irracionalidades del sistema, sólo tienen una alternativa: reafirmarse en la defensa de su propio camino, de sus propios intereses, de sus propias alternativas de poder, de su sueño de construcción de un país nuevo, sustancialmente diferente, donde, como dicen los uruguayos, nadie sea más que nadie.


miércoles, 12 de diciembre de 2018

QUE NO SE REPITA LA HISTORIA


Los resultados del referéndum, que hoy todos celebran, no cayeron del cielo. Los verdaderos héroes, los artífices de los mismos, están en las calles, en las plazas públicas. Son los miles de miles de hombres y mujeres, de trabajadores, desocupados, jóvenes sin futuro, pueblos indígenas maltratados...que sensibilizaron al país sobre los efectos nefastos de esa gran plaga llamada corrupción. Los fiscales y jueces anticorrupción han cumplido un papel relevante al enfrentarse a la lepra en sus propias instituciones, al mandar a la cárcel a los poderosos de siempre, que gozan de licencia para robar, o al desnudar los alcances de la mugre; el presidente Vizcarra demostró habilidad y olfato para sacudirse, en esos aspectos, de las amarras fujimontesinistas y subirse al carro de la indignación popular; el periodismo independiente también se la jugó en esa peligrosa coyuntura...Pero los que pusieron la carne en los braceros, que duda cabe, fueron esas masas de ciudadanos anónimos y crónicamente olvidados o humillados por el capital y sus testaferros. El país sano y probo rugió en cada movilización dentro y fuera de nuestras fronteras, alentando la resistencia, la indignación, la protesta ciudadana. 

Pero ¡cuidado! la derecha cazurra y el propio gobierno - lo han anunciado en el último Cade- se han subido al carro de esa victoria de las multitudes para intentar convertirla en una especie de cheque en blanco, de supuesta autorización para desatar sobre el pueblo toda la voracidad, la angurria, del gran capital. 

¡Reforma laboral o muerte! por ejemplo, es lo que grita la derecha, moviendo a sus ideólogos, a sus peones de brega, para conseguir esa y otras grandes ventajas para los verdugos del capitalismo neoliberal:  mineros, petroleros, financistas, banqueros, agroindustriales.  "El gobierno ha obtenido un respaldo que excede el terreno de las materias consultadas y debe aprovecharlo", reza un editorial de El Comercio,  el diario de los grandes empresarios.

En esa línea merece toda nuestra atención el S.O.S. lanzado por la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), que en un comunicado reciente denuncia el violentamiento de la vida amazónica, convertida en un verdadero infierno por el uso, en la explotación de hidrocarburos, del terrible fracking, una tecnología prohibida en otros países, pero que en la selva peruana sigue empleándose, a pesar de que "Ya destruyó para siempre las cuencas del Marañón, Tigre, Corrientes, Amazonas".

Por eso es que, a contramarcha de los resultados del referéndum, que en otras latitudes hubieran provocado - por lo menos- colocar en discusión el cierre del congreso fujiaprista,  gran derrotado en el referéndum, el gobierno tiende puentes a este establo, a este búnker mafioso, para sacar adelante las reformas entreguistas y antipopulares que el gran capital está exigiendo. En términos crudos: la derecha, que apapachó y apapacha a los mafiosos, quiere servirse de los resultados de la consulta para superengordar sus faltriqueras. No hay razón por ello para bajar la guardia, para perder de vista, en medio de las celebraciones pascuales, las movidas y amarres de los operadores del capital. 

El camino es largo, el referéndum ya pasó, mantengámonos alertas para que no se distorsionen sus resultados, pero sobre todo para evitar que la burguesía se salga con la suya y emplee ese desenlace exitoso en justificativo para apretarnos más el dogal. Guardando las distancias: que no se repita la vieja historia:  el pueblo pone los muertos, los detenidos, los torturados, los perseguidos, pero es el gran capital y el imperialismo los que usufructúan finalmente de las gestas democráticas, populares,  labradas por las multitudes.

Hoy más que nunca se requiere separar la paja del grano. El pueblo tiene que seguir batallando contra la corrupción y los corruptos; pero al mismo tiempo tiene que hacer conciencia de que esa pelea tiene que darla en el desarrollo de su propio camino, de sus propias alternativas, de su propio futuro.

martes, 4 de diciembre de 2018

GALLO VIEJO...


Estas fotos son premonitorias: García luego de un buen baile, festejado por sus ayayeros de siempre, luce cansado, agotado, sin pilas...

