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jueves, 1 de abril de 2010

¿QUÉ PASA
CON MI IGLESIA?


La vida me ha enseñado a respetar todos los credos religiosos y a sus respectivas feligresías, asimismo he aprendido a diferenciar jerarquías de grey. No creo por ello faltarle el respeto a nadie si es que sostengo que el Cardenal Cipriani, preocupado ahora por echar del gobierno al Ministro Ugarte por el tema de la llamada píldora del día siguiente, debería más bien explicar al pueblo católico qué es lo ocurre con esos jerarcas de su Iglesia comprometidos con los ene casos de abusos sexuales descubiertos en los últimos tiempos.

En Viena, una agrupación de católicos críticos con el Vaticano está impulsando lo que se llaman ceremonias de penitencia a las que están asistiendo miles de personas dispuestas a escuchar la palabra de sus religiosos. Ante ellos, recientemente el Arzobispo de Viena, a nombre de la Iglesia Católica, ha pedido perdón y ha mostrado arrepentimiento, luego de que los feligreses públicamente mostraran su desencanto.

Algo de esto debería hacer el Cardenal Cipriani para salvaguardar el prestigio de su Iglesia, bastante vapuleada por los escándalos sexuales y por los propios actos de un jerarca que como Cipriani piensa que está viviendo en los tiempos coloniales. Ya se lo han dicho y lo repetimos: que deje al Estado laico peruano manejar sus problemas, que él de dedique en cuerpo y alma a su Iglesia para responder interrogantes como las formuladas por los católicos austriacos: "Dios, te pregunto: ¿qué pasa con mi Iglesia?

lunes, 9 de noviembre de 2009

LA CAVERNA VOLVIÓ
A GANAR

Se veía venir. El Tribunal Constitucional acaba de prohibir al gobierno peruano la venta del lote de 60 000 píldoras del día siguiente existente en el Ministerio de Salud, que se distribuían gratuitamente como parte de una política de planificación familiar adoptada años atrás, pero que ante una decisión del mismo Tribunal -prohibiendo esa entrega-habían quedado depositadas en los almacenes de esa dependencia estatal.

Dada esa resolución, que le da en la yema del gusto a los sectores más conservadores y reaccionarios de la Iglesia y de la sociedad peruana, no sería nada extraño que se ordenase la incineración del lote de pastillas indicado, tal como lo están solicitando las cabezas visibles de esos sectores.
El ambiente está creado. El cardenal Cipriani ha dicho: "Da pena que nuestras autoridades de salud en lugar de curar vean si ese veneno de la pastilla del día siguiente la rematan a diez centavos a la gente pobre". Sólo falta que su segundo al mando, el Ministro Rafael Rey, vuelva a pedir la incineración del lote para que redonden su faena.
¿De quién depende que ello no ocurra? La respuesta la tienen las organizaciones de la sociedad civil que consideran que acuerdos como los del Tribunal Constitucional no hacen sino violentar el derecho de las mujeres peruanas de regular sus capacidades reproductivas.
Que la caverna no se salga con la suya.

