jueves, 18 de enero de 2018

EL CARRO DE LA HISTORIA


UNO 
En lo que podría ser el primer paso para darle un sustento de masas al indulto trucho de su padre, Kenji Fujimori logró congregar en el Campo de Marte de Lima algunos cientos - ¿o miles?- de adherentes. Según las informaciones, todos ellos bien remunerados -50 lucas no es poco de pavo para un desocupado- adecuadamente comidos, uniformados, y trasladados en cómodos ómnibus puestos a su disposición por los organizadores del evento. Los manifestantes, a diferencia de la marcha contra el indulto, realizada el día anterior, no tuvieron ningún contratiempo con la policía ni con el alumbrado público,  y hasta el mismísimo engreido -bien escoltado por cierto- tuvo oportunidad de arengar a sus huestes a nombre propio y del viejo Fujimori.

A ojo de buen cubero, entre esa movilización fujimontesinista y la histórica marcha nacional del jueves 11 contra la farsa del indulto y la impunidad de la quieren gozar sus patrocinadores, hay diferencias sustanciales.

No se trata solamente del número de asistentes o del ventajismo pecuniario del que gozaron los seguidores de Kenji, importantes sin duda. Se trata de marcar a fuego la naturaleza misma del movimiento, propio de las épocas primarias de la historia política peruana, que la dupla Fujimori-Montesinos reeditó en los años 90, en pleno auge de la dictadura, y que en el 2018, el caco y su hijo vuelven a recrear para darse un baño de masas, como lo hizo su hermana durante la campaña electoral.

Porque llevar a las masas a los mítines amparados en el alcohol y la butifarra, fue una práctica que caracterizó a la oligarquía peruana y a sus operadores en los años de auge del Perú oligárquico. Bastaba con cruzar el puente Trujillo - a espaldas del palacio de gobierno- zambullirse en algunos callejones rimenses, cantarse y bailarse algunos valses y marineras con el populorum para ganarse la simpatía de hombres y mujeres. El trago y la butifarra, a raudales, la promesa barata y logrera, el mismo día de los eventos, sellaba la "alianza" entre los caudillos y los flamantísimos adeptos.

Ninguna idea, ninguna propuesta, ninguna discusión sobre tema alguno, caracterizaban esos encuentros con los caudillos y lo que pasaba a constituir su clientela,  a la que posteriormente, desde el poder, se le seguía satisfaciendo su hambre "presupuestívoro". Era el caudillo, don fulano o don sutano los que dominaban la escena. Por eso, cuando estos caudillos fallaban en sus ofrecimientos, esa clientela, sin empacho alguno, pasaba a engrosar las filas del adversario.

Esa adhesión ventral, sanchopancesca, condenaba a las masas populares a ser siempre convidadas de piedra, agentes pasivos, útiles para satisfacer las ambiciones de los caudillos de turno y nada más. A lo largo del siglo XX, y de lo que va del siglo XXI, la derecha y sus operadores no han tenido otra forma de ganarse el apoyo de esas masas política e ideológica desarmadas. La consigna ¡hechos, no palabras!, que el odriismo levantó en los años 50, para cubrir su asistencialismo ramplón, se ha convertido ahora, en las nuevas condiciones de desarrollo del capitalismo y de la perversión de la política, en la expresión: "roba pero hace obras", a cuyo amparo se han expandido mafias de todo color, que hoy actúan incluso desde el seno del mismo aparato estatal, con sicarios, muertos y heridos de por medio, a la mexicana.


DOS

Las movilizaciones contra el indulto al viejo Fujimori, que se vienen produciendo desde fines del año pasado, tienen otro sentido. Para empezar, es una suma heterogénea de voluntades colectivas e individuales que en el Perú entero y en el extranjero se han levantado contra la ignominia de una decisión que ha humillado, de un lado a quienes directamente fueron víctimas de las fechorías del caco y asesino; pero de otro a una ciudadanía que respaldó la decisión de los jueces de condenar a Fujimori, de acuerdo a ley, a una pena que se ajustó a la naturaleza de sus crímenes y latrocinios. Juicio y sanción que solo el fujimontesinismo y la derecha recalcitrante ha objetado desde siempre.

