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sábado, 28 de noviembre de 2009


EL REGRESO
DE RUBÉN BLADES



Edgar Borges


Un creador tiene una idea y necesita un primer medio para expresarla. Ese medio puede ser la literatura, la música o la pintura. Un segundo medio sería la vía para, una vez desarrollada, compartir la idea con otras personas. Sin embargo, el creador no se encadena ni a uno ni a otro medio, pues, para él lo importante es presentar la idea. Los motivos que hacen que muchos creadores se encierren en un determinado formato son asuntos inherentes al mercado de consumo. Ese es su ruido y ese es su problema.

Rubén Blades (Panamá 1948) es un creador que trabaja en beneficio de la idea. Y su idea es el laberinto social. La calle, en cualquier ciudad del mundo, tiene una clave, un entramado, una luz falsa y otra verdadera. Y Rubén Blades lo sabe. El poeta de la salsa urbana expuso su idea en clave de salsa bailable ("Pablo Pueblo"; "Pedro Navaja"; "Tiburón"; "Maestra vida"); pero también en un proyecto que unía la salsa con elementos del rock, el reggae y la música celta ("Muevete"; "Adán García"; "Mundo"). Y, con sorprendente fuerza, ha presentado su idea al lado de músicos tan diversos como Willie Colón, Sting, Los Fabulosos Cadillacs, Paul Simon, Luis Perico Ortiz, Maná, Juan Luis Guerra, Los Rabanes, Bobby Valentín, Los Van Van y Calle 13, entre muchos otros. La música de Rubén Blades es una crónica musicalizada del mundo urbano.

Rubén Blades, seguidor de la voz trovadora de Cheo Feliciano pero también de la pluma mágica de Gabriel García Márzquez, bien podría haber sido un escritor de novelas ("A tu escuela llegue sin entender porque llegaba, en tus salones encuentro mil caminos y encrucijadas y aprendo mucho y no aprendo nada. Maestra vida camara te da te quita, te quita y te da") o de cuentos ("Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar con el tumbao' que tienen los guapos al caminar, las manos siempre en los bolsillos de su gabán pa' que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal"), pero escogió la música como el medio para compartir su idea. De hecho, sus canciones se podrían definir como relatos musicalizados. Y lo son ("La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ay Dios..."). El contenido de su trabajo es la sangre de la ciudad, con los poderes (de siempre) jugando ajedrez a puertas cerradas y de espaldas a la calle, pero también con las angustias, los deseos y las decisiones de los transeúntes. Entre las múltiples lecturas que ofrece la obra de Blades está la que compromete al ser humano (por muy débil que socialmente sea) con sus propias decisiones ("Decisiones, cada día. Alguien pierde, alguien gana ¡Ave María! Decisiones, todo cuesta. Salgan y hagan sus apuestas, ¡Ciudadanía!"). En las canciones de Blades no queda descomprometido nadie, ni el político ni el ciudadano (con el peso que esta palabra puede significar para la automatización de las personas en el mercado global). Todo es asunto de todos, lo queramos ver (y asumir) o no. Desde la corrupción del político por el que votamos (o no) hasta el más reciente asesinato del último callejón del planeta.

Así como Carlos Gardel representó un brillo único para el tango o Freddie Mercury para el rock, Rubén Blades hace de la salsa la literatura bailable del tiempo urbano. A simple vista se podría pensar que su obra sólo describe el universo latinoamericano (¡Y con qué dignidad lo dibuja!), pero bastaría con una simple revisión para descubrir que nos encontramos ante un cronista de circunstancias internacionales. Una prueba de ello la dejó registrada en la producción "Mundo" (2002). En ese trabajo acudió a distintas claves musicales para exponer los problemas comunes que atentan contra los transeúntes de todos los mundos. Influencia africana, salsa, gaita escocesa, jazz, rock y una improvisación flamenca para recordar a Camarón de la Isla, sirvieron de puente para que su idea circulara.

Luego de haber ocupado el cargo de Ministro de Turismo en su Panamá, Rubén Blades cuelga el traje político y de nuevo camina con su piel de siempre: la música. En 2009 su regreso al arte aporta dos nuevas transgresiones a los límites conceptuales. La primera es una producción titulada "Cantares del subdesarrollo" que ubica la idea en un plano más básico (en esencia) y callejero (en sonido) en homenaje a Cuba como madre de la música afrolatina (la salsa); la segunda tiene que ver con el medio para difundir la idea. "Cantares del subdesarrollo" sólo pude ser adquirida a través de la página web del artista. Al respecto, Blades considera que "antes había una oportunidad para que lo no comercial pudiera existir. Ahora lo único que permite esa oportunidad es internet...Ellos (la industria) quieren ser dueños de las cosas y yo digo que no. Pero sólo los piratas están vendiendo discos; las compañías no".

