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martes, 30 de abril de 2019

NO ERA UN SANTO


A patadas, pero la verdad se abre paso. García no es el santo varón que la derecha y sus operadores políticos venden, tratando, después de su suicidio, de construir un mito. Las confesiones de Atala, su testaferro, echan por tierra tales proyectos. El ex presidente fue un vulgar delincuente, que se aprovechó de su alto cargo para medrar, para llenar sus arcas particulares, mientras colmaba la voracidad de Odebrecht. Su autoeliminación, como lo afirman los especialistas, fue su gran escape. En los 90. ante los demoledores informes de los latrocinios de su primer mandato, García fugó del país, refugiándose en Europa mientras prescribían sus delitos. Frente a las crecientes sospechas de sus entripados con Odebrecht, pretendió nuevamente usar la figura del asilo. Al fracasar, solamente le quedó el suicidio. Por eso es que su carta de despedida fue escrita con antelación. Esperaba quizá, como había ocurrido en otras oportunidades, que se le presentase la virgencita para salir del dificil trance. No contó con la astucia y la firme decisión de los fiscales y jueces, que apoyados en el periodismo de investigación y la repulsa anticorrupción de las masas populares, lentamente fueron cerrando el círculo. Al verse perdido se quitó la vida. La delación de Atala, reconstruyendo, paso a paso, la relación delictiva con García, no deja lugar a dudas. Como tampoco hay dubitaciones en torno a la complicidad de la lumpenburguesía y de la tecnocracia angurrienta que hizo de García su héroe durante su segundo mandato, después de haberlo demonizado. Como siempre, pragmáticamente, optó por García porque les aseguraba la bolsa y el modelo económico impuesto desde los 90.

miércoles, 14 de marzo de 2018

LA TELARAÑA DEL PODER


"Todas las operaciones de aportes eran hechas 
con mi autorización y a través mío.Si alguien
 más participó de eso era por orden mía"
Jorge Barata

I 

Hace bien IDL-Reporteros en poner a disposición de la ciudadanía peruana el registro grabado de las declaraciones de Jorge Barata a los fiscales peruanos en Sao Paulo.

Lo decimos porque de esta manera y como debe ser, se busca involucrar a los ciudadanos comunes y corrientes con un testimonio que si bien en sus aspectos fundamentales ya se conocía, estaba cargado con las mediaciones interesadas de unos y otros. En esta oportunidad, el registro en bruto, línea por línea, nos permite articular una visión más directa de los intersticios de unas negociaciones que dejan por las patas de los caballos a sus actores: corruptos y corruptores; pero que ante todo pone al sol la telaraña del poder económico y político en el Perú, las formas como se va tejiendo, y la responsabilidad de los actores, principales y secundarios en el tramado.

Para empezar, Barata, no es un advenedizo ni un personaje segundón en la tramoya ilegal tejida por Odebrecht y sus peones de brega en el Perú. Y no solamente por los altos cargos que desempeñó a nombre de la empresa brasileña. El ex superintendente ha vivido cerca de 20 años en nuestro país, tiempo que le ha permitido no solamente conocerlo palmo a palmo, o hablar a la perfección el español, sino también intimar con las cabezas de la burguesía peruana, y tomar nota  de sus virtudes, defectos y debilidades, así como de sus gremios y partidos políticos que la representan, incluyendo a sus capitostes, de los que conoce sus vidas, milagros y maneras de ser.

Conocimiento que le permite decir que José Chlimper, secretario general del partido de la señora Keiko, es un "peruano estilizado"; o que la burguesía peruana -así como la oligarquía peruana de la República Aristocrática definía comportamientos en el viejísimo club Nacional- en los días que corren, esa burguesía prefiere los almuerzos o los cócteles. En estos eventos empresariales - así los llama Barata- que se efectúan 2 o 3 veces a la semana, los hombres fuertes del empresariado peruano - presidentes y directores de gremios- afinan sus criterios. "Eran parte del día a día empresarial", afirmó el ex capo de Odebrecht en el Perú.

II

Sabe también Barata que esa burguesía a la hora de defender sus intereses puede estar  con Dios o con el diablo. No por algo cita a Roque Benavides o a Gonzalo Prialé, que simpatizaban con Fuerza Popular, "aunque varios de ellos decían que eran apristas también o de otros partidos". Vale la pena aquí recordar al viejo Romero, ex hombre fuerte del Banco de Crédito, quien en un reportaje afirmó hace varios años  que él solía aceitar a todos los partidos de la derecha. Hombre precavido por cierto.

¿Por qué apoyar a Fuerza Popular o a los partidos que están en el poder?  Barata lo dice con todas sus letras luego de reconocer la gran presencia del fujimontesinismo en el aparato estatal y en el país, y la existencia "de un grupo muy grande de empresarios que tiene afinidad con ese Partido". Las empresas necesitan sobrevivir,  confesó ante los fiscales.

