domingo, 28 de agosto de 2016

HA MUERTO RODIA


Ha muerto el camarada Rodia,  Santander, Acero o Willy. Sus alumnos lo conocían simplemente como el profesor Guillermo Rejas Castillo, ignoraban el fuste político, revolucionario, del abogado sanmarquino que había echado raíces en la incontrastable ciudad de Huancayo, pero que en su mochila de guerra cargaba el activo de haber sido uno de los fundadores de Patria Roja, en los convulsionados años 60 cuando la revolución era el mito que movía a las juventudes de todo el mundo.

Ludovico, o Jorge Hurtado, su viejo compañero de lucha, en líneas escuetas pero muy sentidas nos da luces sobre el pasado conspirativo de Rodia:

"Desde la adolescencia estuvimos ya metidos en la lucha por un mundo mejor, abandonamos la universidad y nos lanzamos a las montañas y selvas del Perú". La revolución cubana y la guerra revolucionaria china eran los referentes fundamentales de los revolucionarios de entonces. Santander y Ludovico, líderes históricos de Patria Roja, entre otros que caminaron juntos por esos pagos, no eran la excepción.

Chingolo - Gerardo Benavides Caldas- recordando esos tiempos, también ha escrito sobre Rodia:

"Llegó del Colegio San José de Chiclayo, con su camarada de juventud Cirilo Baca. Estuvimos en San Marcos, dejamos juntos la universidad para construir el nuevo partido, en 1963, año de la división. Junto con Ludovico El Moro, pasamos de la Comisión Nacional de Organización de la Juventud Comunista a la Comisión Nacional de Organización del Partido Comunista Peruano, Bandera Roja, a preparar la IV Conferencia Nacional".

Se vivían años heroícos, había que templar el acero, echarse a trabajar en la ciudad y el campo, a conspirar en los hechos y no solamente en el verso contra el viejo orden y sus mandones. La división chino-soviética, el triunfo de la revolución cubana, fueron los detonantes externos de esa toma de posición. Tomar el cielo por asalto sí o sí aunque la vida se fuera en ese intento, era la voz de orden de esos tiempos.  Los viejos partidos  y sus añosos dirigentes crujieron, la furia juvenil se los llevó de encuentro.

Ahí estuvo Rodia, en esa marejada. Patria Roja fue el fruto de ese fervor y Rodia uno de sus constructores...

¡Gloria eterna al camarada Rodia!







miércoles, 24 de agosto de 2016

EL INVISIBLE...


En los años 50 del siglo XX, a pesar de que Lima era todavía una aldea y algo más, presentaba, sin embargo, un submundo delincuencial bastante movido, que era la comidilla obligada de los barrios tradicionales de entonces y de los diarios populares, caso La Crónica y Última Hora, cuyas páginas reventaban de fotos y escritos sobre los casos más sonados, lo que indudablemente acrecentaban los tirajes.

Uno de los delincuentes que daba la nota en esos tiempos,  fue Luis D´Unián Dulanto, alias Tatán - en la vista con su abogado Carlos Enrique Melgar- del barrio Las Carrozas, en los Barrios Altos, encumbrado por sus actos delictivos, pero también por ser un manirrota con los menesterosos de sus calles. Se convirtió en una verdadera leyenda urbana, que se agigantó cuando fue asesinado a chavetazos en un penal limeño...

Como Tatán, la historia policial consigna al Guta, al Cubano, a la Rayo, a la Gringa, y por supuesto que al Invisible entre los que más dolores de cabeza dieron a los sabuesos de entonces: cada cual se gastaba sus buenos anticuchos, lo que no eran obstáculos  para que entraran y salieran de la prisión utilizando a su favor todos los recursos legales de que podían disponer.

El que merece empero una nota aparte es El invisible. La chapa le cuadraba a la perfección: cuando se agotaba el andamiaje legal sin poder obtener su libertad, sencillamente desaparecía del penal. ¿Cómo lo hacía? Le rompía la mano a medio mundo para hacerse humo.

Hartos de hacer el ridículo las autoridades carcelarias lo confinaron en la isla de El Frontón, pensando ilusamente que poniendo mar bravo y loberas de por medio - lugares de castigo- el incorregible hampón iba a sentar cabeza. Se equivocaron de extremo a extremo. Un buen día, El invisible, haciendo honor a su apelativo, se volatilizó. Cuadrillas especiales, perros maestrados, lo buscaron a lo largo y ancho de la isla y en los islotes cercanos, no encontraron huella alguna. Los pescadores de los alrededores tampoco dieron luces. Hasta nuestros días sigue siendo un misterio el cómo fugó...