La derecha y sus plumíferos a sueldo siempre presentaron a García como uno de los políticos más hábiles de esta parte del mundo. Por eso es que calificaron de jugada maestra su solicitud de asilo a Uruguay. Y batieron palmas, pensando en que ya tenían candidato para el 2021.

Pero los años no pasan en vano. El otrora bullidor García ha demostrado con esa huida en falso que hasta el olfato lo ha perdido. Políticamente ya no es nada. Las últimas elecciones han demostrado que su viejo partido está quebrado. Y que si no fuera por una mañosería del Jurado, los Mulder y los Del Castillo estarían también, como su mentor, en sus cuarteles de invierno.

En los acelerados y pragmáticos tiempos de la política de nuestros días, las personalidades sin masas, sin multitudes a sus espaldas, valen poco o nada, peor todavía si llevan una mochila de anticuchos como las que carga García. En el Perú solo la ultraderecha le da sajidos, como también se los da a "la señora K", hoy en prisión. Otros sectores de la derecha -ojo al último Cade- muy elegantemente han tomado distancia de esos fardos pesados. Otras son ahora sus opciones, no es casual que le revienten cuetes a Vizcarra...

Tavaré, en Uruguay, y sus asesores, otearon ese panorama, miraron hacia donde corre el viento en esta parte del mundo en los temas de corrupción, y si bien demoraron su respuesta, al final no se hicieron bolas para dejar en la calle al viejo García. Desde un punto de vista formal, el fallo se justifica. Hasta los ayayeros han tenido que aceptar el revés. Su perorata de rojos y caviares, de golpes de Estado o persecución política, ante el fallo uruguayo ha quedado sin piso.

García no la vio. Con el rabo entre las piernas pernocta hoy en su domicilio. Pero cuidado, sigue moviéndose, al igual que su claque, no quiere ir a prisión, su ego no lo soportaría. Por eso es que ha pedido la cabeza del fiscal Pérez, el incorruptible magistrado. Está cansado, extenuado, agotado, luego del bailecito en la embajada uruguaya, pero no está muerto, le quedan las mañas, seguramente que entre ceja y ceja tiene grabado aquel viejo aserto criollo, que bien puede ser aplicado a la esfera política: gallo viejo con el ala mata...

miércoles, 24 de octubre de 2018

YA FUE...


Con su mensaje de ayer, que sonó a despedida, "la señora K" ha pretendido todavía jugarse una cartita, supuestamente de unidad, de reconciliación.

Vano esfuerzo, nadie le ha creido. Está deslegitimada, al igual que su agrupación mafiosa. Sus desvaríos de poder, al igual como ocurrió con su padre, la están llevando, como por un tubo, a la cárcel, a ella y a su cogollo de incondicionales.

Está perdida. Ella y sus esbirros del congreso saben perfectamente que ya fueron. Desde del seno de su misma organización corrupta, más de un colaborador de la fiscalía los ha echado, con lujo de detalles. Sus rostros de funeral lo dicen todo.

Y políticamente están hechos leña, dentro y fuera del congreso, al que convirtieron en su centro oficial de poder. La crisis ha llamado al desbande. El propio Salaverry sabe que más temprano que tarde tendrá que dejar el trono, y las comisiones tendrán que reestructurarse.

La tarea de fondo, sin embargo, para las fuerzas democráticas y progresistas estará en las calles, en los centros de masas, en el corazón de los pueblos, para meterle letra al deslinde ideológico que nos permita ganar la conciencia  política de las multitudes. Que no se cometa el mismo error del pasado: cuando se vio a Montesinos, a Fujimori y a sus compinches en prisión, todos bajaron los brazos. Dijeron algo así como tarea cumplida. La vida ha demostrado que la mala yerba ideológica siempre se reproduce y con mayor fuerza en situaciones de crisis como las que vive el país.

lunes, 22 de octubre de 2018

EL COLAPSO DE FUERZA POPULAR


Estamos asistiendo a la descomposición acelerada de Fuerza Popular. La prolija investigación del equipo de fiscales que lidera Domingo Pérez y la actitud firme del juez Concepción Carhuancho, que puede epilogar, en la presente fase, en una nueva detención de "la señora K" y su cúpula, han puesto al descubierto las entrañas de un conglomerado que formalmente es un partido político, pero que realmente es una suma de malevos dispuestos a levantarse los santos y las limosnas, y que aspiraban a hacerse del poder total para no quedarse cortos en la emulación de sus referentes históricos: Fujimori y Montesinos.