Es indudable que para el ejecutivo brasileño sobrevivir  es sinónimo de durar, perdurar, seguir existiendo, con todas las ventajas que otorga el orden capitalista vigente. El cheque de 10 mil dólares que doña Keiko recibió de Odebrecht en 1998 - cuando ella oficiaba de primera dama de la Nación y de jefa de la fundación Por los Niños del Perú- no era altruismo puro. Era un mensaje, un "cañoncito de Castilla",una manera de abrirse paso para posicionarse en el mercado peruano.

Odebrecht, ha dicho Barata, buscaba abrir puertas, "para poder tener acceso a los gobiernos de turno y poder facilitar nuestra vida en el país". El poderoso don dinero fue su "pata de cabra", para recibir el "trato diferenciado" de esos gobiernos y de sus parlamentos, a cuyos congresistas también masajeó financieramente, ganaran o no las elecciones. "Entendíamos que el Poder Legislativo también tiene un papel muy fuerte en el proceso de un país", señaló.

En el 2011, Odebrecht, según Barata, solventó la campaña de cuatro candidatos presidenciales - los de mayor opción eran Ollanta, Keiko, Toledo y PPK- y los de sus representantes en el congreso. Barata fue enfático, sufragó los gastos de  "todos los partidos, a todos".

En este contexto no se necesita tener dos dedos de frente para entender las razones por las que la Confiep, en ese mismo proceso electoral, hizo una chanchita entre sus afiliados  -Odebrecht apoquinó doscientos mil dólares- para garantizar - aunque ellos dicen que no- el triunfo de la señora Fujimori. ante los temores que irradiaba el comandante Humala y su programa de reformas. La jefa del fujimontesinismo no ganó, pero los empresarios se encargaron de rodear y desfigurar desde adentro el programa del milico, al que finalmente le castraron sus veleidades de cambio.

III

Las movidas financieras, que relacionaron a Odebrecht y  a los partidos políticos se hicieron bajo cuerda, tras bambalinas, conspirativamente. Los pagos se hacían al margen de la contabilidad de la empresa, "sin contrato, sin recibos, sin factura...Y no eran declarados a la Sunat...Era dinero que no pasaba por las cuentas de Odebrecht", reveló el brasileño. Del mismo modo, con la mayor discresión se hacían los pagos, contantes y sonantes, a la mano, en casas especialmente seleccionadas, con operadores escogidos. Para Barata - como también para los empresarios peruanos, lo han manifestado los señores de la Confiep- esos pagos "no son ilegales", pero si "mal vistos", por lo que unos y otros se esmeraban en guardar las reservas del caso.

Es evidente que aquí estamos frente a la clásica estulticia de la burguesía, incluyendo a la peruana, que siempre nos ha vendido y vende una democracia multicolor, inclusiva y equitativa, cuando en los hechos lo que impera es una dictadura del capital, que se articula y opera a la sombra de tramados como los revelados por Barata o el propio Odebrecht.

La burguesía, aquí o en la Cochinchina, requiere controlar el poder político omnímodamente, con buenas o malas artes. Lo que se está conociendo por las investigaciones de los fiscales peruanos o brasileños sobre el accionar de empresas como Odebrecht,  y sus ramificaciones internacionales, ha sido una práctica común a lo largo de la historia del capitalismo, signada por la búsqueda del lucro, y que en el Perú también ha sido moneda corriente desde el siglo XIX. 

Con el neoliberalismo, esas prácticas se han ampliado y profundizado. La corrupción, por ejemplo, que en los 90 se concentraba en determinados puntos del aparato estatal, hoy se ha extendido y profundizado, ha hecho metástasis, pero al mismo tiempo en su desbocamiento ha generado una crisis estructural que ha puesto contra la pared justamente a todos los partidos derechistas a los que Odebrecht, vía Barata, patrocinó.

Sigamos por ello leyendo y releyendo el testimonio de Jorge Barata para seguir reflexionando sobre el presente y el futuro del país.



martes, 5 de diciembre de 2017

A LAS CALLES, CONTRA EL GOLPISMO MAFIOSO

 
Los fiscales y el poder judicial, en el caso Odebrecht, están cumpliendo. Más allá del verso, el canazo a 5 importantes dueños del Perú, comprometidos en las cuchipandas mafiosas de los brasileños, nos indican que hay una esperanza en que la justicia peruana esté a la altura de las exigencias de la lucha contra la corrupción, caíga quien caíga.
 