¿A donde fue a parar El Invisible?  

Nadie lo sabe a ciencia cierta. Todos lo dieron por ahogado, pero años después algunas voces dijeron que lo habían visto en México, donde seguía haciendo de las suyas. Cierto o no, la leyenda creció. Años después, el arquitecto Belaúnde Terry, confinado en El Frontón por el régimen pradista, demostraría que era posible fugar de tan temible penal, por tanto que dicha versión tenía cierto asidero. La condición clave era ser un buen nadador para lanzarse a las  embravecidas aguas del Pacífico sin más complicidad que las sombras de la noche,  esperando en algún momento el auxilio de una lancha para llegar al litoral.

El arquitecto nadó y nadó hasta dar con la lancha, pero ya en la lancha sus correligionarios lo disuadieron de su plan de fuga. Políticamente no era conveniente, la ciudadanía en las calles lo iba a arrancar de las mazmorras de El Frontón. Y así ocurrió. 

No hay cárcel inexpugnable, como piensan algunos que quieren sembrar de nuevos Challapalcas - ubicado a casi 5000 m.s.n.m.- las áreas altoandinas peruanas. Los delincuentes lo saben y guardando las distancias, los políticos también. Menciono a estos últimos porque finalmente esos penales terminan siendo los habitáculos forzados de los presos políticos, en especial de quienes quieren cambiar el estado de cosas vigente en el país. Eso pasó con El Frontón y también con El Sepa en la selva peruana.

Y no hay que ser un ardiente militante para estar expuesto a estos riesgos. En 1927, Jorge Basadre fue a parar a la isla por haber escrito el artículo: "Mientras ellos se extienden", en el que revelaba un hecho contundentemente real: la expansión del imperialismo norteamericano en esta parte del mundo. Mientras que en los años 30, José María Arguedas fue a dar con sus huesos a El Sexto, terrible centro carcelario que estaba ubicado en las inmediaciones del colegio Guadalupe. En ambos se pretextó lo de siempre: el complot comunista...

Es bueno recordar estos hechos para ver más allá de lo que aparece como una simple propuesta de construir penales de máxima seguridad para delincuentes comunes.


martes, 23 de agosto de 2016

NO ES UNA SIMPLE BECERRILADA


UNO 

Primero fue El Frontón, que de ser refugio de piratas y corsarios en los tiempos coloniales, se transformó en los años 10 del siglo XX en un penal para los llamados presos de "máxima peligrosidad".  Realmente, bajo el bastón de mando de la derecha en el poder,  se convertiría en la isla donde anclaron los presos políticos de todos los colores, aunque principalmente apristas aurorales y comunistas. 

Un ejemplo: en la vista, al extremo izquierdo, está el poeta Leoncio Bueno, que a sus 96 años recuerda perfectamente los largos días,  semanas y meses que al lado de otros líderes de la izquierda peruana pasó en dicho penal, considerado "prisión terrible", por las infrahumanas condiciones de vida y el clima de violencia que sistemáticamente se descargaba sobre ellos.

DOS

Pero faltaríamos a la verdad si obviáramos que Pedro Beltrán Espantoso, otrora cabeza de la derecha agroexportadora también fue a dar con sus huesos a la isla. Corría la mitad de los años 50 cuando el generalote Odría cogió a Beltrán y a una decena de periodistas de los diarios La Prensa y Última Hora y los confinó en El Frontón, por el único delito de exigirle ¡democracia! al militar que en 1948, con el apoyo del propio Beltrán, hizo trizas el estado de derecho, expectorando del poder al presidente José Luis Bustamante y Rivero, elegido democráticamente en 1945.

El arquitecto Fernando Belaúnde Terry, dos veces presidente de la república, también pasó una temporada en la isla. Su radicalismo reformista, antes de llegar al palacio de Pizarro, no fue del agrado de la derecha y lo recluyeron en el penal pese a la protesta de la ciudadanía.

El Frontón pasó a la historia a mitad de los años 80. Un amotinamiento senderista fue debelado a bombazos por la Marina de Guerra y sumaron más de 100 los presos que encontraron brutalmente la muerte. Corrían los años de gloria del presidente García y su inefable ministro Mantilla.

