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sábado, 20 de diciembre de 2014

PATÉTICA


Con sinceridad, nunca he visto tan mal a la señora Nadine como ayer en Huaycán.

Desesperada, fuera de sí, disparando contra todo y contra todos. En una palabra, doña Nadine estuvo patética al defender lo indefendible: la ley laboral que convierte a los jóvenes en carne fresca para la voracidad insaciable del gran capital y las transnacionales.

Mientras los jóvenes se preparaban para desbordar las calles y plazas limeñas, la primera dama, olvidando las promesas electorales de su esposo y obviando la gran trasformación que ellos han sufrido, lanzó al aíre expresiones y afirmaciones que cual bumerán le golpeaban el rostro.

La señora, por ejemplo, no puede hablar, muy alegremente,  de que quienes se oponen a la ley esclavista practican la politiquería barata, sin mirarse ella misma al espejo. Los videos colgados en youtube donde  se escucha al entonces candidato Humala ofreciendo el oro y el moro a los jóvenes,incluyendo el trabajo digno, son contundentes al respecto. Es una constante entre los poliqueros baratos embaucar a los electores, practicar la demagogia, vivir de las expectativas y demandas de los pueblos. Y esto es lo que está haciendo la pareja presidencial.

En ese sentido otra de sus expresiones de ayer: "No volteen la cara al país ni a los jóvenes", no pasa de ser una exclamación para las tribunas. En su campaña electoral la pareja le presentó al país una lectura, un diagnóstico de sus males crónicos, ahondados, dijeron,  por  las dos décadas del reinado neoliberal. En esa visión se sustentó su ofrecimiento de una gran transformación. Por ello votamos. La realidad de hoy es dura pero exacta: el ollantismo, poniéndose de rodillas frente a la gran burguesía y a las transnacionales - a la que responsabilizaban de los graves problemas económicos y sociales del Perú- no está haciendo, comas más o comas menos, sino lo mismo que hicieron sus antecesores, incluyendo al fujimontesinismo.


Finalmente, la señora Nadine tiene toda razón del mundo cuando afirma que su gobierno "trabaja con convicción". Desde que la señora y su cónyuge abandonaron los polos rojos que usaban en sus desplazamientos para optar por los de color blanco, asumieron con firmeza una reconversión ideológica y política que finalmente los llevó a ubicarse en la vereda de las plutocracias peruanas.

Con razón, el patriarca de los Humala acaba de decir " a mi hijo le han lavado la cabeza".

martes, 2 de diciembre de 2014

NO SEAMOS INCAUTOS

A pesar de los últimos reveses en el poder judicial, el inquilino privilegiado de la Diroes debe estar ñato de risa. 

Kenji, su hijo predilecto, alumno precoz de Montesinos, acaba de poner las cosas en su sitio: el fujimorismo es uno solo, ha dicho para que lo escuchen todos. Agregando, altisonantemente, que su padre es el líder histórico del movimiento y su hermana Keiko es la que parte hoy el jamón.

La aclaración es sumamente importante, sobre todo porque en las últimas semanas se especulaba con la existencia de dos corrientes en el fujimontesinismo: una, encabezada por el caco, representando la línea dura, recontraderechista; mientras que la otra, supuestamente liderada por la señora Keiko, buscaba tomar distancia de la nefasta herencia de los 90 para modernizar su organización y ponerla a tono con los vientos liberales y democráticos que soplan en algunas tiendas gran y pequeño burguesas.

Es decir, así como hay quienes ilusamente buscar diferenciar a Fujimori de Montesinos, para reventarle cuetes al primero y negar al segundo, de la misma manera, existen sectores que quieren encontrar 2 alas a Fuerza Popular, como si la realidad no indicase que todos, sin excepción, viven y beben de las mismas fuentes antidemocráticas, entreguistas, antipopulares y corruptas en las que se incubaron y desarrollaron las fuerzas encabezadas por el caco y su compinche.

Que a nombre de Fuerza Popular dicha corriente sea partícipe de la democracia burguesa y su Estado de derecho, no la hace automáticamente una fuerza democrática. La experiencia nacional e internacional indican que las fuerzas más retardatarias,incluyendo al fascismo, sin abdicar de sus fundamentos ideológicos y políticos, pueden, sin mayor esfuerzo incorporarse al juego democrático burgués al que convierten en cobertura ideal para sus zarpazos. 

Esto último fue lo que hizo la pareja malévola en los años 90. Ganaron las elecciones y en 1992 hicieron caca del Estado de derecho para poner en marcha un plan siniestro que le abrió cancha al neoliberalismo - al que ellos y la gran burguesía que los apoyó le sacaron tronchas y más tronchas- al mismo tiempo que ensangrentaban el país imponiendo el terror, mientras hacían flecos del erario nacional.

No seamos entonces incautos. El fujimontesinismo nació como una excrecencia de la crisis del sistema, muy bien lubricada por sectores del gran capital que a partir de ese momento se entronizaron en el mando de nuestra economía y sociedad, y que con el restablecimiento del estado de derecho en el 2000 se amoldaron a los nuevos tiempos, aunque sin dejar de añorar los viejos, a los que quisieran regresar para tener las manos libres y seguir haciendo de las suyas.

domingo, 8 de junio de 2014

LA ESPERA

Fernando Vilchez, director del video La espera, que está circulando en Lima, debe sentirse satisfecho. 

Si lo que buscaba con su trabajo era dejar en claro lo que ocurrió en Bagua hace 5 años, donde perecieron más de una treintena de personas entre policías, nativos y pobladores, cuando los primeros desalojaron la carretera tomada por los segundos, es indudable que lo logra.

Después de ver el documental uno queda convencido de que en el juicio que se está desarrollando en Bagua contra más de 50 nativos,a los que se responsabiliza de los trágicos sucesos, faltan en el banquillo los grandes propiciadores, por acción u omisión,  del enfrentamiento: el ex presidente García y sus ministros Simon, Cabanillas y Araoz.

Al primero de ellos se le debe juzgar no solamente por sus responsabilidades concretas en los hechos, en su calidad de primer mandatario y jefe supremo de las fuerzas armadas y policiales; sino también por ser el autor de un conjunto de ideas - expresadas en sus artículos sobre el perro del hortelano-  declaraciones y exposiciones, que jugaron el papel de justificaciones ideológicas y políticas para arremeter contra los pueblos amazónicos; a pesar que desde los años 90 el Estado peruano estaba obligado a respetar lo sancionado por el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en relación a los pueblos indígenas, contra el cual colisiona el pensamiento-guía del ex mandatario.

Uno llega a esta conclusión después de escuchar las propias declaraciones de los ex gobernantes aludidos y contrastarlos con la realidad, como también después de escuchar atentamente al ex congresista Guido Lombardi que formó parte de la comisión investigadora de los hechos, autor incluso de un informe en minoría.  De lo dicho por Lombardi queda claro además la pésima conducción policial del conflicto y una hipótesis terrible: que a pesar de haber sido informada - la policía- de que los indígenas habían acordado dejar la carretera el mismo 5 de junio, se ordenó el desalojo como para escarmentarlos, como si se hubiese querido establecer "que la letra con sangre entra"...

En la búsqueda de dejar en claro los hechos, el documental va más allá de lo fáctico. Aborda lo que hipócritamente no se quiere ver ni mucho menos explicar: que en el Perú cohabitan hombres y mujeres que piensan de una manera diferente a lo que habitualmente estamos acostumbrados a escuchar. Su racionalidad es otra, como otra es la prevaleciente racionalidad occidental. La lectura del experimentado Roger Rumrril sobre el tema es diáfana. Los hombres de la amazonía, como los de los Andes - a pesar de los cambios que se han producido en los últimos tiempos- mantienen una cosmovisión, usos, costumbres, idiomas, religiones y culturas que forman parte de su identidad y que de acuerdo al Convenio 169 de la OIT debe ser respetados.

Reconoce así el Convenio que los pueblos indígenas tienen "una relación especial" con las tierras y territorios que ocupan y usufructúan desde tiempos inmemoriales, a la que los Estados deben adecuar sus legislaciones. Desde el extractivismo en boga, expresión concreta del capitalismo salvaje vigente en nuestros tiempos, nada de ello cuenta. Examinen a conciencia los artículos, declaraciones y conferencias del señor García y me darán la razón.