Un partido político tiene un ideario, una doctrina, una propuesta programática y ética, un norte estratégico, una armazón estatutaria y una práctica democrática que responde a esos postulados. Los líderes, por más encumbrados que sean, y las masas que se adhieren a esa organización, no siguen apellidos, tampoco a caudillos. Lo que importa es el proyecto político en el que las masas politizadas, con plena conciencia de su rumbo, se convierten en las protagonistas, dejando de ser simples burros de carga de caudillos, aventureros y logreros.

Nada de eso tiene en su haber Fuerza Popular, como tampoco lo tuvieron las otras carcasas partidarias que el fujimontesinismo fue creando desde que en los años 90 hizo su aparición. Su pragmatismo, que derivó en el robo, el saqueo de las arcas estatales, el crimen, la extorsión, el tráfico de drogas, fue camuflado en el más vulgar clientelismo, que acompañó el caudillaje ramplón y antipolítico. Fujimori y Montesinos emputecieron el quehacer político para satisfacer sus apetitos crematísticos. "La señora K" y su cúpula no han hecho sino reproducir con creces el comportamiento perverso de sus llamados "líderes históricos".

La debacle de Fuerza Popular, implica también el colapso de una opción de la derecha más extrema del país, conservadora y reaccionaria hasta el tuétano. Fueron esos sectores empresariales, tecnocráticos, intelectuales y periodísticos, los que le insuflaron vida a esas alternativas partidarias. Sus banderas neoliberales, profundamente antipopulares, clavadas en la Constitución de 1993, convertidas en sentido común, son las que explican el saqueo de nuestros recursos naturales, el empobrecimiento de nuestros pueblos, la desigualdad creciente, la contaminación de nuestros ríos y del medio ambiente, y el pillaje a gran escala por parte de traficantes de todo tipo.

En un contexto de esta naturaleza, de modernización trucha, donde los principios y valores son sacrificados en el altar del pragmatismo extremo, la corrupción siempre presente en cada fase de expasión del capitalismo, tenía que desbordarse y cubrir todos los espacios sociales. Ya lo dijo el cardenal Barreto: hasta en la iglesia hay corrupción. Los comentarios huelgan.

Finalmente, debe quedar en claro que el derrumbe de Fuerza Popular no es sinónimo de desaparición automática de las ideas e imágenes que el fujimontesinismo ha venido propalando en los últimos tiempos, ni tampoco la extinción inmediata de sus huestes, incluyendo a sus ganapanes congresales, hoy en desbandada. Hay una gran batalla ideológica de por medio, de corto y largo aliento, dentro y fuera de las instancias de poder. 

Se impone por ello una línea de masas; las últimas elecciones municipales y regionales demostraron un divorcio patético entre el fujimontesinismo y los pueblos, que hay que hacerlo sostenible y consciente. La probable detención de "la señora K" y de la cúpula del conglomerado naranja no debe dar por cancelado ese trabajo de deslinde. En el pasado Fujimori, Montesinos y sus compinches fueron a dar con sus huesos a la cárcel. Como sus ideas no fueron adecuadamente contrastadas, ellas volvieron a florecer, enriquecidas por una práctica criminal. Que no se repita esa historia, hay otras organizaciones de igual catadura que  a nivel nacional se preparan para cubrir el vacío fujimontesinista.

viernes, 12 de octubre de 2018

ORGANIZACIÓN CRIMINAL


Tienen razón el fiscal Pérez y el juez Carhuancho al calificar de organización criminal al conglomerado fujimontesinista. Lo acaba de demostrar la banda que asola el congreso: han aprobado una ley que pondrá en la calle a los mayores ladrones de la historia republicana: Fujimori y Montesinos; y de paso a todos sus compinches, ladrones y asesinos, civiles y militares que se levantaron el país en los años 90.

Haciendo uso de sus derechos de chacra, esa banda pisoteó su propia normatividad, se zurró en la resolución de la Corte Suprema que devuelve a prisión al caco Fujimori -anulando el indulto trucho sancionado por PPK- y escupió sobre las recomendaciones de la Corte Internacional de Derechos Humanos, en cuya aplicación la Suprema adoptó la decisión señalada.

Fujimori y Montesinos son los líderes históricos del fujimontesinismo. El golpe de 1992 los catapultó al poder total, mientras que las organizaciones políticas a las que dieron vida, siempre cubiertas de mugre y barro, fueron su cobertura legal. Con ese patrocinio, la Constitución de 1993 fue la excusa para que el gran capital y las transnacionales entraran a saco a nuestra economía.