TRES

El otro penal, que supuestamente serviría para ponerle atajo a la criminalidad en el país, fue El Sepa, enclavado en medio de lo que se consideraba inexpugnable selva peruana. Funcionó desde los primeros años de los 50, sin embargo,a fines de los 80 prácticamente se extinguió, mientras los niveles delincuenciales se acrecentaban en todas partes. Al igual que El Frontón, finalmente sirvió de reclusorio para los presos políticos de izquierda. Por ahí pasaron intelectuales de la talla del filósofo César Guardia Mayorga, como los profesores del SUTEP, que liderados por el legendario Horacio Zevallos Gámez osaron levantarse, en los 70, contra la dictadura militar velasquista. La respuesta, como siempre, fue a lo bestia: los mandaron al Sepa.

Como la derecha no la achuntó en el mar, tampoco en la selva, dirigió entonces la mirada hacia las áreas altoandinas del país. En su cerebrito caló la idea de que en las agrestes punas estaba la salida a problemas que tienen raíces económicas y sociales y que en ninguna parte del mundo ha sido resuelto salvajemente: con balas, cárceles o aplastantes penas.  Challapalca y Yanamayo, en las alturas de Tacna y Puno constituyen hoy el mejor ejemplo de que tampoco ese era el camino. 

Un informe especial de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, suscrito en octubre de 2003, es fulminante: ni la altura ni la agresividad del clima, menos la distancia o la falta de caminos, son factores que contribuyan a la readaptación de los reclusos. Al contrario atentan contra ella. En pleno siglo XXI, los ladrones y criminales también deben gozar de los derechos humanos.


CUATRO

Con estos antecedentes, la iniciativa "cárceles 4000", que el congresista Becerril  está promovieno a nombre de la bancada fujimontesinista, supuestamente para combatir frontalmente la delincuencia, no es sino una nueva demostración de la incapacidad de la derecha para entender un problema social. Lo que se pretende en construir 5 nuevas cárceles en los páramos andinos - a más de 4000 m.s.n.m.- al estilo de Challapalca y Yanamayo. "Ahí funcionan mejor los bloqueadores de llamadas y se aleja la delincuencia  de las urbes" ha dicho el siempre altisonante parlamentario, a quien por lo visto poco importan  las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

"Que se inhabiliten los establecimientos penales de Challapalca y Yanamayo" concluye el informe.¿ Razones? Su existencia y funcionamiento, como la propia infraestructura y el régimen carcelario impuesto no se ajustaban a la normatividad internacional que debe encuadrar todo centro de reclusión. En ambos casos, además, se repitió la historia:  los presos políticos constituían el segmento poblacional más importante.

No hay que ser adivino para concluir que lo que busca el fujimontesinismo, fiel a su naturaleza violentista y reaccionaria, es hacerle guiños a aquellos sectores sociales que piensan, muy erroneamente por cierto, que es indispensable una "mano dura" para remontar los problemas de inseguridad ciudadana en el país. 

Para esos segmentos, en sus extremos, los comandos de aniquilación de delincuentes,  la tortura, las penas de por vida, los jueces sin rostro y la cárcel en los ambientes más agresivos, deberían formar de un solo paquete represivo con los que podríamos ver la luz al final del túnel. Es decir, entre la civilización y la barbarie para tratar ese tema, deberíamos optar por lo último.

Es decir, no estamos frente a una simple becerrilada, lo que confrontamos es un raciocinio violentista y represivo, con el cual, los hechos así lo demuestran, no resolveríamos absolutamente nada.





 


lunes, 22 de agosto de 2016

DE BRAVUCONES DE BALCÓN Y CACASENOS


El gabinete Zavala, después de más de 21 horas, consiguió el voto de confianza del congreso de la República. La derecha bate palmas, a su juicio primó finalmente la cordura y la sangre no llegó al río: los seguidores de Fujimori y Montesinos y de PPK se han reencontrado para bien del país, de su desarrollo y bla bla bla.

Realmente, más allá del mensaje del premier, lo que hemos visto ha sido un show. De un lado, un conjunto de bravucones, que sintiéndose fuertes no por sus ideas, mucho menos por sus propuestas, sino simplemente por su número y el control que por ende ejercen del congreso, , zarandearon a su gusto a los ministros de PPK liderados por Zavala. De otro lado, estos tecnócratas, que pueden ser muy buenos en su especialidad, pero que en política, frente a los bravucones de balcón, se comportaron como unos verdaderos cacasenos.