¿Que ha cambiado en el país desde el 5 de junio del 2009 en que se produjo el Baguazo? Creo que muy poco o nada. El documental roza el tema presentando a un presidente Ollanta supuestamente justiciero, pero una cosa es el verbo y las promesas y otras cosas son los hechos. Que los enjuiciados de hoy en Bagua sigan siendo tratados como inculpados comunes y corrientes, sin tomar en cuenta su identidad particular, dice bastante, como también lo dicen los múltiples reclamos amazónicos desoidos por las autoridades actuales.

En esa misma perspectiva marchan la mayoría de los medios de comunicación, supuestamente plurales y democráticos. Su silencio o una lacerante como interesada desinformación sobre esas reivindicaciones, como sobre lo que está ocurriendo en el juicioo de Bagua, los pinta de cuerpo entero.

Son importantes por ello documentales como La espera, no se lo pierda.


domingo, 20 de octubre de 2013

LA VIEJA POLÍTICA CRIOLLA


Se lo decía ayer a unos jóvenes sanmarquinos con quienes dialogué sobre estos temas: la concepción y la práctica de hacer política en el Perú tienen que cambiar: los partidos y los políticos de nuestros días están reproduciendo el quehacer criollo, del toma y daca, del cambalache, del caudillismo, del alcohol y la butifarra...que caracterizaron al Perú oligárquico del siglo XX. En este sentido, la llamada modernidad no ha servido, al contrario ha profundizado - por el culto al dinero que conlleva- el divorcio entre ética y política.

Lo decía por el caso Urtecho que llena las primeras páginas de los medios en estos días; pero también por lo que está pasando con el inopinado desplazamiento a París del presidente Ollanta, que si nos atenemos a las prácticas del parlamentarismo burgués debió costarle el puesto a la señora ministra de Relaciones Exteriores, pero que debido a un recule interesado de Perú Posible podrá dormir bien este fin de semana, al haberse alejado el riesgo de la censura.

¿Por ese retroceso, que pidió a cambio Perú Posible? Con la institucionalización del toma y daca en la política criolla, no hay que ser adivinos para dar en el clavo: el partido del señor Toledo necesita un trato benevolente para su caudillo que la pasa mal en la investigación que se le ha abierto por la adquisición de varios inmuebles. No nos escandalicemos entonces cuando desde la bancada oficialista se le tire el salvavidas al magullado ex presidente.

Son estas prácticas, les decía a los estudiantes, las que alejan a los jóvenes de la política; o son también, de otro lado, las que envilecen el entusiasmo de las juventudes que ingresan a la política, pero que de la noche a la mañana, por su misma inexperiencia, terminan enredadas en las telarañas logreras de los caudillos y sus operadores.

Volver hacer de la política, doctrina, ciencia, arte, pedagogía, quehacer de masas, vocación de servicio, no será fácil. Pero el desafío está planteado, hay que asumirlo, sin dudas ni murmuraciones, sin medias tintas...

viernes, 5 de abril de 2013

JAVIER...

Don Javier Diez Canseco, reconocido líder de la izquierda peruana y congresista de la República, batallando actualmente contra el cáncer, está recibiendo una serie de homenajes y reconocimientos a su ejemplar vida política. Nos sumamos a esos homenajes, adicionando algunos elementos de juicio que explican su meritoria conducta pública. 

Diez Canseco integra una generación de jóvenes que en los años 70, a lo largo y ancho del territorio, deseosos de cambiar el país y el mundo, se entregaron a la política viva, actuante, combativa, en el seno de las masas explotadas del país. La política de café, el dilentatismo estéril, la proclama estentórea pero infecunda, fue sustituida por el accionar directo de esas pléyades juveniles que desde diferentes vertientes sociales abandonaron profesiones, estudios, comodidades hogareñas, para conjuntamente con el pueblo tratar de hacer realidad sus sueños de transformación. 

El ascenso político de las masas populares en esos años de lucha, el ascenso de la izquierda como alternativa política, superando sus años de ostracismo y marginalidad, el levantamiento de las banderas del socialismo como salida de fondo para los dramas del país, el arrinconamiento de la dictadura militar (1968-1980) y su posterior regreso a los cuarteles, etcétera, etcétera, no se explican sin la presencia de esa generación de soñadores de la que Javier forma parte. 

Bueno es recordar todo ello en las circunstancias actuales en el que la izquierda trata de levantar vuelo. Creo por ello que el mejor homenaje que se le puede brindar a Javier es no olvidar esas lecciones de entrega y dedicación de las que él fue un actor directo.

miércoles, 4 de enero de 2012


La izquierda bajo la lupa


Oscar Díaz Chávez


Es grato encontrar en el medio donde uno colabora asuntos de interés mutuo tratados con altura y ponderación, aún con las simpatías y expectativas que se tengan. Se hace más acogedor el ambiente para el diálogo que intercambie pareceres diversos en relación a un tema, la Izquierda, su ubicación en el escenario de la política nacional.

Partiendo porque el tratamiento a la problemática de la Izquierda debe ser abordada con amplitud de miras, en la perspectiva de su posibilidad y responsabilidad en la lucha por la transformación del país, lo recomendable es no caer en el coyunturalismo, en la reducción del análisis a lo inmediato, por ricos que sean sus elementos componentes, puesto que son los antecedentes históricos, sus consecuencias y derivaciones las que han abierto conductas y posiciones como las que hoy motivan atención.

Así, es entendible que la crisis de la izquierda sólo puede ser superada si retoma valorativamente sus mejores tradiciones, si revisa críticamente sus procedimientos de unidad y acumulación social y política, rehaciendo sus fuerzas desde las bases productivas y sociales, redefiniendo sus políticas y estrategia, corrigiendo errores dogmáticos o de seguidismo a esquemas y experiencias distintas a nuestra realidad. Es decir, un proceso de formas y contenido que a la vez de enmendar rumbos, visiona al futuro e involucra a las nuevas generaciones.

A todos estos propósitos deben servir, pueden aportar, la intelectualidad y academismo que se encuentra entre las filas de la izquierda. Toda inteligencia será útil para contribuir a dotarla de capacidades en el discernimiento de información, cualificar su educación y moral, sus métodos de análisis y aplicación de políticas y estrategias que las nuevas condiciones del país y el mundo requieren para el accionar político y social. Pero no para hacerla capilla exclusiva de allegados y/o seguidores, ni sustituirla, o a su nombre catapultar encumbramientos personales haciendo compromisos políticos inconsultos, como ya han hecho costumbre conglomerados de personajes con nombradía propia pero no necesariamente representativos de la voluntad y decisión del espectro social que conforma la izquierda y su identidad popular.

Si las cosas se vienen dando así es porque los grupos residuales de la implosión de la izquierda de antaño se otorgan la licencia de “representarla” y negociar decisiones de diverso interés. Cuestiones en las que no necesariamente están de acuerdo ni se sientan obligados a seguir o acatar muchos mílites o identificados con los principios siempre enarbolados por la izquierda. La ruptura y dispersión orgánica son, entre otras, resultantes del sectarismo grupista y seguidismo a lineamientos externos que caracterizaron épocas previas, generando desorientación en la continuidad de su activismo y opciones individuales en el accionar político de muchos cuadros políticos. La confusión y pérdida de perspectivas ha facilitado la erosión principista, que conduce al utilitarismo portátil tras opciones populistas que emergen en las crisis políticas nacionales y procesos eleccionarios.

La “izquierda” gobiernista, cuya autoproclamación duró hasta hace pocos días, no es La Izquierda toda: la atomizada, dispersa, incrédula, desconfiada, subsumida en los avatares de su lucha existencial; la que insurge anónima en las grandes gestas como la Marcha de los Cuatro Suyos, la que da su voto a impedir la vuelta del oprobio que prohijaron Fujimori y Montesinos. Se trata de La Izquierda que debe rehacerse para conquistar el espacio político para el pueblo, a partir de un claro y firme trabajo de Convergencia Popular orientado a recuperar y fortalecer la organización social para legitimar su representatividad, para institucionalizar su reconocimiento frente al poder político y económico. (Seguiremos con el tema).