Resulta cómico por ello, que "la señora K", desde la prisión, diga que su detención no frustrará su "proyecto político". El fujimontesinismo nunca tuvo proyecto, lo que siempre han tenido han sido planes de pillaje, de saqueo de las arcas estatales, de capitalización ilícita, de corrupción ilimitada. 

No es casual por ello que a sus filas congresales, municipales o regionales, se hayan plegado operadores de mafias de diferente tipo, y que la lucha contra la corrupción haya sido convertida en letra muerta. Si las cosas sucediesen al revés de estas afirmaciones, Fujimori y Montesinos, los mayores referentes del hurto, de la estafa, del tráfico de armas y drogas, no estarían ahora a un paso de confundirse con la gente de a pie de nuestras ciudades.

Decíamos por ello hace algunos días, que si bien el fujimontesinismo y sus paquebotes apristas iban de revés en revés, no estaban sin embargo vencidos. Los resultados electorales los han reducido prácticamente a la nada. Bajo otras reglas de juego, que no sean las vigentes en la democracia a la peruana, esos señorones y señoronas de la bankada naranja hace rato que habrían tenido que marcharse a su casa, y no pocos de ellos a la cárcel. No obstante, siguen ostentando poder. El congreso es la principal de sus trincheras. Anoche, esa capacidad de decisión les permitió blindar a dos de sus secuaces, esta tarde han sacado la ley Fujimori, mañana podemos tener otras sorpresas.

Hay que sacarlos al fresco, en calles y plazas, seguir desenmascarándolos. La lucha por el cierre de ese congreso, en el marco de la propia normatividad vigente no debe ser descartada, pese a los vaivenes del presidente Vizcarra, como tampoco debe asumirse una actitud pasiva ante el referéndum programado para el 9 de diciembre; y mucho menos dejar para las calendas griegas la pelea, desde las bases, por una nueva constitución.

Desde esos escenarios hay que poner al descubierto, punto por punto el trasfondo gansteril, antipolítico, rufianesco, de las concepciones de esa derecha en el poder; como también hay que sacar al sol las vacilaciones y ambigüedades de aquellas fracciones burguesas que se expresan a través del presidente Vizcarra y de su premier Villanueva, que a pesar de cierta radicalidad y contraste con la derecha gansteril, no dejan de conciliar sobre todo en el manejo económico y social. Es la hora de la acción, pero también de la lucha de ideas y de propuestas para cambiar de raíz este país.

jueves, 16 de agosto de 2018

EL VIEJO TOPO DE LA LUCHA DE CLASES


Al viejo Marx - lo recordaba Hugo Neira hace algunas semanas en un diario de la capital- no le correspondió el mérito de descubrir las clases sociales ni la lucha entre ellas. En una famosa carta a Weidemeyer, escrita el 5 de marzo de 1852, Marx escribió: "Mucho antes que yo, los historiadores burgueses habían descrito el desarrollo histórico de esta lucha de clases, y los economistas burgueses la anatomía económica de las clases"; agregando a continuación: "Los patanes ignorantes como Heisen, que no solo niegan la lucha de clases, sino la existencia de las clases, sólo prueban que, a pesar de sus gruñidos aterradores y de los aires humanitarios que se dan, consideran a las condiciones sociales en las cuales domina la burguesía, como el producto final, el non plus ultra (límite final) de la historia".

La crisis política que sacude el país, ha sacado al sol las vísceras del sistema, la gangrena que corroe el orden establecido, y en medio de esa descomposición el viejo topo de la lucha de clases se va abriendo paso a trompicones, agudizando la inestabilidad, pero al mismo tiempo, desde una perspectiva democrática y popular, generando condiciones para un nuevo despertar  y avance del movimiento de masas. Las multitudinarias movilizaciones populares contra la corrupción, a lo largo y ancho del territorio patrio, bajo la consigna de ¡que se vayan todos!, la rebeldía campesina en Sihuas que desembocó en la toma de la fiscalía, símbolo de las corruptelas contra los pobres del campo, o la exigencia, a voz en cuello, del pueblo arequipeño al presidente Vizcarra para que le ponga candados al congreso dominado por el fujimontesinismo, van configurando una situación explosiva que no tiende a amainar, sino a acrecentarse.