¿Algo bueno podría haber dicho la señora Chacón elevada hoy a los altares como presidenta de la comisión de presupuesto, sin haber zanjado los problemas que arrastra con la justicia peruana o sin saber, metafóricamente hablando, leer ni escribir?

¿El siempre disparatado señor Becerril, propuso algo importante como para ingresar por la puerta grande a la historia del congreso?

¿La señora Alcorta, grotesca como la conocemos, aportó a la educación política del pueblo, mostrándole al mundo sus ojos inyectados de sangre por la derrota electoral?

¿Un tránsfuga como el señor Galarreta, otrora antifujimorista convertido hoy en vocero del fujimontesinismo, podría dar clases de ética política como lo pretendió en sus intervenciones?

El fujimontesinismo fue literalmente puro número, tanto por las poses adoptadas como por el uso groseramente prepotente que hizo de su mayoría. ¿Perdían algo dejando hablar a Marisa Glave antes de la votación, después que Galarreta y Velásquez, habían hecho lo propio anunciando su respaldo al gabinete Zavala? No perdían nada, simplemente quisieron  demostrar, al dejar sin audio a la congresista, que ellos eran los dueños de la pelota, los propietarios de la chacra congresal donde manejan a su antojo 230 millones de soles y 526 trabajadores, a los que hasta el modo de vestir quieren imponerles.

Este fue el propósito central: mostrar sus biceps para imponerle al gabinete sus mezquinas pretensiones, en tanto que unos y otros manejan el mismo raciocinio económico y defienden los mismos intereses. Que el premier Zavala haya dicho "que quizás hace quince años era neoliberal pero hoy ya no" es una expresión que hay que contrastarla con los hechos para darse cuenta que no se ajusta a la verdad.

Zavala y sus muchachos no se hicieron bolas con las ambiciones de los Galarreta y Alcorta.  Primero le reventaron cuetes al caco y asesino recluido en la Diroes, de pasadita un franelazo al hombre del ego colosal. Segundo, le tiraron barro al gobierno de Humala tal y como lo exigían los matones. Tercero, un poco más y le piden perdón a la la reina y señora del fujimontesinismo. El ministro Basombrío, de rodillas, puso el cuello para felicidad de la Alcorta.

¡Y bingo! El peripatético Galarreta fue el encargado de gritar a los 4 vientos que le iban a dar su confianza al gabinete...

Eso se llama pragmatismo, dirán. Políticamente, sin embargo, Zavala y sus ministros aparecen como unos reverendos cacasenos que ni siquiera para guardar las formas le hicieron el pare al fujimontesinismo, a pesar de los anticuchos y anticuchazos que sus representantes cargan en la mochila. No dispararon ni en defensa propia.  La derecha, lo hemos dicho, está feliz con el desenlace. Era lo que esperaban: el continuismo neoliberal requiere para su ejecución de ese reencuentro entre los ppkausas y el fujimontesinismo.











domingo, 14 de agosto de 2016

RECUPERANDO LA VOZ


Los mudos, de los que  primero Vallejo y después Ribeyro, nos hablaban, han comenzado a expresarse en voz alta, a dejar sentir su voz multitudinaria.

Los jóvenes que se levantaron en todo el país contra la intentona neoliberal de sembrarlos en trabajos precarios, sin derechos laborales, pusieron las primeras piedras de la protesta ciudadana.

Las multitudes que en la pasada contienda electoral le dijeron ¡No! una y otra vez al fujimontesinismo que pretendía tomar el palacio de gobierno por asalto,  se desplazaron por las alamedas trazadas por los jóvenes.

Las mujeres  y varones que en las principales ciudades del país y en el extranjero se alzaron ayer multitudinariamente en defensa de los derechos de la mujer, ratificaron en calles y plazas que nuestros pueblos están recuperando su voz, su grito, su derecho democrático, de reclamar, de protestar, de exigir reivindicaciones largamente postergadas por un orden que vive y se reproduce, material y espiritualmente, a costa precisamente del soslayamiento de esos derechos.

De esta manera, las calles y plazas del Perú, vuelven a ser los escenarios democráticos, donde los pueblos de todas las sangres aprendieron a conquistar sus justas demandas frente a las esclavizadoras oligarquías insensibles e inhumanas que manejan el país.