RINCÓN DE VOX /Espacio Político para el Pueblo

viernes, 30 de diciembre de 2011



Cajamarca, personaje del año


Así como está ocurriendo en diferentes puntos del orbe, en el Perú comienzan a surgir las propuestas de los personajes del año que está feneciendo. Para este escriba, el pueblo de Cajamarca bien se merece tal distinción. Las pruebas están a la vista, la primera de las cuales tiene que ver con la posición digna, de protesta ciudadana, adoptada frente a los abusos y atropellos de Yanacocha, la empresa minera que está violentando la vida en esa región y que a través del proyecto Conga pretende seguirlo haciendo, esta vez con el aval de un gobierno que en el papel insurgió como defensor de los más caros intereses del pueblo cajamarquino (pueden verse todavía los videos colgados en youtube) pero que en los hechos se ha colocado abiertamente del lado de la codicia del consorcio empresarial.

Esa defensa de la vida, que le está costando a Cajamarca sangre, sudor y lágrimas, es un buen ejemplo de que los consejos de la derecha – no hacer olas, no ideologizar los reclamos no caer en el juego del radicalismo antiminero, hay que proteger las inversiones, etcétera- no pasan de ser interesados cantos de sirena. Si el pueblo cajamarquino hubiera hecho caso a esas recomendaciones, a estas alturas, Yanacocha, con el respaldo de la administración Humala, ya estaría ejecutando un proyecto que a entender de los verdaderos especialistas – para diferenciarlos de aquellos mercenarios que elaboraron el primer estudio de impacto ambiental favorable a los intereses de Yanacocha- constituye un verdadero atentado contra la naturaleza y la salud de las poblaciones cajamarquinas; pero que muy marketeramente fue presentado como el “primer proyecto de clase mundial” con el que cuenta el Perú, sobre todo por los US$ 4 800 millones de dólares que oficialmente están en juego, como parte de un paquete de inversiones mineras que en Cajamarca estarían llegado a los US$9 641 millones de dólares, todos peligrosos desde la defensa del agua y del medio ambiente.

Gracias a ese levantamiento popular es que la empresa retrocede en sus intenciones de sí o sí llevar adelante el proyecto; obligando luego al propio gobierno a volver sobre sus pasos y comenzar a hablar de la necesidad de un peritaje internacional. La última palabra, sin embargo, no está dicha, bien sabemos de la capacidad de maniobra que tienen las grandes empresas, sobre todo cuando han logrado ganarse el respaldo de los gobiernos. Por eso es que lo peor que le podría ocurrir al pueblo cajamarquino es dejar de lado esa rebeldía innata, que ha puesto al sol la verdadera catadura de la derecha en el Perú, que apuesta por el proyecto Conga a como de lugar; pero protesta democrática que además tiene el valor agregado de haberle sacado la careta a la administración Humala.

Esta es la segunda razón por la que apuesto por el pueblo cajamarquino como el personaje del año. Su lucha ha provocado un nuevo realineamiento de las fuerzas sociales y políticas que necesariamente se tuvo que reflejar en el gobierno en su conjunto. El reposicionamiento del presidente Humala, es decir su derechización, ha ido de la mano con una reposicionamiento de las diferentes fracciones de la gran burguesía en el Perú y sus partidos políticos, que ayer nada más combatían abierta o solapadamente al gobierno, pero que hoy lo defiende sin rubores de ningún tipo; respaldo en el que también está comprometido el propio cardenal Cipriani – que sabemos bien de qué pie cojea- y que ¡oh sorpresa! ha comenzado a mostrar sus coincidencias ideológicas y políticas con el gobierno, como está ocurriendo con los temas del aborto terapéutico, la píldora del día siguiente y con lo que el primado considera una buena labor del presidente Ollanta por promover la inversión y el empleo, proyecto Conga incluido.

De no haber ido por la insurgencia cajamarquina, la administración Humala hubiera continuado envuelto en esa aureola de magnaninimidad , de progresismo, de izquierdismo, y hasta de socialismo, con la que estuviera recubierto hasta antes de la confrontación con el pueblo cajamarquino. El país sabe ahora, por los hechos mismos, que estamos ante un gobierno que no se hace bolas en continuar con el programa económico del neoliberalismo, asumiendo incluso la dureza política que es indesligable de su aplicación, como lo está demostrando en el tratamiento de las reivindicaciones del pueblo cajamarquino, donde la impronta de la militarización muestra ya su hocico.


Lima, diciembre de 2011

sábado, 12 de noviembre de 2011


Anticorrupción


MUCHO RUIDO

POCAS NUECES



Mientras que en la República Popular China, a una funcionaria estatal, luego de un proceso sumarísimo por corrupción, le acaban de cortar el cuello, en el Perú la lucha contra la corrupción sigue siendo puro ruido y pocas nueces. Ya no se trata solamente de constatar que la megacomisión formada para investigar posibles actos de corrupción en el régimen del presidente García ha nacido interesadamente mediatizada; ahora el Perú observa absorto como es que el Congreso de la República, una de las instituciones más desprestigiadas del país, sigue perdiendo piso al haberse negado a aprobar la ley de imprescriptibilidad por delitos de corrupción cometidos por funcionarios públicos y mediante la cual corruptores (léase empresarios mafiosos) y corruptos iban a ser severamente sancionados.


Las argucias legales levantadas por congresistas cuyos partidos tienen muchas cuentas por saldar ante la justicia - ¡cuando no los aprofujimoristas!-fueron los más interesados en devolver el proyecto de ley a comisiones para que duerma el sueño de los justos, y así se aprobó.


¿ Porque ha nacido mediatizada la megacomisión? En primer lugar porque el más experimentado de los congresistas en este tipo de investigaciones: Javier Diez Canseco, se vio obligado a renunciar ante la embestida del aprofujimorismo, -que encontró en el congresista Lescano un verdadero tonto útil- y el poco apoyo encontrado en su propio bancada; es indudable que en el partido de gobierno las ambiguedades políticas pesan más que las urgencias de la lucha contra la corrupción. En segundo lugar, porque Diez Canseco y Chehade han sido reemplazados por congresistas bizoños en esas lides, pasibles de ser embaucados con facilidad. Y en tercer lugar, porque en esa comisión figuran también representantes del aprofujimorismo, los menos interesados en que se investiguen los posible actos de corrupción cometidos durante el gobierno del presidente García.


Otrosi digo: Después de publicada esta nota en facebbok, llegó a mis manos el último número de la revista de Hildebrandt; en ella, en un artículo de Rebeca Diz, se revela lo que literalmente sería una traición de Daniel Abugattás, presidente del Congreso, a Javier Diez Canseco. Según Rebeca, Diez Canseco, a través de 3 oficios, le pidió a Abugattás que coloque el tema de la presidencia de la megacomisión en la agenda del congreso, se descontaba el respaldo masivo al líder socialista. Abugattás nunca puso en agenda el tema. Algo más: revela el escrito que Diez Canseco habría conversado con el mismo Premier, quien muy formalmente zafó el cuerpo; y si a esto se suma la opinión del presidente Ollanta sobre la renuncia de JDC: "No la calificaría ni de buena ni de mala. Es una decisión propia de èl", quedaría de manifiesto la voluntad del oficialismo de no hacer muchas olas en la investigación.




martes, 20 de septiembre de 2011

¿UNA RAZA EN EXTINCIÓN?



Las preguntas las solté en una reunión de viejos camaradas de armas y municiones: ¿En el Perú habrán todavía luchadores sociales? ¿No constituirán acaso una raza en extinción?

Las interrogantes me las estaba formulando desde que vi a Armando Villanueva del Campo, a un tris de los 100 años, presentando un libro autobiográfico, elaborado al alimón con el historiador Pablo Macera; pero inquietudes que se hicieron más firmes al saber que Genaro Ledesma Izquieta, el veterano líder del FOCEP ya está en los 80 años, un poquito menos que César Lévano, hoy director de La Primera, pero con quien seguramente ha compartido más de un canazo, un destierro, una persecución, o una andanada de palos, improperios y satanizaciones de toda naturaleza

¿Motivos? Pues el de ser simplemente consecuentes con sus ideales de bienestar y justicia social, de pelear, desde muy jóvenes, por esa idea-fuerza lanzada por José Carlos Mariátegui de un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo, a la que siguen aferrados con uñas y dientes, cuesta arriba, como en sus años juveniles.