El indulto, lo han dicho los especialistas, vulnera el Estado de derecho, como resquebraja la democracia burguesa imperante en el país. La ciudadanía peruana, indignada por la libertad del reo   -la derecha y su gobierno la han denominado "indulto humanitario"- han encontrado en la defensa de esa normatividad quebrada un importantísimo escenario de coincidencia; desde donde las vanguardias van tejiendo proyecciones políticas  impensadas antes del indulto, y que comienzan a expresarse y debatirse no sin cierto apasionamiento, pero que -como debe ser- no petardean las iniciativas unitarias que se han manifestado en las cuatro movilizaciones que se han desarrollado hasta el momento.

Es así como hombres y mujeres, jóvenes y adultos, trabajadores manuales e intelectuales, de distintas canteras sociales e ideológicas, han ganado las calles y la plazas para expresar su rechazo a la medida y a los artífices de la misma. Esta repulsa popular, en su evolución, ha ido más allá: ahora se pide la cabeza de PPK, se marca a fuego el gabinete Aráoz, mal llamado de la "reconciliación", se están pidiendo nuevas elecciones, una nueva constitución, la refundación de la política, mientras que la consigna ¡qué se vayan todos! repiquetea una y otra vez, aquí y allá, como expresión de un rechazo multitudinario a los gobernantes y sus claques, lo que ha puesto en guardia a la derecha, que ante esos arrestos ha comenzado a mostrar los colmillos de su insatisfacción.


TRES

Esa derecha está apostando al desgaste y a la represión; la propia visita del Papa, la está empleando como ansiolítico ideológico para las masas en pelea,  pero los hechos indican que no la tienen todas consigo. La crisis política detonada por el indulto al viejo Fujimori, evidencia problemas mayores en el ordenamiento económico social vigente. La democracia burguesa, delineada por el fujimontesinismo en la constitución del 93 para servir al montaje del neoliberalismo en el Perú, está haciendo agua. Y no se trata únicamente de las contradicciones entre el Ejecutivo o el Legislativo, de la dictadura de la mayoría en el congreso, o del intento del fujimontesinismo de copar otras instancias estatales vía el golpe blando, de por si graves para el orden imperante, como lo es el mismo indulto, que hace flecos la sacrosanta constitución del 93.

Ocurre que el Estado mismo, capturado por la gran burguesía, las transnacionales, la tecnocracia neoliberal y los operadores políticos de esa derecha,  -divorciado por tanto de los intereses de los pueblos y mayorías nacionales- está mostrando al mundo sus falencias estructurales, en tanto que a los desposeídos les asegura únicamente carnavales electorales y represión; mientras se acreciencia el orillaje económico y social con sus exclusiones y desigualdades, y la opresión política, que están en la base de la confrontación social, en costa, sierra y selva.

A casi 28 años de haberse establecido brutalmente ese orden, el accionar de las masas en procura de bienestar y desarrollo, o  contingencias naturales como las vividas en el norte y sur del país,  han sacado a luz ese oprobio. La presencia de Francisco en Madre de Dios, una de las regiones más golpeadas por el extractivismo y las mafias, que han hecho de los pueblos indígenas el blanco de sus siniestras actividades, demuestra la certeza de quienes en la actualidad están planteando abiertamente la revisión radical de dicha situación.

No estamos pues frente a una simple crisis. La reconciliación planteada por la dupla PPK- Aráoz se orienta en lo fundamental a poner orden en las filas de la derecha, sacudida por la fantochada del indulto. El gran capital y las transnacionales requieren con urgencia de esa estabilidad para seguir multiplicando y engordando sus faltriqueras, a las buenas o a las malas. Tienen sin embargo, ante si, un gran problema: las masas están en las calles, marcando la pauta de la confrontación social, limando democráticamente desencuentros, sumando reivindicaciones, afinando la puntería programática, catapultando liderazgos y lo que es más importante, sembrando organización para las grandes batallas del presente y del futuro. Porque eso es lo que está en juego, salvo que se quiere perder, por enésima vez, el  carro de la historia.