Esas masas populares, alzadas a la lucha, dejaban de ser en los hechos comparsa, "congregaciones de piedad colectiva...sin conciencia real de sus deberes, menos aún de sus derechos, siempre dispuesta a la adhesión ruidosa y voluble" (Juan Manuel Ugarte).

Esto es lo que teme la derecha actual en todas sus expresiones. Gustan de las movilizaciones inocuas y light, le espantan las demostraciones multitudinarias, democráticas, políticas, de los pueblos  capaces incluso de ir marcando con plena independencia, la agenda de sus gobernantes. 

Por eso es que fujimontesinistas y apristas una vez más coincidieron en tratar, hasta el final, de denunciar "la politización" de la convocaria a las marchas por ¡Ni una menos! enfilando sus baterías contra la izquierda y sus partidos que habían anunciado su participación en la protesta. Olvidan estos señorones de la política que con o sin partidos de la izquierda, la tendencia es una sola: las masas  están recuperando su voz. 

Las mismas condiciones de vida y trabajo, con las mil y una promesas incumplidas o sistemáticamente burladas por los gobernantes de turno, están empujando a los pueblos a ese gran salto político que la derecha esperpéntica teme y que la izquierda, como gran ente colectivo de transformación,  todavía no atiende, salvo espasmódicamente.




sábado, 13 de agosto de 2016

NO SON TÉS DE TÍAS


La foto es más que elocuente, expresa lo que la sociedad, aquí y en gran parte del planeta,  piensa de las mujeres: que son basura, que son prescindibles, que se usan y se tiran...

Desde esa realidad, sin adornos ni versos de por medio, las marchas de hoy en el Perú, bajo la bandera de ¡Ni una menos! son históricas, constituyen la reacción democrática de la ciudadanía peruana, de nuestros pueblos, en defensa de los derechos de las mujeres, que constituyen la mitad o quizá algo más de la población peruana.

La derecha peruana, siempre antidemocrática, quiere sin embargo, quitarle el filo a las proyecciones de esas marchas. Las quiere reducir, léase las opiniones de sus principales escribas, a  simples protestas contra la violencia de género, contra el feminicidio, soslayando u ocultando que estos fenómenos no son sino la expresión concreta de una realidad cuyas raíces hay que buscarlas en la estructuración misma del ordenamiento capitalista vigente en el país.

Es esa derecha, neoliberal hoy, la que permite, por ejemplo, que en las actividades agroindustriales no exista lo que los organismos laborales internacionales denominan  trabajo decente para las miles de mujeres que laboran en esas áreas. Realizan el mismo trabajo que los varones, pero ganan menos, viven en condiciones insalubres y están permanentemente amenazadas por la desocupación si acaso saliesen embarazadas.

El fujimontesinismo en sus años de gloria les otorgó ese poder a los grandes propietarios de esos centros agroexportadores. Como a través de sus políticas criminales de reproducción, los hoy dueños del congreso,  ordenaron la esterilización, a la fuerza, de miles de mujeres de Costa, Sierra y Selva, buscando reducir a lo bestia, los índices de la pobreza extrema en el Perú.

Es ese mismo fujimontesinismo, como expresión criolla del neoliberalismo en el Perú, la que ha convertido en basura la imagen de la mujer. Los medios de comunicación de todo tipo, bajo su propiedad o control, son los que irradian esa imagen, mañana tarde y noche. Y como el cinismo y la hipocresía son sus principales banderas, esos mismos medios son los que después lanzan el grito al cielo cuando la violencia, a través del acoso o el feminicidio se desbordan por los poros de una sociedad donde hasta la Iglesia oficial le echa la culpa a las mujeres de las agresiones cotidianas que sufren.

La gran burguesía en el poder, sus acólitos partidarios de turno y sus agentes de todo tipo, no quieren por ello que las marchas de esta tarde se conviertan en genuinas y contundentes demostraciones democráticas, políticas,  de los pueblos del Perú,  en la huella trazada por los jóvenes que multitudinariamente se lanzaron a las calles para traerse abajo la ley pulpín y de los miles de ciudadanos que le cerraron el paso al fujimontesinismo en las últimas elecciones presidenciales. 