Aunque el viejo Villanueva proceda de otras canteras, también tiene una hoja de vida de privaciones y persecuciones generadas por su pasado montonero. Por ahí todavía circula un documento de colección: su ficha de requisitoriado por la justicia peruana, emitida una y otra vez por los esbirros policiales de una vieja oligarquía que puso fuera de la ley al APRA en los años posteriores a la insurrección de Trujillo de 1932, que a Villanueva y otros dirigentes apristas les costó duros años de rigurosa clandestinidad, prisión o destierro. Aunque su situación varió radicalmente luego del reencuentro entre los antagonistas de antaño, años de convivencia y superconvivencia los llamaron los analistas, al “zapatón” nadie le quita lo bailado…

Lamentablemente, la política es hoy sinónimo de decrepitud moral, de falencia ética. Llegar al parlamento es el objetivo, para jurar por dios y por la plata, aunque el Perú se remate al mejor postor y sus pueblos se debatan en la miseria o en la ignorancia. Han pasado los tiempos de la política como apostolado social; quehacer al que se llegaba desde la escuela, el colegio, la universidad, la fábrica, la hacienda, la comunidad campesina, o sencillamente desde la poesía, la narración o el periodismo. No se pedía nada a cambio, con los ideales, el programa, la utopía, los sueños libertarios se templaba el acero que iba a transformar el mundo. Las masas, su educación y organización, su movilización y adiestramiento político, estaba por encima de todo.

Y ahí estaba el líder, el luchador social a tiempo completo, o quitándole horas a la profesión, al estudio, a la familia… siempre sumando fuerzas, moviéndose como pez en el agua en el trabajo abierto o cerrado, sorteando soplones, emboscadas, jugándose el pellejo mañana, tarde y noche. Creo, en este sentido, que hay otro libro de la verdad por escribirse: el costo social de lo conquistado hasta ahora en términos de democracia en el Perú, de libertades políticas, de derechos sociales, de respeto a las diferencias… En nuestro país nada de ello ha sido cedido gratuitamente, donde sus clases dominantes han sido y siguen siendo profundamente antidemocráticas.

Por eso es que pensamos que sin bien es cierto que estamos asistiendo al eclipsamiento, por razones naturales, de no pocos epígonos de esa raza de luchadores sociales del movimiento popular peruano, no es menos cierto que mientras existan condiciones sociales y políticas para su existencia - como diría el poeta: ¡hay hermanos muchísimo que hacer!- del mismo seno de las masas surgirán sus defensores, dispuestos a tomar la posta que están dejando personalidades como las arriba señaladas.

miércoles, 7 de septiembre de 2011



ALFREDO TORERO
Huacho, Perú, 10 de setiembre de 1930
Valencia, España, 19 de junio de 2004


En el recuerdo de Antonio Rengifo Balarezo

Yo pensé que Alfredo iba a morirse rápidamente en el exilio, consumido por la nostalgia debido a su profundo arraigo al Perú y especialmente al Perú quechuahablante. Si se hubiera quedado en nuestra patria habría muerto masacrado en la prisión como les sucedió a tantos otros compatriotas. Felizmente, para el pueblo quechua, no ha ocurrido ni lo uno ni lo otro. Alfredo se sobrepuso y dejó una obra para reivindicar un legado ancestral. No he dicho felizmente para él porque Alfredo, hombre de principios, sabía arriesgar su vida por un ideal. La obra de Alfredo constituye el desquite contra la política colonial, que aún sobrevive.

La esperanza de retornar a la patria y su instinto de investigador lo ayudaron a sobrevivir en las duras condiciones del exilio. Una de las glorias del profesorado sanmarquino a quien Arguedas consideraba con autoridad para corregirle sus traducciones del quechua, continuó investigando en el exilio a partir de 1992.

Anidé nueve años el deseo de visitar a Alfredo. Hasta que un suceso inusitado me condujo a Lovaina y aproveché para ir a su encuentro en Ámsterdam. Me recibió en la estación del tren con su sonrisa de siempre, entre dulce y tímida con la permanente esperanza de retornar al país y la satisfacción de haber concluido de redactar un libro. Lo observé con un ligero aumento de peso (lo cual era positivo en él).

Se había resistido a aprender el idioma holandés –y con ello obtener algunos beneficios- porque eso le hubiera significado, según sus palabras, enraizarse en Holanda y perder las esperanzas de retornar a su querido Perú. Sin embargo, a nuestro eminente lingüista que ostentó los más altos grados académicos y que dictó cátedra e investigó en las principales universidades europeas, le esperaba una lóbrega prisión si hubiera retornado a su patria. Y esa espada de Damocles se mantuvo afilada aunque el régimen sanguinario y corrupto de Fujimori hubiera sido cambiado por el del presidente Toledo. ¡Qué tal paradoja! Por decir lo menos.

El gobierno holandés, prevenidamente, le había proporcionado un bastón de ciego porque su visión estaba limitada. A pesar de ello Alfredo me esperó en la estación del tren de Ámsterdam sin el bastón. Y, ya en su casa, noté que usaba computadora con letras ampliadas. (¡Ese Alfredo, no se rezagaba!) Me dijo que la limitación de la visión era una secuela de la presión ocular y del tiempo que estuvo vendado en la Dirección contra el terrorismo en Lima (DIRCOTE).

Aun en condiciones adversas permanecía inquebrantable, enhiesto a sus 71 años. Se mantenía actualizado con lo que sucedía en nuestra patria. Todo un día con su noche conversamos, sinópticamente, de todo; hasta de asuntos personales, íntimos. (Sus amigos sabemos que era un insomne consumado). Dispuse únicamente de un día para visitarlo por razones ajenas a mi voluntad. Al despedirse nos tomamos unas fotos y me dijo en broma que le avisara como estaba la situación en el Perú; porque si no era favorable a su retorno le haría “ojitos” a su vecina, una simpática holandesa que vivía sola. También me encargó que viera el estado del juicio que le había abierto el Estado.

Alfredo era un ejemplo paradigmático de resiliencia. Tenía un gran poder de recuperación y superaba las limitaciones. El ejemplo a la mano: los nueve años en el exilio que ya llevaba en el 2001 cuando nos reunimos por última vez. No se arredraba ante las empresas difíciles. Todo lo que logró le costó un gran esfuerzo.

Cuando los jóvenes con aspiraciones profesionales postergaban la edad para el matrimonio, él se casó, tan igual como lo hacía entonces un obrero o un joven de mi barrio, la Unidad Vecinal Nº 3. Estudiando Derecho en San Marcos enamoró a Anita Navarro y se casaron. Asistían a la universidad llevando a su hijo (En la universidad no había guardería infantil, como tampoco lo hay ahora.).

Luego de concluir sus estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1950-1956) partió a París sin beca, con su esposa, Anita Navarro, y dos hijos pequeños. Trabajó en la Agencia France-Press de 1961 a 1965. Antes lo había hecho en Lima. En Paris tuvo como compañero de labores a nuestro máximo cuentista: Julio Ramón Ribeyro. Simultáneamente estudió una Licenciatura de Letras en la Universidad de París (Sorbona) de 1960 a 1963 y el Doctorado en Lingüística, en la misma universidad de 1963 a 1965. El enorme esfuerzo desplegado le produjo un surmenage. Sin embargo, obtuvo el título de Doctor en Lingüística en 1965, con la tesis: Le puquina, la troisième langue générale du Pérou bajo la dirección de André Martinet (grado convalidado en el Perú por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos).

En 1964 aparece su primer artículo "Los dialectos quechuas", en la revista Anales Científicos de la Universidad Agraria. Como lo ha dicho el mismo Alfredo: condensaba ya en él unos veinte años de investigación. Ahí aparece el primer mapa lingüístico del Perú. Ese artículo, realmente, sorprendió. Es un artículo subversivo. Dejemos que el mismo autor nos lo diga: Como en la época se tenía al quechua como el idioma extendido por los incas desde el Cuzco y al habla cuzqueña como la única 'pura'; y, en las conclusiones de mi artículo se sostenía, en cambio, que el quechua se había originado en la costa central, en torno a Lima, y que el habla cuzqueña era un dialecto tan 'puro' como el ancashino o el huanca, o cualquier otro.

(Algunas veces los grandes descubrimientos o los aportes al conocimiento no aparecen bajo el formato de un libro. Basta un artículo, como lo hizo Alfredo. O un simple folleto, como el del médico rural inglés Edouardo Jenner con el que trasmitió su trascendental descubrimiento, hace ya más de doscientos cincuenta años: la vacuna contra la viruela).