martes, 16 de enero de 2018

FRANCISCO Y LOS DEPREDADORES SEXUALES


Nadie que esté en su sano juicio puede oponerse a la visita de Francisco a esta parte del mundo. Sus múltiples pronunciamientos sobre los efectos perversos y denigrantes para los pueblos, de la última expansión y afirmación del capitalismo en el planeta, hacen de Francisco una voz indispensable en el enjuiciamiento de la voracidad y trapacerías de los dueños del mundo, sea cual sea su nacionalidad. No obstante, ese deseo de una buena estadía en Chile y Perú, no nos impide sumarnos a los ciudadanos peruanos y chilenos, que públicamente le reclaman al Papa "rendición de cuentas y justicia para las víctimas" de las aberraciones sexuales de religiosos de diferente encumbramiento. Degenerados, que inmediatamente deben ser puestos a disposición de la justicia ordinaria, sin padrinazgo alguno. De la misma manera, creemos que la visita del papa Francisco no debe servir de taparrabos de las tropelías antidemocráticas y antipopulares de la dupla PPK-Aráoz, que con el indulto al viejo Fujimori, condenado por ladrón, asesino y secuestrador, se han colocado, de facto, en las antípodas del pensamiento humanístico de Francisco.

viernes, 12 de enero de 2018

¡VALEN UN PERÚ!


En todo el país y en el extranjero, los peruanos de toda condición social, edad, sexo, profesión...alzaron ayer su voz indignada contra el indulto al viejo Fujimori - condenado por ladrón, secuestrador y crímenes contra los derechos humanos- pidiendo además la cabeza de PPK el presidente trafero, que rompiendo su palabra, se puso de rodillas ante las mafias, ordenando la libertad del ex inquilino de la Diroes, buscando la impunidad de unos y otros.

La derecha nativa y las transnacionales, que están detrás de ese pacto mafioso, pensaron que los pueblos del Perú se iban a tragar ese sapo monstruoso. Se equivocaron de punta a cabo. Desde las fiestas de fin de año las multitudes de ciudadanos rugen en calles y plazas. Las movilizaciones de ayer, a lo largo y ancho del país, deben ser de las mayores que se han producido en los últimos años. Y van por más.

Por eso es que apelamos a ese histórico ¡Valen un Perú! de los tiempos coloniales - sinónimo de riquezas de ensueño- para calificar la gallarda actitud de la ciudadanía peruana. 

Como la historia lo ha demostrado en múltiples oportunidades, en esas calles y plazas se está ensanchando la democracia de los de abajo, de los desposeídos, de los engañados por el Perú Oficial...van templando sus fuerzas, van sumando combatientes...van perfilando su organización y liderazgos, delineando derroteros de corto, mediano y largo plazo...van haciendo realidad sus sueños, contagiando alegría con sus cantos y danzas, con su histrionismo y humor popular...Esas son nuestras fortalezas políticas y morales.

Repito: esa ciudadanía del siglo XXI, ¡Vale un Perú!

martes, 9 de enero de 2018

GABINETE DE LA FELONÍA


Años atrás, en otras circunstancias políticas, la juramentación de un nuevo gabinete concitaba una atención especial de la ciudadanía. Ministros hubo, que por sus calidades personales, y a pesar de los gobernantes, arrastraba simpatías y esperanzas. Un Basadre o un Cueto en Educación, o también un Uriel García en Salud, le daba prestancia al gabinete y auguraban no pocas decisiones importantes.

Con el gabinete que juramentaría en las próximas horas, no está ocurriendo lo mismo. Los nombres poco importan, como tampoco interesa que los altavoces del gobierno de PPK lo estén presentando como el equipo de la reconciliación. 

La razón es una sola: ese gabinete nace muerto porque está cargando una felonía: la de sus propios auspiciadores, responsables de un indulto que no solamente ha vulnerado el Estado de derecho, sino que además ha pisoteado la dignidad de un pueblo, el dolor de las víctimas de los familiares caídos en la guerra interna, el respeto a los restos de compatriotas esparcidos aquí o allá, pero que claman justicia, haciendo añicos la palabra empeñada a quienes respaldaron a PPK con su voto, dándole legitimidad a su administración.