En ese sentido, las últimas encuestas, que muestran la repulsa popular al congreso, al sistema de justicia herido de muerte por las mafias de todo calibre, y a los figurones de la derecha, empezando por "la señora K", constituyen indicadores del cómo, desde la indignación inmediata, visceral, el pueblo alzado a la pelea se va constituyendo en un protagonista de primera línea en la actual crisis política. No hay actores más consecuentes en la lucha contra la corrupción y por la dignidad, la transparencia y la moralización a fondo, que ese pueblo insurgente, esos hombres y mujeres, jóvenes, niños, veteranos, de Costa, Sierra y Selva, que en las calles y plazas de las urbes y en el campo van configurando esa reserva moral, ese capital moral que  el país requiere con urgencia para salir de la crisis actual, pero para asumir también responsabilidades mayores de cambio total.

El hartazgo de la ciudadanía, instintivo o consciente, a la podredumbre reinante en las principales instancias del Estado, la complicidad descarada de jueces, fiscales, congresistas y funcionarios estatales con las organizaciones criminales en boga, están jugando el papel de detonante de esa confrontación social, en la que el pueblo ha retomado la iniciativa. El propio presidente Vizcarra, en su deslinde con el fujimontesinismo y las fuerzas que se oponen a la lucha contra la corrupción y a la implementación del referéndum propuesto por el ejecutivo, lo ha reconocido explícitamente en más de una oportunidad, en Lima y provincias.El mandatario ha percibido que las multitudes ciudadanas han marcado la cancha de la confrontación, para diferenciarse de los "cuellos blancos" de la política criolla, promotores de la corrupción y la criminalidad.

Pero el topo de la lucha de clases está también abriendo brechas en el seno de las clases dominantes y sus operadores políticos. La decisión del presidente Vizcarra y el ejecutivo de llevar adelante el referéndum, al que incluso le ha puesto posibles fechas de realización, como la oposición abierta y descarada del aprofujimontesinismo a la consulta popular, no es un producto de la casualidad. Hay evidentemente - como ocurrió a los finales de los 90- sectores empresariales, burgueses, nativos o extranjeros, que desde una perspectiva netamente crematística quieren sacudirse de la plaga delincuencial, de la imagen criminal que hoy están mostrando al mundo, por obra y gracia de las mafias tipo Odebrecht o de los "cuellos blancos" que habían organizado un sistema judicial paralelo al formalmente establecido. Esos sectores quieren referéndum, apoyan al ejecutivo, impulsan la profilaxis.

Esos empresarios, que se mueven estrictamente en las fronteras del orden establecido, están dispuestos a mandarse mudar del país si es que no se da ese referéndum. Eso es lo que ha revelado Jorge Chávez Álvarez, ex presidente del BCR y hombre fuerte de Maximixe: "...de no producirse el referéndum del 7 de octubre anunciado por el presidente Vizcarra, muchas empresas extranjeras saldrían corriendo del país, a buscar horizontes más promisorios para sus inversiones". Las cosas están claras para esas fracciones burguesas.

No ocurre lo mismo en el seno de la lumpemburguesía que ha hecho de la corrupción, del narcotráfico, del lavado de activos, de las actividades criminales que han aparecido en los últimos tiempos, sus fuentes principales de acumulación. En Lima y provincias, donde han echado raíces con la complicidad de las autoridades, esos sectores y sus operadores políticos en el Estado, empezando con los aprofujimontesinistas, se oponen rabiosamente a las reformas anticorrupción como al referéndum mismo. Apelan a la instrumentación de una normatividad engorrosa y leguyelesca para blindar a los corruptos sorprendidos con las manos en la masa, o para bloquear las medidas de limpieza idóneas para los tiempos de emergencia ética que vive el país. 

En ese escenario que puede irse haciéndose más crítico, los trabajadores de la ciudad y el campo, los hombres y mujeres de avanzada, los intelectuales y jóvenes comprometidos con las mejores causas de la Patria, los desposeídos de toda la vida, el pueblo todo y sus avanzadas políticas,  tiene ante sí un gran desafío: hacer de esa lucha contra la corrupción, de esa cruzada ética, de esa confrontación entre el bien y el mal, la gran palanca democrática para avanzar, con plena independencia programática, en el trazado de su propio camino hacia el poder. 