Concluidos sus estudios en París, retorna a Lima y se incorpora a la actividad docente en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 1965-1992. Y en la Universidad Nacional Agraria La Molina, 1965-1972. Fue un profesor carismático, con influencia en el alumnado. Frecuentemente estaba rodeado de alumnos que luego devenían en amigos que frecuentaban su casa. Recuerdo a Angélica Aranguren de Antropología de San Marcos; de CC.SS. de la universidad agraria La Molina a Francisco Bazo, Nelson Manrique, Fano, Susana Uzátegui, Darío Alejandro Benavides Loayza y Alberto Gálvez Olaechea. Pancho Bazo estuvo requisitoriado un tiempo, Susana partió a Santiago de Chile al asumir el gobierno Salvador Allende, luego del sangriento golpe militar del general Pinochet se enrumbó hacia Nicaragua; Darío fue a Buenos Aires para integrarse a la guerrilla urbana que luchaba contra la sangrienta dictadura de Videla y murió en acción de armas; Beto Gálvez se integró muy joven al MRTA y ahora lleva en prisión 23 años. Nelson Manrique es un sociólogo de renombre. Otra joven a quien Alfredo le tenía mucho cariño y le dispensaba un trato paternal fue Cecilia Oviedo, quien fue empleada del Ministerio de Comercio y Secretaria General de la Confederación Intersectorial de Trabajadores Estatales (CITE) por los años 1982-1983; poco después, tuvo que verse forzada a exilarse en México. Bueno, hasta ahí las relaciones de Alfredo con los jóvenes.

Uno de sus aportes como lingüista fue la recuperación de idiomas andinos desaparecidos; y haciendo uso de sus conocimientos se divertía haciendo algunas tretas como si fuera un geniecillo travieso del bosque. Así develó el origen nativo de determinados personajes cuyos apellidos: Llontop, Kapsoli, etc.; no eran del pretendido ancestro europeo. Otro de sus aportes fue historiar el quechua, clasificar los dialectos y localizarlos geográficamente; por tal motivo, sus conocimientos de los idiomas de los Andes le permitían “adivinar” de qué pueblo de la Sierra eran originarios los migrantes en Lima cuando los escuchaba hablar en quechua. Se sorprendían de tal manera que lo creían “brujo”. También nos previno del traslado mecánico y fuera de contexto de palabras quechuas al castellano, como por ejemplo: kausachun, forma fonética del quechua sureño que significa “viva”, pero de vivir, no de vivar.

No sólo conocía idiomas extintos precolombinos y la historia del quechua; sino, también la historia del español. En ese sentido, era una autoridad para opinar sobre la correcta escritura de la palabra “Cuzco” que suscita encendidos debates, como también ocurre con la escritura de “Méjico”. Para Alfredo, la capital del Tahuantinsuyo se debe escribir con z, según me lo manifestó en una conversación coloquial. Si su opinión la hubiera hecho pública, habría ocasionado escozor en los cuzqueños antihispanistas a ultranza.

Alfredo ameritaba, por sus contribuciones en Congresos y publicaciones en nuestro país y en Europa, un sillón en la Academia Peruana de la Lengua; aunque yo creo que a él no le interesaba tal cosa, como no le interesó adquirir algún bien patrimonial; solo fue propietario de un viejo Volkswagen. Tampoco le interesó hacer carrera académica. Llegó a vicerrector por circunstancias fortuitas.

De sus publicaciones referentes al quechua destaco el libro que apareció en primera edición en 1974 en Lima y la segunda en 1980 en La Habana: El Quechua y la Historia Social Andina. Ambas ediciones agotadas. (En el 2007 salió en Lima una nueva edición). El libro se divide en dos partes. La primera es para lingüistas y en ella emplea la jerga y la simbología propia de especialistas (por lo tanto, yo quedé fuera de juego). Y la segunda es una sabrosa crónica explicativa de los procesos sociales en donde se combina la etnohistoria, la arqueología y la geografía. Está accesible a cualquier profano. (Debemos aprender el método de exposición alfrediano). Para la referida obra se valió de su conocimiento multidisciplinario, unificado por el enfoque marxista. (A esta modalidad epistemológica, Alfredo la llamaba pensamiento sanmarquino). Y pensando como sanmarquino, según sus palabras, escribió su voluminoso libro: Idiomas de los Andes Lingüística e Historia. (1ra. edición2002; 2da. edición 2005)

En los conocimientos de arqueología lo inició su padre; quien había sido un gran aficionado a la arqueología y había caminado desde Barranca hasta Huaral haciendo exploraciones Caral era conocido como Chupacigarro. (Alfredo supone que en ese asentamiento hacían ofrendas, de ahí su nombre).

Alfredo era un maestro de estilo peripatético, caminando o paseando, irradiaban conocimientos a sus alumnos y amigos. De esta manera, lo hemos disfrutado. Al respecto, recuerdo que una vez invitó únicamente a Cecilia, mi esposa en ese entonces, y a mí, a pasar la noche de Año Nuevo en la casa de la arqueóloga sanmarquina Ruth Shady, que en esa época era su pareja. Luego de los abrazos y del brindis con un licor de jengibre (kion) que elaboraba su hermano Domingo, y cuando Ruth y Cecilia se recostaron en los muebles para dormir, salimos los dos a caminar al parque del frente y amanecimos “conversando”; mejor dicho, yo solamente escuchaba y de vez en cuando lanzaba una pregunta.

Su actitud de investigador afloraba en cualquier momento. Así ocurrió cuando le dije que viajaba a Catacaos debido al fallecimiento del papá de mi amigo y extraordinario ceramista José Luis Yamunaqué, me encargó que anotara todos los nombres nativos que figuraban en el cementerio de Catacaos para entregarle la lista al retornar a Lima.

Una vez le dije en broma: ya sé la clave explicativa de tu gusto por la universidad y de que aún no te retires, pues he observado que cuando te encuentras rodeado de alumnas, el azul de tus ojos se intensifica. A pesar que Alfredo respondía al estereotipo del sabio distraído, su relación con las mujeres ha ocupado un lugar importante en su vida. Si bien, algunas mujeres le han causado desasosiego, en cambio, otras han sido sus ocasionales hadas madrinas, lo han salvado de situaciones difíciles o le han dado apoyo emocional para sobrellevar los sinsabores de la vida. Alfredo consideraba la amistad como un alto valor supremo y ha dado muestras de ello.

Cuando anteriormente he dicho que era distraído me refería específicamente a la dificultad que tenía para ubicarse en el espacio urbano. Perdía la noción del lugar en donde se encontraba abstraído en los planteamientos que continuamente proyectaba. Una vez al salir de un supermercado, luego de hacer compras, no recordaba donde había dejado estacionado su carro, creyó que se lo habían robado. “Apareció” el auto luego de medio día de búsqueda. Sin embargo, para otras cosas era “mosca”, como dicen ahora los muchachos.

La participación de Alfredo en los movimientos sociales data desde su época de alumno secundario. Fue cuando estudiaba becado e interno en el colegio Nacional Nuestra. Señora de Guadalupe. Ahí participó en una huelga estudiantil que se transformó en una protesta política. Ya de profesor en la Universidad Agraria La Molina se adscribió a una protesta estudiantil por reformar la universidad y mejorar las condiciones de vida de los obreros de la universidad ya que vivían inhumanamente y los animales como humanos opulentos. La movilización fue reprimida violentamente; la policía violó la autonomía universitaria y, consecuentemente, Alfredo pasó un corto período en prisión en 1972. Lo fui a visitar. En la cárcel era uno de los presos más respetados por los delincuentes. Y no lo era por ser catedrático universitario -aspecto que ignoraban-, sino porque en el verano los presos permanecían con el torso desnudo y Alfredo en la barriga ostentaba las cicatrices de numerosos cortes. No hacía mucho tiempo que lo habían operado de urgencia y le habían reducido el estómago por una peritonitis que se le presentó. Los presos creían que era un delincuente “ranqueado”. La universidad Agraria perdió su contenido humanista; el curso Movimientos campesinos en el Perú, que dictaba, por iniciativa de los alumnos, fue suprimido; lo mismo que la facultad de ciencias sociales, hasta el local fue arrasado.