El gabinete de la felonía, mal llamado de la reconciliación, tiene en el papel una sola misión: limpiar las heces de PPK y la Aráoz. Algunos sectores de la derecha ya le perdieron la fe. Para éstos como para gran parte de la ciudadanía, PPK ya abdicó, debe irse a su casa y someterse como cualquier mortal a las investigaciones sobre sus relaciones con Odebrecht u otros anticuchos que pueda cargar en la mochila.

Esa derecha no es tonta, ha escuchado el rugido de las multitudes en las calles y plazas del país y también en el extranjero. Calcularon mal. Pensaron que soltando al viejo Fujimori en Navidad, la reacción se iba a perder entre las bombardas, saludos, comidas y tragos. Al revés de lo proyectado, la indignación de la ciudadanía ha ido en crecimiento, mientras que las baterías legales, dentro y fuera del país, comienzan a dejar malparado a PPK, a la Aráoz y a todos los comprometidos en la farsa.

En ese contexto, para esas tiendas derechistas, la permanencia de PPK en el gobierno ya no es negocio, en el exacto sentido del término. Salvo que apele, como ha ocurrido en otros tiempos, a la represión abierta, descarada, sobre las masas declaradas en rebeldía. Y PPK, como ex miembro de los gobiernos de Belaúnde y Toledo, sabe de esas cosas; como también la Aráoz, ex integrante del gabinete de García, no por algo la conocen como Miss Bagua...

sábado, 6 de enero de 2018

TRAFEROS Y DEMAGOGOS


Además de traferos, demagogos.

PPK y sus compinches del día: los fujimontesinistas, tratan ahora -en el lenguaje coloquial de la dinastía Fujimori- de enyucarnos con su demagogia.

Abusando del lenguaje, de la buena fe y de las aspiraciones del pueblo peruano, buscan vendernos gato por liebre. Porque eso de decretar "el decenio de la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres", no es sino humo y nada más que humo bajo las condiciones del actual desarrollo del capitalismo en el Perú y de la crisis política que se afronta.

Basta con mirar lo actuado por el neoliberalismo en los últimos casi 28 años para darnos cuenta de la demagogia. 

Bajo la sombrilla de la modernidad se han desarrollado y expandido viejas formas de explotación del hombre por el hombre, a las que hay que adicionar la agresión al medio ambiente, la desigualdad galopante precisamente entre hombres y mujeres, entre Costa, Sierra y Selva, la pobreza material y ética; más plagas como el narcotráfico, la corrupción y todas las formas delincuenciales habidas y por haber...Así como vamos, las mafias mexicanas y colombianas van perdiendo color.

Entre 1990 y el 2018, los mandatarios de turno -salvo Valentín Paniaga- en representación del gran capital y de las transnacionales, no han hecho sino reproducir, una y otra vez, el envilecimiento de la economía y de las relaciones sociales inauguradas por el recientemente indultado Fujimori y reproducidas - sin asco- por sus sucesores. 

PPK, con el indulto al gran caco, que lo ha ubicado en un lugar privilegiado en la historia de la ignominia, y su premier Aráoz -tristemente célebre por los luctuosos sucesos de Bagua en el 2009, modelo de exclusión y represión artera de los pueblos indígenas- que han hecho del neoliberalismo santo y seña de sus existencias, no pueden arrogarse autoridad moral y política alguna como para hablarnos de "igualdad de oportunidades", "diálogo" y "reconciliación nacional".

Todas ellas son palabras mayores, que en boca de PPK y su premier suenan huecas. Tienen sentido para el capital, que está abogando por una reconciliación trucha, o por un diálogo de fariseos, urgido como está de sacar adelante sus ambiciosos proyectos. Pero no tienen contenido para los familiares de las víctimas de las matanzas de la guerra interna, a las que la dupla PPK-Aráoz nunca recibió, pero a las que inmediatamente después del indulto, quiso comprar. Ni tampoco tienen sustento - por citar otro ejemplo- para las miles de mujeres esterilizadas a la fuerza en los años de oro del fujimontesinismo, y que siguen esperando justicia.