Quieren algo así como reacciones o protestas tipo tés de tías, inocuos, o movimientos light, que no pongan en tela de juicio el control ideológico y político que ejercen en el país y en cuyo marco la idea de que las mujeres son basura seguirá reproduciéndose por los siglos de los siglos...



jueves, 11 de agosto de 2016

LORNA NO ES


UNO

PPK ha inaugurado un nuevo estilo en el manejo presidencial. Va marcando así la diferencia con sus antecesores, enfundados casi siempre en las rigideces protocolares o en prácticas soldadescas, cuartelarias, como las del comandante Humala, cuando no parranderas y livianas como las de Toledo, o sedentarias y populacheras como las de García. Desde el mismo 28, PPK marcó la cancha. En vez de los soporíferos discursos con sus hemorragias de cifras supuestamente todas en azul, pero casi siempre cuestionadas, el presidente actual se despachó un discurso corto y directo, que se orientó a señalar los blancos que su gobierno promete atacar: salud, educación, corrupción, seguridad, agua potable e infraestructura. 

¡No ha dicho como lo va hacer! chillaron sus antagonistas. Esa es la chamba del premier, respondió, aludiendo a la próxima visita que éste tendrá que efectuar al congreso, para explicar en detalle los alcances de las propuestas, a fin de ganarse la bendición de quien se ha convertido en su principal antagonista político: el fujimontesinismo atrincherado en el recinto legislativo, viendo permanentemente bestias donde solamente hay molinos.

Más adelante, PPK se mandó sus bailecitos, hizo gala de su dominio de la flauta traversa, le mandó sus apachurres a su esposa e hijos, guapas todas dicho sea de paso; sin dejar de meterle sus coscorrones verbales al fujimontesinismo, en respuesta a sus destempladas críticas. "Yo soy el que maneja el carro", les ha dicho, escupiéndoles después el conocido transfuguismo de sus ahora principales voceros o de una buena parte de esa bancada, advirtiendo lo que algunos analistas, impactados por el número de integrantes de la bancada, no habían visto: la precariedad de esos votos en un partido  marcado por los intereses individuales y logreros.

"El manejo espontáneo y desenfadado de Pedro Pablo Kuczynski está empezando a raspar un poco en la política peruana." ha escrito Mirko Lauer. Claro, en un medio donde los políticos brillan por su medianía o chatura, el estilo de PPK, como expresión de su sapiencia, bastante criolla por cierto, y de su larga experiencia política - en los años 60, cuando la mayoría de los políticos de nota ni nacían, ya era ministro del primer gobierno del arquitecto  Belaúnde- tiene que sacar roncha, en tanto que está enfilado a sacarle la vuelta a su propia precariedad partidaria para enchufarse directamente con las organizaciones populares y regionales, a los que les está ofreciendo resolver problemas álgidos que los gobiernos anteriores no se atrevieron a abordar o lo atacaron muy superficialmente.

DOS  

Para estos fines, PPK no ha necesitado convertirse en un enemigo del capitalismo, ni del neoliberalismo o del gran empresariado que es el que se lleva hasta el santo y la limosna en el país. Simplemente, tratando de ponerse a tono con los propios procesos tibiamente autocríticos de organismos como el FMI y el Banco Mundial, otroras abanderados del neoliberalismo brutal y descarnado, o de reputados economistas como Krugman, Stiglitz o Piketty, cuestionadores del capitalismo salvaje,   PPK está comprometiéndose a promover reformas que adecenten el modelo, que le den un rostro mas o menos  humano, haciendo del Estado - ese gran enemigo del neoliberalismo picapedrero- un ariete de primer orden en la cristalización de sus logros.

Además, como sostienen los técnicos, no se necesita quebrar el orden vigente para fortalecer la gestión de entidades como los hospitales, incorporar a los planes de estudios asignaturas propias de un país civilizado: música, educación física, educación cívica, o diseñar planes más o menos serios en relación a la seguridad ciudadana, etcétera,  y alcanzar de este modo metas que beneficien directamente a los usuarios, sin que el sol deje de salir para los intereses de la burguesía, como ésta teme.

A lo largo de la historia republicana la burguesía  nativa le ha corrido a las reformas, como los gatos se espantan con la leche caliente. La promesa de la vida peruana de la que hablaba Basadre, que bien puede sintetizarse en dos palabras: bienestar y desarrollo, presente en la agenda del Perú libertario del siglo XIX, llevaba implícitas esas aspiraciones. Manuel Pardo, en 1872, al asumir la primera magistratura de la nación dijo en el congreso: "...la educación de cada ciudadano es la primera condición de la verdadera grandeza de las naciones". El arquitecto Belaúnde, a mitad de los 50,como candidato, y posteriormente como presidente se comprometió también a materializarlas, todo quedó en el verbo o a mitad de camino. Su reformismo se fue diluyendo conforme se ensanchaban sus relaciones con la burguesía entreguista, retardataria y plutocrática, a la que finalmente se entregó en cuerpo y alma.