Alfedo fue crítico del Instituto Lingüístico de Verano, entidad evangelizadora yanqui, asentada en la selva y expulsada por el Gobierno de las FF.AA. presidido por el General Velasco. (Con el cambio de gobierno, fue restablecida). También el ILV se interesó por el quechua. Es que la lengua puede convertirse en vehículo de penetración ideológica, de desintegración social, si poderes externos, como el imperialismo yanqui, la vuelven contra el propio pueblo que la habla. Debe recordarse que con la misma finalidad se creó una cátedra de quechua en la universidad de San Marcos en la época colonial con el objetivo de extirpar las llamadas “idolatrías” y suplantarlas por el catolicismo. Sin embargo, el quechua también tiene otra finalidad, como la tuvo para Alfredo:

Mi interés por el estudio del quechua estuvo enteramente ligado a la preocupación por el cambio social y político en mi país. Para participar en tal cambio, tenía que empezar por comprender al Perú en su diversidad y complejidad; y hacia allí estuvieron dirigidos mis empeños desde mi primera juventud. Por ello, no me limité a hurgar en las lecturas y la realidad solamente lo relativo al quechua y a otras lenguas nativas, sino a tratar de entender la tan varia geografía, la historia de milenios, el hervor de culturas y las agudas tensiones sociales que hacen del Perú países mil. (*)

Cuando fue Vicerrector administrativo de la Universidad de San Marcos (1985-1990) lo invité a mi casa en la Unidad Vecinal No. 3; también había invitado a Miguel Gutiérrez, novelista, y a Fernando Lecaros, sociólogo, historiador y editor. Eran mis amigos más cercanos, pues don Emilio Choy ya había fallecido (1978). Pasado el tiempo, Fernando me dijo: felizmente, yo he sido el único –de aquella reunión amical- que no ha pasado por la Dirección contra el terrorismo (DIRCOTE). Debe recordarse que siendo vicerrector, Alfredo formó una comisión para que asistiera a los alumnos sanmarquinos en prisión con alimentos, medicinas y defensa jurídica.

Al ser capturado por la DIRCOTE los amigos más cercanos de Alfredo nos apersonamos a la Av. España para averiguar sobre su situación y prestarle nuestros servicios. Igualmente, cuando estuvo en una habitación de la clínica Maison Sante bajo vigilancia policial. Nos contó que cuando rescató su carro intentaron asesinarlo, pues le dispararon desde un puente de la Vía expresa y a su auto le habían sacado algunas turcas del aro. Poco después partió al exilio en 1992.

Recuerdo que cuando mis hijos estaban pequeños Alfredo frecuentaba mi casa y medio en broma y medio en serio decía que mi casa se parecía al arca de Noé y a las clases en San Marcos porque mis pequeños hijos estaban presentes alterando el orden e interrumpiendo las conversaciones y no solo eso sino también hasta opinaban de manera diversa sin ningún reparo y sin el control de Lourdes, en ese tiempo mi esposa. Cuando pasó el tiempo la amistad conmigo se hizo extensiva a mis hijos. Tal es así que una de mis hijas fue a visitarlo en Ámsterdam cuando hizo una gira en un electo de baile. Luego se estableció en Paris cuando se casó con un francés. Alfredo al pasar por París se alojaba en casa de mi hija.

Existe un lingüista peruano, patrocinado por institutos norteamericanos, que se convirtió en el Salieri de Alfredo. (No sólo Mozart tuvo su Salieri). Cuando estuvo en una situación delicada, vulnerable, escribió un artículo en la revista Andina del Cuzco contra Alfredo. En cambio, Henrique Urbano, el director de la revista, publicó un artículo haciendo un balance del contenido de las investigaciones en ciencias sociales y, con calificativos extremistas, poco usual para nuestro medio, no dejó títere con cabeza a excepción de Alfredo fue respetado y esta vez, por sus reconocidos méritos de investigador.

Alfredo pertenece a la estirpe de artistas, intelectuales y científicos que han hecho aportes a la humanidad y que a la vez han sido reprimidos por su sensibilidad social y temperamento. Es el caso de nuestros paisanos Mariátegui y Vallejo y de los europeos: Rudolf Virchow, (1821-1902), patólogo, arqueólogo, antropólogo y epidemiólogo alemán, fundador de la patología celular. Autor de un informe clásico de la Salud Pública sobre la epidemia de tifus de 1848 en Silesia Alta, Prusia. El físico francés Paul Langevin que desarrolló en 1905 una teoría sobre la variación con la temperatura de las propiedades magnéticas de las sustancias paramagnéticas basada en la estructura atómica de la materia. (Por si fuera poco, Paul le hizo sacar los pies del plato a la primera mujer que recibió el Nobel). Norman Bethune, el médico canadiense que efectuó la primera transfusión de sangre fuera de la clínica, en el campo de batalla durante la guerra civil española y murió en China militando en la guerrilla maoista.

Cuando Alfredo partió al exilio ya tenía un reconocimiento académico internacional. Por tal motivo, fue acogido como docente e investigador invitado de las universidades de Valladolid, Valencia y Salamanca, del Instituto Cervantes, Alcalá de Henares-Madrid, España. Netherlands Institute for Advanced Study (NIAS), Wassemaar. Holanda. Universidad de Bonn, Alemania. Universidad de Leiden, Holanda. Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), Francia. Universidad de Paris V (René Descartes). Y otras...

Poco antes que partiera de Ámsterdam hacia Valencia donde eligió morir y tenía amigos, sostuvimos una conversación telefónica de cerca de una hora, habló de muchas cosas, pero menos de su enfermedad; no expresó ningún asomo de queja.. Al final, me dijo: me siento algo fatigado, me despido un abrazo Antonito. Hasta para morir supo tener dignidad.

Cuando fueron traídas sus cenizas a Lima de paso hacia Huacho, su tierra natal, se le rindió un homenaje en San Marcos debido a la gestión del historiador Pablo Macera. Asistieron las dos Anitas, es decir, su esposa y su hija. Finalizada la ceremonia invité a su hermano Domingo a la cafetería. Estaba emocionado y quería hacer mi catarsis, Domingo era la persona más adecuada para tal fin. Le solté las aguas represadas de mis recuerdos con plena franqueza. En uno de los pasajes acotó: Alfredo se enamoraba hasta de la mariposita que pasaba delante de él. Este acotamiento cariñoso y elegante de su hermano no vaya a conducir a equívocos puesto que el amor de su vida fue un Perú integral con pendón socialista.

rengifoantonio@gmail.com

Reescrito: 12/07/2011

(*)“Testimonio y lectura sobre José María Arguedas". Conferencia magistral de Alfredo Torero en el Coloquio "José María Arguedas de Antropología y Literatura”. México,1999

lunes, 29 de agosto de 2011



SOBRE LA “NUEVA” TEORÍA

DE LA INCLUSIÓN


Carlos Olazo Sillau


Cada cierto tiempo aparecen términos nuevos que rápidamente se convierten en una suerte de cábala con la que se pretende descifrar la problemática del momento y la alternativa a su vez. De estos términos recordamos, por ejemplo, “modernidad”, que en los tiempos de Fujimori era casi un grito de batalla de los neoliberales de entonces.

Ahora, el término exclusión social forma parte obligatoria del léxico de académicos, y políticos. No existe, prácticamente, ningún problema social importante en el país que no requiera de su auxilio para interpretarlo y de su opuesto, la inclusión, como necesaria y definitiva respuesta.

Sería intrascendente que cualquier concepto o teoría se vuelva una moda en las tertulias de cafetín. Pero es preocupante cuando se los asume como argumentos teóricos para fundamentar supuestas alternativas políticas, y peor todavía, cuando se les convierte sin más en programa de gobierno.

Esto es lo que viene sucediendo con la teoría de la exclusión/inclusión social, que luego de ser asumida, por la mayoría de agrupaciones, dirigentes y teóricos de nuestra izquierda, pasó a convertirse en uno de los ejes de la propuesta de Ollanta Humala en su discurso del 28 de julio.

Tampoco tendría nada de malo que la izquierda la asumiera, si es que esta teoría no fuera contrapuesta a la dogmática (en el buen sentido del término) propia, salvo que hubiera mediado un proceso de reformulación o de asimilación que las armonice y evite lo que hoy aparece como un despelote teórico.