Al accionar tramposo y demagógico de esa dupla, debe oponerse la limpieza y entereza de la respuesta ciudadana que este jueves 11 de enero tomará nuevamente las calles y plazas del país. Para esas multitudes PPK debe abdicar. Fue elegido - lo dicen las pancartas, las arengas y las intervenciones orales de los coodinadores de esos movimientos- para bloquear la embestida del fujimontesinismo y el indulto al caco y asesino. Al incumplir con este compromiso, no solamente se ha convertido en un felón más, ha perdido también la legitimidad que le otorgó el voto ciudadano.

Los falsarios lo saben. En estas circunstancias, esa convocatoria al diálogo y a la reconciliación truchas, buscan desinflar el ímpetu de las masas populares para llevar a estas al campo de la conciliación y de la amnesia. En este sentido, ese llamado a "pasar la página", que repiquetea en los labios de la derecha y sus epígonos, no es otra cosa que una invitación a bajar la guardia, a agachar la cabeza, a renunciar al derecho de protesta y de insurgencia popular.

viernes, 5 de enero de 2018

MAL OLOR




Decía Pessoa que el triunfo puede oler a podrido...

Eso es lo que está pasando con el indulto al viejo Fujimori: una victoria para él y su dinastía, de hecho también para PPK, pero la hediondez de la farsa, de la burla, es inocultable.

Ese indulto, lo dicen todos los que no están comprometidos con la fetidez de la tramoya, es el producto de un arreglo de 2 grandes timadores de la política criolla.

El uno, además de los crímenes y latrocinios por los que purgaba condena, hizo de la política un chiquero para rellenar sus faltriqueras, todavía no encontradas. Los 90 fueron eso: un porquerizo, y el indulto una chanchada clásica a las que el país se había acostumbrado, por obra de la dupla Fujimori-Montesinos.

El otro, convirtió la gobernanza en un mercado. El canje de votos por el indulto para ponerse a salvo, ha sacado al sol su total falta de escrúpulos, su espíritu de mercachifle, tan propio de la burguesía nativa y de los operadores del capitalismo en el Perú.

Lo decía el patricio Víctor Andrés Belaúnde, criticando el oncenio legüiista:

"...Más llegó al Perú la moda pragmática que quería en el gobierno el tipo de hombre práctico, de educación puramente utilitaria, como si la administración de los negocios públicos fuese comparable a un negocio particular" (El origen de la tiranía).

Para Belaúnde, el Perú, entre 1919-1930 (años del oncenio) se debatió "en un mar de fango"; Leguía y su cogollo, decía el maestro, habían liquidado el capital moral del país.

Como vemos, la pestilencia no es reciente. Cada impulso del capitalismo en el Perú huele siempre a estiércol. Así ha sido, desde los tiempos del guano y el salitre en el siglo XIX.

viernes, 29 de diciembre de 2017

NO AL INDULTO: EN DEFENSA DEL FRAGMENTO


ANDREA CABEL
La memoria no puede ser una provocación

José Carlos Agüero
 
No hay nadie que pueda hablar de la “artesanía del tormento” o de la tortura –o la poetización de los efectos del poder sobre los cuerpos-, como José Carlos Agüero[1]. No hay nadie como él para hablar con tan exacta y dolorosa belleza sobre la “poética de los restos” que es a lo que quisiera referirme en este momento en el que es tan difícil decir algo que no sea obvio o no se haya dicho ya, sobre el indulto al ex presidente Alberto Fujimori. Porque sobre este tema, todo peruano medianamente consciente de la gravedad del hecho, ha opinado y ha dicho algo relevante. Al respecto, las opiniones en masa señalan que es injusto con las víctimas que fueron directamente asesinadas en su gobierno: específicamente hablamos de los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, por ejemplo. Otros señalan que este indulto o “perdón médico” es un canje, y que por ello, es indignante, porque el 9 de junio del 2016 cuando se lo preguntaron en “Semana económica” PPK dijo claramente que “no” iba a indultar a Fujimori[2], y porque luego, el 22 de julio del 2016 dijo, saludando a una cámara, con confianza, “yo no doy indultos”. Afirmación que luego reafirmó a los pocos días, el 25 de julio del mismo año, cuando dijo claramente: “Él [Fujimori] tiene el derecho a pedir el indulto, yo no lo firmaré”. 