Según sus propias declaraciones, ahora es cuando Rubén Blades desea contar historias. Seguro encontrará distintos medios para continuar musicalizando la idea: La dignidad del ser humano de cualquier pueblo o ciudad.

Maestra vida: ¡Presente!


Edgar Borges es venezolano residente en España.

28-11-09

lunes, 12 de noviembre de 2007

EL PODER DE LOS CULOS



Cuando Alvin Toffler, el reconocido futurólogo norteamericano, advirtió en el ocaso del siglo XX, sobre el nuevo sentido que estaba adquiriendo el poder social en las nuevas condiciones en las que se desenvolvía el capitalismo en los paises desarrollados, sus proyecciones quedaron cortas en el examen de las tendencias que daban pie a su teoría. Nunca pensó, a pesar de reconocer "que la vida está llena de sorpresas surrealistas", que aquel "conjunto de las dos nalgas", a las que el diccionario de la Real Academia Española llama sin ambages culo, iba a constituirse con el tiempo en una fuente inusitada de poder, capaz de ensombrecer hasta el conocimiento, que al lado de la fuerza y de la riqueza, en la visión de Toffler, constituyen la triada del poder contemporáneo.

En otras palabras, no estamos aquí frente a esos hermosos culos que se constituyen únicamente en fuentes inagotables de placer estético, como aquellos que si uno no los ve, para emplear palabras de Federico Fellini, es como si no saliese el sol para nuestros ojos. Tampoco es el caso de aquellas posaderas con vida, capaces de poner en boca del poeta: tu larga cabellera cae perezosamente sobre tus nalgas rosadas/sedosas/tibias/redondas/generosas/ardientes/desgarradas (Jorge Espinoza Sánchez).

No, en la situación que comentamos esos bellos traseros convencen, persuaden, imponen, conquistan, avanzan, arrollan, se posicionan ambiciosamente. José Pablo Feinmann, un periodista bonaerense acaba de lanzar la voz de alarma: vivimos bajo el imperio de los culos. Hacia la derecha, hacia la izquierda, arriba, abajo, por todos lados, los culos femeninos dominan los escenarios y en este mundo, el de la culocracia, "las chicas no tienen nombre, no tienen apellido, no tienen cara, pero tienen culo", ha escrito el sorprendido ¿o angustiado? redactor de Página/12.

En esas circunstancias poco importa el conocimiento, o el talento. Ya lo cantaban hace algunos años Willie Colón y Rubén Blades, los reyes de la esquina, cuando descubrieron las todopoderosas razones por las que no pocas chicas bonitas prácticamente sin saber leer ni escribir se convertían en estrellas de la televisión: No tiene talento,/ pero es muy buenamoza,/tiene buen cuerpo y es otra cosa,/muy poderosa en televisión,/y tiene un trasero que causa sensación/, decían a coro en referencia a una de esas mamitas cuyas arrasadoras nalgas hacían historia.

Lo mejor, sin embargo, está ocurriendo en los yunaites, donde el culo de la boricua Jennifer López, de por si muy generoso, ha roto todas las coordenadas estéticas y culturales anglosajonas impuestas por los blancos desde siempre, para reemplazarlas con los gustos y fijaciones de los latinos, que no le hacen precisamente ascos ni al color de la piel de JLo, mucho menos a su portentosa puerta trasera. Este culo es hoy motivo de orgullo para los latinos, como lo fue el de la cantante Selena.Y según la profesora Frances Negrón-Muntaner, de la Universidad de Columbia, ese gran trasero le ha permitido a los puertoriqueños terminar con su estatus de ciudadanos de segunda clase en los Estados Unidos de Norteamérica.

En términos muy concretos: ese culo vale oro, tanto por la multimillonaria póliza de seguros que muy previsoramente la López ha contratado, que pone a salvo de cualquier contingencia a sus encantos carnales, como por su gran peso en la construcción de la autoestima latina, que le permite a las mujeres de esta parte del mundo mirar su cuerpo y su futuro con envidiable optimismo.