El caso de Ollanta Humala es explicable puesto que realizó estudios de post grado en Francia, lugar de nacimiento de nuestra teoría en cuestión, donde expresiones como “exclusión social” o “los excluidos” apuntan a un concepto republicano que gira en torno a la idea de cohesión social y a los problemas de la urbanización y la modernización como fuente de un eventual debilitamiento de los lazos que mantienen funcionando el tejido social, de una sociedad industrial. Es lícito, entonces, pensar que esta teoría sea parte del bagaje de su formación política.

Este concepto tiene ya larga data. Fue acuñado en los años 60 y 70, formando parte de la búsqueda de respuestas a los problemas sociales que abonaban el peligroso avance del ideario socialista en un mundo convulsionado por revoluciones y por revueltas en la propia casa como el histórico “mayo 68”. Pero no sería hasta la segunda mitad de los 80 cuando realmente cobra importancia en la escena política francesa, con la creación del denominado Ingreso Mínimo de Inserción. Es a partir de aquí que el tema de la exclusión/inclusión pasar a ocupar un rango privilegiado en el pensamiento de la actual Unión Europea, llegando a reemplazar totalmente, por un tiempo al menos, al concepto de pobreza. Llegó incluso a ser asumido oficialmente por una resolución del Consejo Europeo llamada Combatir la exclusión social. De allí este concepto devino en una suerte de vedete y fue adoptado rápidamente por la Naciones Unidas y el Banco Mundial. Llegó incluso a formarse la Unidad para la exclusión social bajo el gobierno de Tony Blair quien también creó un ministerio para la exclusión social.

Al menos por sus orígenes es incuestionable que esta teoría nada tiene de revolucionaria, sino todo lo contrario. ¿Pero lo será también como idea, como teoría propiamente dicha?

Al respecto hay que señalar que como concepto ha tenido una larga evolución en el que luego de muchos años, y ya menguada la amenaza socialista, pasó de ser de contrapuesto al concepto de pobreza, a una suerte de complemento. De esta manera la Unión Europea ya en el 2003 lo definió así: “Exclusión social es un proceso que relega a algunas personas al margen de la sociedad y les impide participar plenamente debido a su pobreza, a la falta de competencias básicas y oportunidades de aprendizaje permanente, o por motivos de discriminación. Esto las aleja de las oportunidades de empleo, percepción de ingresos y educación, así como de las redes y actividades de las comunidades. Tienen poco acceso a los organismos de poder y decisión y, por ello, se sienten indefensos e incapaces de asumir el control de las decisiones que les afectan en su vida cotidiana.”

Con esta definición el concepto superó en mucho su inicial ambigüedad y eclecticismo, para convertirse en una suerte de nueva forma de presentación de los derechos humanos. En el Perú y en América Latina en general, ésta es la acepción que se viene manejando en los últimos años, pero poniendo énfasis en aspectos más sensibles a la realidad como por ejemplo el problema étnico, la desigualdad social, entre otros. De todas formas, de esta teoría se derivan “soluciones” de tipo asistencialista o de un justicialismo puramente administrativo, jurídico o declamativo. Por esta razón, en Europa ninguna de las medidas adoptadas, tanto en Francia o en Inglaterra (Ministerios de por medio), rindió frutos importantes, al punto de haberse desdibujado como propuesta atractiva en los planes partidarios y de gobierno.

Como teoría, entonces, la exclusión/inclusión, no es sino una forma de enmascarar la real naturaleza de la problemática social. La relación vertical, vale decir, de dominantes-dominados, poderosos-débiles, explotadores-explotados, imperio-nación, es sustituida por una relación horizontal incluidos-excluidos, que supuestamente el Estado puede corregir mediante determinadas políticas sociales y una mejor legislación.

Que una concepción como esta la promueva el Banco Mundial y la enarbole el gobierno de Ollanta Humala, en buena hora, que cualquier mejora para los pobres y los oprimidos, cualquier reforma, es buena. Pero resulta criticable que la izquierda la asuma acríticamente y que sin más abandone o soslaye sus propuestas de ir al fondo del problema para alcanzar la verdadera transformación del país. No sólo por un prurito teorético, sino porque de esta manera se fortalecen las tendencias opuesta a un cambio real, que es lo que buscaron sus más conocidos defensores: Pierre Massé, René Lenoir, Raymond Arond, todos ellos connotados militantes del anti- socialismo.


Trujillo, agosto de 2011

sábado, 18 de junio de 2011


LA DERROTA
DEL FASCISMO


Mario Vargas Llosa


La victoria de Ollanta Humala en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el último 5 de junio, ha salvado al Perú de la instalación de una dictadura que, amparada por una mayoría electoral, hubiera exonerado al régimen de Fujimori y Montesinos (1990-2000) de los crímenes y robos que cometió, así como de los atropellos a la Constitución y a las leyes que marcaron ese decenio. Y hubiera devuelto al poder a los 77 civiles y militares que, por delitos perpetrados en esos años, cumplen prisión o se encuentran procesados. Por la más pacífica y civilizada de las formas -un proceso electoral- el fascismo hubiera resucitado en el Perú.

"Fascismo" es una palabra que ha sido usada con tanta ligereza por la izquierda, más como un conjuro o un insulto contra el adversario que como un concepto político preciso, que a muchos parecerá una etiqueta sin mayor significación para designar a una típica dictadura tercermundista. No lo fue, sino algo más profundo, complejo y totalizador que esos tradicionales golpes de Estado en que un caudillo moviliza los cuarteles, trepa al poder, se llena los bolsillos y los de sus compinches, hasta que, repelido por un país esquilmado hasta la ruina, se da a la fuga.

El régimen de Fujimori y Montesinos -da vergüenza decirlo- fue popular. Contó con la solidaridad de la clase empresarial por su política de libre mercado y la bonanza que trajo la subida de los precios de las materias primas, y de amplios sectores de las clases medias por los golpes asestados a Sendero Luminoso y al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, cuyas acciones terroristas -apagones, secuestros, cupos, bombas, asesinatos- las tenían en la inseguridad y el pánico. Sectores rurales y lumpen fueron ganados mediante políticas asistencialistas de repartos y dádivas. Quienes denunciaron los atropellos a los derechos humanos, las torturas, desapariciones y aniquilamiento masivo de campesinos, trabajadores y estudiantes acusados (falsamente en la mayoría de los casos) de colaborar con el terrorismo, fueron perseguidos e intimidados, y sufrieron toda clase de represalias. Montesinos prohijó una floración de una "prensa chicha" inmunda, cuya razón de ser era hundir en el oprobio a los opositores mediante escándalos fabricados.

Los medios de comunicación fueron sobornados, extorsionados y neutralizados, de modo que el régimen sólo contó con una oposición en la prensa minimizada y en sordina, la necesaria para jactarse de respetar la libertad de crítica. Periodistas y dueños de medios de comunicación eran convocados por Montesinos a su oscura cueva del Servicio de Inteligencia, donde no sólo se les pagaba su complicidad con bolsas de dólares, también se les filmaba a escondidas para que quedaran pruebas gráficas de su vileza. Por allí pasaban empresarios, jueces, políticos, militares, periodistas, representantes de todo el espectro profesional y social. Todos salían con su regalo bajo el brazo, encanallados y contentos.

La Constitución y las leyes fueron adaptadas a las necesidades del dictador, a fin de que él y sus cómplices parlamentarios pudieran reelegirse con comodidad. Las pillerías no tenían límite y llegaron a batir todas las marcas de la historia peruana de la corrupción. Ventas de armas ilícitas, negocios con narcotraficantes a quienes la dictadura abrió de par en par las puertas de la selva para que sus avionetas vinieran a llevarse la pasta básica de cocaína, comisiones elevadas en todas las grandes operaciones comerciales e industriales, hasta sumar en 10 años de impunidad la asombrosa suma de unos 6.000 millones de dólares, según cálculos de la Procuraduría que, al volver la democracia, investigó los tráficos ilícitos durante el decenio.