Finalmente, este año, el 22 de junio, PPK claramente hizo la relación entre el indulto humanitario y la política, es decir, aludió al canje y a su imposibilidad, luego, se contradijo en sus propios actos. Quiero acogerme al primer grupo de críticas sobre este indulto, aquel que lo comenta desde la indignación por la memoria de las víctimas de Fujimori. Quiero hablar desde ahí, a los que están festejando la “justicia” que se ha efectuado con el “perdón” a una supuesta víctima y lo quiero hacer desde lo que me parece más preocupante en este reclamo: que se pierda de vista o que se trate secundariamente el hecho de que un resto, es decir, el reclamo de los familiares, sea tratado como un excedente, o digamos, simbólica, metafórica y materialmente, como basura. Algo que José Carlos Agüero elabora como la “poética del resto”. En ese sentido, mi texto no solo es un intento por la –saludable– indignación que leemos en diversos textos de Arendt, sino que es una defensa por el fragmento, por lo que nos ha quedado, por ese pedazo físico o mental del otro que fue asesinado, torturado, desaparecido y del que nos ha quedado “algo”.  


“Artesanía del tormento”, expresión a la que he aludido en la primera línea de este texto, es una expresión sutil, dura, y profundamente cruel, que Agüero utiliza en su libro Persona (FCE, 2017) para referirse a como se ejerce un oficio paciente, perfeccionable siempre, como el del orfebre, que hace de una tortura, un sello personal, además, hecho a mano. Eso hizo Alberto Fujimori durante sus mandatos y lo sabemos todos. Negarlo es como negar las vinculaciones del grupo Colina con la cúpula militar y con el presidente de entonces, el ahora perdonado, Fujimori. Negarlo es como negar esta información cuando la conocemos porque quienes la dieron fueron los propios agentes de inteligencia que formaron parte de este grupo criminal. Negarlo sería como negar lo que afirmaba Alberto Flores Galindo en su ensayo, “La tradición autoritaria: Violencia y democracia en el Perú” (Lima, 1999), que el Perú es un país en el que “unos son más iguales que otros” (12), porque Jaime Ramírez Pedraza, un preso que pidió un indulto humanitario tres veces, nunca lo obtuvo, a pesar de tener esclerosis lateral amiotrófica (ELA), y pasó sus últimos años en el Penal Castro Castro con una parálisis completa y murió en octubre del 2012 tras 16 años en la cárcel privado de los cuidados mínimos necesarios para tener calidad de vida, mientras que Fujimori podía tener un celular en su cárcel y llamar a cada uno de sus congresistas -comenzando por Vilcatoma-, para hacer política, para pedirles que no voten por la vacancia de PPK. Las diferencias son lacerantes[3].


Lo que duele de las diferencias que in-forman, que dan forma a la geografía emocional, histórica y actual de nuestro país y que se manifiestan en este indulto son las negaciones que sostienen a este “perdón”, específicamente: la negación de que los cuerpos destruidos, de que los restos de esos cuerpos, sus sobras, puedan significar, es decir, tengan derecho a ser algo que habite la memoria, y que dejen de ser únicamente “polvo torturado” (Agüero, 124), o marcas de impunidad, que tengan el derecho a dejar de poblar los mapas de invisibilidad, que las falanges u otras partes de los cuerpos que las víctimas conservan de sus seres queridos, signifiquen algo per se y ocupen un lugar con propia entidad. O, dicho en las propias palabras de la Persona de Agüero, que se entienda y se signifique en toda su potencia que “lo destruido no es un excedente sino que es “completamente” algo” (19, énfasis mío). Gisela Ortiz en su artículo señala lo siguiente: “La desaparición forzada es una tortura constante, que se acrecienta día a día. Nosotros tenemos a cinco desaparecidos cuyos cuerpos no han sido devueltos después de los juicios ni se ha hecho mayor gestión para buscarlos”[4]. Gisela habla por las víctimas directas de las políticas brutales de Fujimori, los desaparecidos, torturados (niños, mujeres, hombres), y de las otras víctimas, que son los familiares de estos, que han convivido durante 25 años, desde el 18 de julio de 1992, luchando “porque se haga memoria sobre estos graves delitos, porque se señalen a los culpables para que estos hechos no se repitan nunca más (…) dedicando gran parte de nuestra vida para recuperar los restos de nuestros familiares y llevar a prisión a sus asesinos.” (énfasis mío)