¡Basta ya! de ser instrumentos de caudillos que prometiendo el oro y el moro embaucan a las masas, secuestran su adhesión, para después terminar llevándose hasta las alcancías de las iglesias y apuntalando el orden económico y social caduco. La lucha de clases en el país está pautando el futuro del pueblo.

sábado, 14 de julio de 2018

MÁS ALLÁ DEL ASCO Y LA INDIGNACIÓN


El país está conmocionado. El asco y la indignación, generados por las corruptelas y enjuagues mil de los magistrados del sistema judicial peruano, revelados por audios cuya legalidad ya no está en discusión,  va creciendo y ganando la calle conforme se van conociendo nuevos entretelones de los escandalosos sucesos, u otros acontecimientos tan o más mugrosos que los anteriores. Desembalse de mugre, que además, van dejando a las encumbradas figuras y figurones de ese sistema, como lo que realmente son: unas vulgares polichinelas del poder establecido y de las mafias de uno u otro tipo que en las últimas décadas han tomado por asalto el Estado peruano.

Para este fin de semana se anuncian nuevos audios. De seguro que aparecerán nuevos actores en los porquerizos, pero más allá del escándalo no debemos perder de vista lo esencial: el sistema judicial peruano, levantado en los marcos de la constitución de 1993 como una de las columnas vertebrales del poder  económico y político de la burguesía dominante, está colapsando, jaqueado por sus propios operadores y los desbandes de sus principales beneficiarios que controlan los resortes claves de la economía peruana.

No ha sido accidental la desesperación del aprofujimontesinismo congresal y los mafiosos enquistados en los aparatos de poder, por frenar a como de lugar la difusión de los audios, desacreditarlos, o por blindar a los hampones de cuello y corbata. Están espantados ante la posibilidad de que salgan a luz los amarres entre empresarios y magistrados, que explicarían inusitadas licencias para los involucrados en asaltos tipo Lava Jato.

En otras palabras: ese sistema fue construido para atender centralmente los usos y abusos del neoliberalismo en todas las esferas, económicas y sociales. El capital puede darse por bien servido, están superblindados, incluso ideológicamente, porque se ha extendido a troche y moche por el país, pero envileciendo al mismo tiempo la conciencia de las gentes. La codicia y la corrupción, inherentes a ese orden, constituyen hoy las sacrosantas banderas de sectores importantes del país que llegan a justificarlas. Ese sambenito perverso de "roba pero hace obra", para justificar las raterías de las autoridades, se explican en ese contexto.

Por eso es que la explotación y el robo, hermanados, se dan descaradamente, los valores se han invertido. Como reza ese viejo tango llamado Cambalache, de Enrique Santos Discépolo:

"ha nadie importa si naciste honrao...
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley..."

Desde esta perspectiva, es importante sin duda lo que pretende hacer el presidente Vizcarra, diferenciándose del congreso aprofujimontesinista: impulsar la reforma del sistema judicial peruano; como importante sería que en aras de ese proyecto haga cuestión de estado su discusión y aprobación, para bloquear al aprofujimontesinismo. No obstante, debe quedar en claro que esa posible reestructuración, en los marcos de la constitución vigente, con los mismos operadores reciclados y manteniendo incólumen los resortes del poder establecido, reeditaría más temprano que tarde el drama de la justicia en el Perú cuyo espíritu está presente en ese viejo aserto republicano: para mis amigos todo, para mis enemigos, la ley...

En ese marco, la consigna de ¡que se vayan todos! no es descabellada, ni anarquizante. En el contexto de la crisis política que se vive, se impone la necesidad de contar con una nueva Constitución y nuevas autoridades gubernamentales; proceso en el que las multitudes ciudadanas, sensibilizadas por la imperiosidad del cambio, organizadas y lideradas de manera independiente, sean desde abajo las gestoras de nuevas situaciones, promisorias para los pueblos, en cuyo desarrollo pueden ir afianzando sus fuerzas para el establecimiento de un orden sustancialmente opuesto al orden vigente.

Esos pueblos deben ir haciendo suya la idea-fuerza de pelear por el poder. Hasta el momento, por la debilidad de las vanguardias políticas, esos pueblos, si bien pusieron la sangre y los presos en la coyunturas más dramásticas de la historia política republicana, finalmente terminaron de furgones de cola de los partidos burgueses y sus figurones. Decir, como ocurre larvariamente ahora, que es la hora del pueblo, es apostar por el protagonismo real, efectivo y contundente de las masas populares dispuestas a pelear por el poder, por el pan, por la belleza, por la alegría, por una primavera sostenible.

Las movilizaciones contra la corrupción que se vienen produciendo en Lima, en Chimbote o en Iquitos, como las jornadas que se alistan para el próximo 19 de julio, deben tener ese filo. Hay que revertir el espontaneísmo y la anarquía, contraponiéndole la unidad, la organización, el programa, el liderazgo real de las masas populares que apuestan por más.