Esto es, en apretado resumen, lo que iba a retornar al Perú con los votos de los peruanos si ganaba las elecciones la señora Keiko Fujimori. Es decir, el fascismo del siglo XXI. Éste ya no se encarna en svásticas, saludo imperial, paso de ganso y un caudillo histérico vomitando injurias racistas en lo alto de una tribuna. Sino, exactamente, en lo que representó en el Perú, de 1990 a 2000, el gobierno de Fujimori. Una pandilla de desalmados voraces que, aliados con empresarios sin moral, periodistas canallas, pistoleros y sicarios, y la ignorancia de amplios sectores de la sociedad, instala un régimen de intimidación, brutalidad, demagogia, soborno y corrupción, que, simulando garantizar la paz social, se eterniza en el poder.

El triunfo de Ollanta Humala ha mostrado que todavía quedaba en el Perú una mayoría no maleada por tantos años de iniquidad y perversión de los valores cívicos. Que esta mayoría fuera apenas de tres puntos pone los pelos de punta, pues indica que las bases de sustentación de la democracia son muy débiles y que hay en el país casi una mitad de electores que prefiere vivir bajo una satrapía que en libertad. Es una de las grandes tareas que tiene ahora en sus manos el gobierno de Humala. La regeneración moral y política de una nación a la que, el terrorismo de un lado y, del otro, una dictadura integral, han conducido a tal extravío ideológico que buena parte de él añora el régimen autoritario que padeció durante 10 años.

Un rasgo particularmente triste de esta campaña electoral ha sido la alineación con la opción de la dictadura del llamado sector A, es decir, la gente más próspera y mejor educada del Perú, la que pasó por los excelentes colegios donde se aprende el inglés, la que envía a sus hijos a estudiar a Estados Unidos, esa "elite" convencida de que la cultura cabe en dos palabras: whisky y Miami. Aterrados con los embustes que fabricaron sus propios diarios, radios y canales de televisión, que Ollanta Humala reproduciría en el Perú la política de estatizaciones e intervencionismo económico que ha arruinado a Venezuela, desencadenaron una campaña de intoxicación, calumnias e infamias indescriptibles para cerrarle el paso al candidato de Gana Perú, que incluyó, por supuesto, despidos y amenazas a los periodistas más independientes y capaces. Que éstos, sin dejarse amedrentar, resistieran las amenazas y lucharan, poniendo en juego su supervivencia profesional, para abrir resquicios en los medios donde pudiera expresarse el adversario, ha sido uno de los hechos más dignos de esta campaña (por ejemplo, destaco la labor realizada por la publicación digital La Mula). Así como fue uno de los más indignos el papel desempeñado en ella por el arzobispo de Lima, el cardenal Cipriani, del Opus Dei, uno de los pilares de la dictadura fujimontesinista, que me honró haciendo leer en los púlpitos de las iglesias de Lima, en la misa del domingo, un panfleto atacándome por haberlo denunciado de callar cuando Fujimori hacía esterilizar, engañándolas, a cerca de 300.000 campesinas, muchas de las cuales murieron desangradas en esa infame operación.

¿Y ahora, qué va a pasar? Leo en El Comercio, el diario del grupo que superó todas las formas de la infamia en su campaña contra Ollanta Humala, un editorial escrito con gran moderación y, se diría, con entusiasmo, por la política económica que se propone aplicar el nuevo presidente, la que ha sido celebrada también, en un programa televisivo, por directivos de la confederación de empresarios, uno de los cuales afirmó: "En el Perú lo que falta es una política social". ¿Qué ha ocurrido para que todos se volvieran humalistas de pronto? El nuevo presidente sólo ha repetido en estos días lo que dijo a lo largo de toda su campaña: que respetaría las empresas y las políticas de mercado, que su modelo no era Venezuela sino Brasil, pues sabía muy bien que el desarrollo debía continuar para que la lucha contra la pobreza y la exclusión fuera eficaz. Desde luego, es preferible que los nostálgicos de la dictadura escondan ahora los colmillos y ronroneen, cariñosos, a las puertas del nuevo gobierno. Pero no hay que tomarlos en serio. Su visión es pequeñita, mezquina e interesada, como lo demostraron en estos últimos meses. Y, sobre todo, no hay que creerles cuando hablan de libertad y democracia, palabras a las que sólo recurren cuando se sienten amenazados. El sistema de libre empresa y de mercado vale más que ellos y por eso el nuevo gobierno debe mantenerlo y perfeccionarlo, abriéndolo a nuevos empresarios, que entiendan por fin y para siempre que la libertad económica no es separable de la libertad política y de la libertad social, y que la igualdad de oportunidades es un principio irrenunciable en todo sistema genuinamente democrático. Si el gobierno de Ollanta Humala lo entiende así y procede en consecuencia por fin tendremos, como en Chile, Uruguay y Brasil, una izquierda genuinamente democrática y liberal y el Perú no volverá a correr el riesgo que ha corrido en estos meses, de volver a empantanarse en el atraso y la barbarie de una dictadura.

elpaís.com/19-06-11


sábado, 1 de mayo de 2010

PURA FINTA

Fiel a su estilo rocambolesco, el Presidente García cerró sus últimos ataques de moralina con un nuevo anuncio: está pidiendo al Congreso, a nombre del Ejecutivo, que se adelante en Lima la aplicación del nuevo código procesal penal con el supuesto fin de cerrarle el paso a los funcionarios corruptos de su régimen, que amenazan arrastrar en su desembalse a los Secretarios Generales del partido aprista. Contra lo que suponía, la reacción no ha sido favorable, los críticos, políticos o no, no se han dejado empelotar ni con la altisonancia de las frases que tan bien consigna Heduardo - ¡gracias trome!- en la caricatura que ilustra esta nota, mucho menos con el rimbombante pedido al Parlamento.

Creo que si el Presidente García quisiera realmente combatir la corrupción y dejar huella en este terreno, lo primero que tendría que hacer es esclarecer - en el nivel que corresponda- los cargos que "por la presunta comisión de los delitos de enriquecimiento ilícito, y contra la fe pública, durante el ejercicio de las elevadas funciones públicas" le formuló en 1991 la Comisión parlamentaria que investigó su gestión durante su primer gobierno (1985-1990), que no llegaron a ventilarse judicialmente por haberse acogido el mandatario a la figura jurídica de la prescripción.

El semanario Hildebrant en sus trece, acaba de recordarnos que la mencionada comisión parlamentaria estuvo conformada por los diputados Rafael Rey, Ántero Flores Aráoz, Ernesto Gamarra Olivares, Marcos Herrera Pacheco y Ricardo Letts Colmenares. Por lo que vemos y leemos ni Rey ni Flores Áraoz parecen acordarse ya del tema, de otra manera, suponemos, no habrían aceptado ser ministros del actual gobierno.

Esa desmemoria no solo la sufren ambos personajes, también es una dolencia que afecta a la derecha peruana, que hasta antes de la segunda vuelta del último proceso electoral demostró lucidez para enrostrarle al entonces candidato García los supuestos delitos cometidos durante su primero gobierno. Pero cuando hubo que decidir entre García y el Comandante Humala, esa derecha fue presa súbitamente del mal de Alzheimer y sus amnesias: olvidaron totalmente las acusaciones, poniéndose a la orden del alumno de Haya de la Torre. Para uno y otros la alianza fue como sacarse la lotería.

martes, 27 de abril de 2010

¡ESCUCHEN
HIPÓCRITAS!

El Presidente García, en un rapto de iluminación moral fustigó ayer, en la Universidad Peruana Unión, Ñaña, a los que llamó "hipócritas de la corrupción".
Veamos algunas de las frases condenatorias, tomadas de las notas periodísticas:

Cristo, dijo, "condenaba a los hipócritas, que son los que engañan, que son los que se presentan como puros y santos, y tienen el alma envenenada porque odian".

Ellos son los que dicen: "Vengo a servir al pueblo, pero se llenan los bolsillos con el pueblo; son los que dicen quiero servir a los más humildes, pero se valen de cualquier recodo para aprovecharse de los más humildes."

"Esos hipócritas de la corrupción, que son los sepulcros blanqueados, que pregonan y predican ser puros, en el fondo sólo tienen el espíritu del demonio dentro", expresó el mandatario.

Señaló que Cristo también era firme y fuerte, "como hay que ser en la vida, contra los hipócritas, porque no hay mayor pecado que el de la hipocresía de quien se presenta como puro teniendo negra el alma".
El Presidente García culminó su intervención expresando que "él es un político, un hacedor de cosas materiales, un organizador de personas y de instituciones; pero que no pierde la esencia fundamental y su creencia en Dios".