Es a ello mismo a lo que apunta la indignación que Agüero escribe con belleza: él no solo habla de los que desaparecieron, sino de los que aparecieron a medias, o aparecieron mezclados con otros en forma de tierra, él habla de la paradoja del resto, del consuelo, de la vulgaridad a medias del resto, cito:


Los familiares ven caer los últimos gramos de tierra de lo que fueron personas. Formando qué. ¿La esencia de alguien? Es todo por hoy. Ya se los pueden llevar (…) Uno de los familiares junta con las manos lo que cayó sobre la mayólica local forense (…) Antes le han dicho: no es seguro que esos restos sean solo los de su pariente. Piensa: pueden ser “muchos” en esos cien gramos: una comunidad.” (17-8).


Los restos no son simplemente restos, no son basura, ocupan un lugar, “se demuestran solos” (19) y el “perdón” que se le ha otorgado a alguien de quien es imposible comprobar un arrepentimiento, a alguien que no es una víctima, a alguien que, de hecho, no tiene ni demuestra ningún interés en proponer nuevas formas de relaciones, y, en ese sentido, no sale de los prejuicios que lo enturbian, es decir, no se propone siquiera como “rendido”[5], es absolutamente incongruente con lo que es necesario recordar y hacer ahora, en nuestro presente: que nuestro país, nuestra ciudad se hace necrópoli moral. Lo que podríamos hacer es plantearnos preguntas, cambiarnos de lugar del tablero, salir de la comodidad de regalar perdones a mentirosos asesinos, y respetar el dolor del otro, acogerlo como propio, habitar una lengua sin orgullo, apelar, en todo caso, por un poco de humildad, y preguntarnos quizás, si “la identidad nos plantea una pregunta moral: ¿somos iguales? ¿Somos iguales a nosotros mismos? ¿Buscamos iguales para formar nuestra comunidad o para ampliarla? (171) Creo que los fujimoristas dieron su respuesta. El resto de peruanos, que somos mayoría, podemos dar otra.



[1]
                     José Carlos Agüero fue presentado en una entrevista en Canal N como “hijo de terroristas”, así de “simple”. Yo lo presento como historiador, activista de temas derechos humanos, profesor (al menos mío), poeta, pensador, investigador de temas de violencia política y memoria histórica  y amigo.


[2]                     “Entre mis defectos jamás pero jamás he tenido la deshonestidad” PPK y sus frases sobre los indultos, ALTAVOZ.https://www.facebook.com/DiarioAltavoz/videos/1727911120586668/?hc_ref=ARQO7ltIZ87E5FgcKoek6VDYjzh44CeGm_5cRkBheTpcvW-IebZLzSo8kBdtvz6Issk&pnref=story


[3]                     Nicolás Lúcar –¡quién diría!- en su programa en Exitosa noticias demuestra que el día 11 de diciembre el INPE le pide al Min. De Salud que nombre una junta médica penitenciaria para el caso Fujimori, el 12, el Min. de Salud constituye dicha junta con 3 médicos que son notificados el mismo día, el 13 se constituye la junta formalmente y piden toda la información y archivos sobre el caso Fujimori, pero sucede que Alberto Fujimori NO HABIA SOLICITADO AÚN EL INDULTO, recién el 14 Fujimori lo pide y firma el documento. Y el sello de la comisión sale el 15 recibiendo el documento. Es decir, que recién se admite en trámite el 15, aunque desde mucho antes y en silencio y complicidad total ya lo estaban “tramando”, de ahí su carácter “express”.  Puede verse el video de Lúcar aquí: https://www.facebook.com/Anidanirak/videos/1362057183905114/?hc_ref=ARRn...


[4]                     Artículo de Gisela Ortiz: http://idehpucp.pucp.edu.pe/opinion/indulto-insulto-la-memoria-las-victi...



[5]                     Lectura de Obregón sobre el concepto de “rendido” de Agüero. Se encuentra en el “Colofón” de Los Rendidos 

Publicado en NoticiasSER.pe del  27 de diciembre de 2017