jueves, 29 de octubre de 2009

LES IMPORTA
UN CARAJO


La República

El Poder Ejecutivo ha anunciado que no recurrirá a la Corte Internacional de Derechos Humanos para dilucidar la resolución del Tribunal Constitucional(TC) que prohibe la distribución gratuita, en los centros estatales de salud, de la llamada píldora del día siguiente. Ha precisado, sin embargo el Primer Ministro Velásquez Quesquén, que de haberse acudido a esa Corte, el Estado peruano lo hubiera hecho "no para cuestionar el fallo del Tribunal" sino para que la Corte aclare si la cuestionada píldora es abortiva o no" (¡¡!!), cuando la Organización Mundial de la Salud - la llamada a opinar sobre estas dudas- hace años que ya expresó, en todos los idiomas, que ese medicamento no es otra cosa que un anticonceptivo oral de emergencia.
Por donde quiera mirarse esa decisión del Ejecutivo, lo cierto es que con ella nuestros gobernantes revelan cuán poco los interesa los derechos reproductivos de las mujeres peruanas. En términos más directos les importa un carajo el derecho de las mujeres pobres a regular su maternidad acudiendo a ese anticonceptivo que los distribuía gratuitamente el Ministerio de Salud, para de este modo hacer frente a imponderables que pueden presentarse en la realización del acto sexual.
Esos derechos de la mujer son los que están en cuestión, aunque las propias mujeres no se den cuenta de ello. Es decir, en el presente siglo, en el marco de los avances de la ciencia y la tecnología, las mujeres, en el ejercicio de su derecho a la vida deben acceder a una adecuada atención a su salud sexual y reproductiva; y al mismo tiempo hacer uso de lo que puede denominarse autoregulación de su vida sexual y reproductiva.
En otras palabras, el Estado peruano, de acuerdo a las convenciones internacionales, debe garantizar a las mujeres peruanas una adecuada orientación y atención a todo lo que atañe su salud sexual y sus capacidades reproductivas. Las políticas adecuadas de planificación familiar vigentes, que incluyen la educación sexual, se orienta justamente a que las mujeres asuman conscientemente la maternidad. Los sectores más conservadores y reaccionarios de la sociedad peruana, incluyendo a los de la Iglesia Católica, le han puesto la puntería a esas políticas.
Como lo ha denunciado el Ministro de Salud: el cuestionamiento de la píldora del día siguiente y la prohibición de su distribución gratuita, forma parte de una estrategia mayor que busca desmontar todo lo conquistado por las mujeres peruanas en uso de su derecho de atención a su salud sexual y reproductiva.
Pero además, las mujeres de este siglo tienen derecho a autodeterminar sus capacidades sexuales y reproductivas. Ni el Estado, ni ninguna confesión religiosa, tiene autoridad para inmiscuirse en lo que deben ser decisiones propias, autónomas, de las mujeres. Desde esta mira, el placer sexual no tiene porque ser anulado o recortado porque a los señores Cipriani y Rey - que nunca lo han gozado- se les antoje en aplicación de verdades medievales; como tampoco el Estado ni confesión religiosa alguna pueden pretender manipular el derecho que tienen las mujeres de procrear o no.
Rocío Silva Santisteban, escritora peruana reveló hace algunos domingos que estando en Viena, - hace 20 años- sospechó estar embarazada. En un Centro médico de esa ciudad confirmaron sus sospechas, pero, aquí viene lo interesante: le dijeron, sin aprensiones de ninguna naturaleza, que ante esa situación tenía 2 alternativas: una, regresar al día siguiente para cortar el embarazo, y dos, volver al cabo de 30 días, para empezar los seguimientos médicos del caso. Rocío conscientemente, optó por lo segundo, haciendo uso de lo que se denomina su libre albedrío.
Estos derechos, que como vemos, están vigentes en otras latitudes, son los que la mujer peruana tiene que conquistar, en eso consiste su derecho integral a la vida.