Todo parece indicar que la tecnocracia en el poder, y algunos sectores de la burguesía nativa, permeadas por el fracaso del neoliberalismo a nivel mundial y las críticas de diferentes sectores, estarían dispuestos a impulsar lo que PPK llamó "el sueño de los libertadores" o su mensaje "lleno de esperanza",  que en términos globales y hablando lampedusionamente - es decir, cínicamente- implicaría hacer cambios, reformas, para que en esencia, si del orden vigente se trata, todo siga igual. 

Por esta razón, no debe llamarnos a sorpresa que  oficialmente,  la Confiep, el gremio de los grandes empresarios peruanos no se hagan bolas ni con el discurso ni con el estilo de PPK. Martín Pérez, su presidente, acaba de pronunciarse: "que se cambie todo lo que se tenga que cambiar", ha dicho, porque finalmente a sus representados lo que centralmente les interesa es, en sus propias palabras: "destrabar las inversiones y recuperar la inversión interna y extranjera" .  

No hay que obviar, sin embargo,  la existencia de un nucleo duro, herededero de la impermeabilidad de los tradicionales dueños del Perú,  al que no le hace mucha gracia las chanzas que se gasta PPK, y que al mejor estilo del general Odría de los años 50, está pidiendo hechos y no palabras, menos  ocurrencias para el carcajeo de la platea. El editorial de El Comercio de hoy jueves 11 de agosto lo dice todo: en lugar de bromas y disparates, señala,  es hora de impulsar la reforma laboral o la flexibilización de las exigencias medioambientales. La luna de miel tiene un límite, han puntualizado.

Ese editorial, bien lo sabemos, no expresa el pensamiento del director, es la voz mandona de quienes gustan siempre ajustar, así sea a lo bestia. 



TRES 


En otros términos,  PPK y sus tecnócratas saben lo que se traen entre manos. Tratándose del gringo, no estamos frente a una lorna o un gil, como suele decirse popularmente. Es un hombre recorrido, al que la vida le ha enseñado a tocar el piano con los 10 dedos de las manos y que en la actual situación de crisis del capitalismo mundial y de entrampamientos de la economía local, con los efectos sociales y políticos que ello suele conllevar, estaría buscando corregir el rumbo en la aplicación del neoliberalismo del Perú, sin afectar los intereses de fondo del gran capital y las transnacionales.

"El mayor reto del Perú hoy es evitar los conflictos, sobre todo los sociales, que hay  alrededor de grandes proyectos como mineros y otros",  acaba de decir PPK. La experiencia del comandante Humala en Conga la tiene entre ceja y ceja. Está apostando a resolver esos desencuentros o preveerlos, a sabiendas que aquí puede estar el talón de Aquiles de su proyecto de cambios. El extractivismo neoliberal, que según el último informe de la Bolsa de Valores de Lima sobre rentabilidad patrimonial, la pasa muy bien, pero quiere pasarla mejor, lo sabe también. No hay margen para el error, hay que destrabar las inversiones, ha dicho la Confiep.

La luna de miel con el pueblo tiene un límite, bien lo ha dicho El Comercio. Ese límite lo señalan los propios intereses de quienes parten el jamón en el país.

CUATRO  

Desde una perspectiva independiente,  que implica no sacrificar nuestros sueños de construir un Perú sustancialmente diferente al actual, hay que exigirle a PPK el cumplimiento de la palabra empeñada en la campaña electoral. El voto otorgado, que no es un cheque en blanco, debe permitirle a los trabajadores y a los pueblos del Perú ensanchar sus espacios democráticos, acceder al bienestar sistemáticamente negado,  reclamar el cumplimiento de derechos y logros propios de todo país civilizado, como el respeto de las organizaciones autónomas de todas las sangres.

Eso sí, sin dejar de trabajar para que llegue ese gran día -como decía Vallejo con esa sensibilidad tan terrenal- en el que hablarán los mudos, caminarán los tullidos, verán los ciegos y oirán los sordos...