La última palabra, sin embargo, no está dicha. No solamente porque hay tiburonazos sueltos que le están sacando a la lengua al país y a la justicia, sino porque desde el seno de los operadores políticos de los mafiosos, hay quienes, como el fujimontesinismo, que quieren traerse abajo esa labor profiláctica. Ahora más que nunca han quedado expuestas al sol las verdaderas intenciones de esa costra: descabezar el Ministerio Público, capturar el Tribunal Constitucional, apoderarse del ente que nombra jueces y fiscales, no tienen otro objetivo que trabajar para la impunidad de los capos de la corrupción.
 
La detención del cogollo empresarial por orden del juez Carhuancho, sobre la base del trabajo de los fiscales, constituye una alarma para esos mafiosos, porque intuyen que los próximos en ir a parar con sus huesos a la cárcel, pueden ser ellos. Sus bravuconadas y desplantes matonescos parecen haberse extinguido. Pero nos equivocaríamos de extremo a extremo, si es que pensamos que han bajado los brazos. Al contrario, bajo cuerda trabajan más aceleradamente que nunca.
 
Por eso es la ciudadanía en estos momentos no puede ni callar ni quedarse inmovilizada. La resolución del juez Carhuancho y el trabajo de los fiscales pueden quedar reducidos a simples fogonazos si es que las calles y las plazas no hablan. Hay que parar las maniobras del golpismo y de la corrupción, y la historia nos enseña que solamente el pueblo movilizado a lo largo y ancho del país puede cumplir con esa histórica tarea. En los 90, ese pueblo se trajo abajo la dictadura fujimontesinista y restableció la democracia en el país. Hoy esos hombres y mujeres, indignados por los avances mafiosos será capaz de contragolpear a los epígonos de Fujimori y Montesinos y de sus socios de siempre: el alanismo aprista.
 
Para mañana miércoles 6 de diciembre, a las 5 de la tarde, en la plaza San Martín de Lima, está convocada la primera gran cita de masas contra el golpismo y los mafiosos de todos los pelajes: no dejes de asistir.
 

viernes, 13 de enero de 2017

UNA PALIZA POLÍTICA


Hasta que la Cenicienta de Lima Norte se puso de pie y tronó. 

Puente Piedra, si usted no lo sabe no solamente es uno de los distritos más antiguos de Lima; además, como lo escribió José Matos Mar - la información proviene del mismísimo Julio C. Tello, padre de la arqueología peruana, profesor de Matos en los años 40- su suelo exhibe todos los estratos de la evolución de la cultura peruana en esta parte del territorio peruano, comenzando por los recolectores. Pese a esta raigambre milenaria, ha sido siempre el patito feo de la gran capital: ignorada, ninguneada, o como ocurre en los últimos años, saqueada por el extractivismo urbano, que a través de sus centros comerciales, bancos, entes financieros, urbanizadoras etcétera, han acabado con su tradicional bonhomía; proceso que ha ido acompañado - como sucede con otros distritos limeños- de carencias y problemas sociales de todo tipo para los cuales solamente ha existido una tibia o nula atención.

La explosión social de estos días, en particular la de ayer, a propósito de la imposición de un peaje, no ha sido sino el producto de la indignación, de la ira popular, largamente contenidas por ese sistemático ninguneo, por esa política de oídos sordos desplegada por las autoridades de diferente nivel. Hasta que se colmó el vaso y se desbordó la paciencia. 

¿Donde han estado los agitadores de esa revuelta? Es un insulto al entendimiento sostener que esos agitadores pertenecen a tal o cual facción de la izquierda. Los verdaderos agitadores de la impaciencia, del desborde popular, están en las filas de las propias autoridades, que en defensa de los intereses del gran capital siempre hacen oídos sordos a los reclamos del pueblo, a pesar de la justeza de éstos. El extractivismo urbano tiene en el cobro del peaje una de sus principales fuentes de enriquecimiento, llegando incluso a pisar el terreno de la ilegalidad - como ocurre con el peaje de Puente Piedra- con tal de no dejar de llenar sus arcas.

Políticamente el desborde puentepedrino ha dejado muertos y heridos. Ha perdido el alcalde del municipio limeño, que cerró filas con Rutas de Lima, o lo es que lo mismo: Odebrecht, arrastrando por su interesada tozudez al burgomaestre puentepedrino, su correligionario. Pierde el gobierno de PPK, en problemas por su acelerado descrédito y que en lugar de buscar una salida al problema, movió cielo y tierra, policialmente hablando, para impedir la protesta popular. Ha quedado asimismo al descubierto la angurria neoliberal del extractivismo, que no pestañea, como es de conocimiento de todos, en recurrir a prácticas mafiosas con tal de sacar adelante sus proyectos de enriquecimiento.

"El peaje de Puente Piedra es inviable" ha dicho ayer el ministro del Interior. Cierto. Aunque a la ilegalidad del cobro hay que sumar ahora  la paliza política propinada por la otrora Cenicienta.