miércoles, 28 de octubre de 2009

COMO UNOS
CHANCHOS



Como diría don Mario Cóndor Salcedo, natural de Carhuamayo: los miembros del Tribunal Constitucional están quedando como unos chanchos al tratar de defender lo indefendible: su fallo de prohibir, en los centros de salud estatales, la distribución gratuita de la píldora del día siguiente por sospechosa de ser abortiva. Ayer, en el Congreso de la República, los representantes de la Organización Mundial de la Salud en Lima, de la Oficina Panamericana de la Salud y de la Sociedad Peruana de Obstetricia y Ginecología, entidades a todas luces autorizadas, nacional e internacionalmente para pronunciarse sobre el tema en controversia, dijeron al unísono que el citado medicamento " no tiene ningún efecto en la inhibición del óvulo fecundado y por consiguiente no es abortivo".
La opinión de la Organización Mundial de la Salud no es nueva. Lo dijimos en nuestro envío anterior: la Resolución 7435 del año 2006 del mencionado Tribunal (que justamente autoriza la distribución inmediata y gratuita de la píldora del día siguiente o de emergencia), se funda, entre otros documentos, en lo informado por la Oficina Panamericana de la Salud (Oficina de la Organización Mundial de la Salud) con fecha 14 de marzo del año 2006. Dicho informe dice textualmente: "...la comunidad científica internacional coincide en que el anticonceptivo oral de emergencia no es abortivo".
En ese mismo sentido se había pronunciado el Colegio Médico del Perú, al señalar que "la píldora del día siguiente era la mejor alternativa del Estado a los abortos no deseados y a los abortos inducidos".
Pero hay más: la Defensoría del Pueblo, a la que también se pidió opinión sobre el punto, emitió en su momento el Informe Defensorial Nº 78, fechado el 25 de setiembre del año 2006, en el cual, apoyándose en dictámenes científicos y especializados, como en las conclusiones de una Comisión de Alto Nivel formada por mandato de la Resolución Suprema Nº 007-2003-SA ( encargada de emitir su opinión sobre la anticoncepción oral de emergencia), señaló contundentemente que ese método anticonceptivo - la píldora- no tenía ninguna consecuencia abortiva.
Y no puede tener esos efectos porque como bien lo dice el Informe: "El embarazo es un proceso gradual que no se inicia inmediatamente después de producida la relación coital". La píldora de emergencia - la del día siguiente- actúa antes que empiece ese proceso.
¿Si esto se conoce desde hace tanto tiempo por qué entonces el Tribunal Constitucional ha prohibido la distribución gratuita de la píldora del siguiente? Habría que preguntáselo al Cardenal Cipriani o al Ministro Rey. Este último, por si no lo saben, estaría andando con una tea en la mano dispuesto a quemar la dotación de 65 000 pastillas del día siguiente que existe en el Ministerio de Salud y cuyo destino es incierto ante la Resolución del Tribunal Constitucional.
Lea el Informe de la Defensoría del Pueblo:

sábado, 24 de octubre de 2009

EL ABORTO
DEL TRIBUNAL





César Hildebrandt

Está probado que la píldora del día siguiente impide la concepción porque engrosa el moco cervical y altera la ovulación. De modo que el espermatozoide busca sin suerte y no se empareja con nadie. No hay “boda microscópica”.
Eso lo dice la Organización Mundial de la Salud, lo confirman las pruebas de laboratorio y lo aseguran todos los médicos serios a los que se puede consultar.
Sin embargo, el Tribunal Constitucional, al que tenemos hasta en la sopa, ha decidido meterse ahora en el endometrio y en el moco para decirnos que “no está probado” que la píldora en cuestión “no sea abortiva”.Bueno, tampoco está probado que los magistrados del TC no sean idiotas.
Porque hay que tener algo de idiota para desacreditar a la institución a la que se pertenece.Y no me refiero sólo a la “sentencia” de ayer –sentencia que contradice una del 2006, año en el que el mismo tribunal declaró que sí era legítimo que el ministerio de Salud repartiera gratuitamente la píldora del día siguiente-.
Me refiero a los aberrantes fallos con los que el TC, politizado por el mecanismo del nombramiento de sus miembros, ha excedido largamente su jurisdicción, o ha lesionado derechos individuales, o ha interpretado, bajo presión, de un modo arbitrario, la propia Constitución.Todos recordamos las sentencias del TC respecto del carácter inamovible de los beneficios de la ley pensionaria 20530 debido a que la casi totalidad de sus miembros disfrutaba de sus beneficios.
Todos hemos visto lo que pasó en el caso de Antauro Humala, donde el TC, bajo presión directa del aparato de coerción del Estado, hubo de modificar una propia sentencia gracias al cambio repentino de parecer de uno de sus integrantes.
Juristas como Aníbal Quiroga, de cuya conducta política se puede discrepar pero cuyos conocimientos académicos resultan indiscutibles, han recordado en un ensayo casos vergonzosos como aquel en el que el TC emitió, desde su página web, dos sentencias contradictorias con la firma del mismo ponente (fue el 18 de febrero del año 2005).
Y ya no hablemos de aquel famoso caso en el que un TC conducido por sonámbulos se atrevió a pronunciarse sobre una ley ya derogada (la ley 28577, que versaba sobre el cómputo de carcelería en los casos de arresto domiciliario).El TC nació para proteger la Constitución.La Constitución vigente no dice que seamos un estado confesional católico. Dice que “dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, y le presta su colaboración”.
Pues ese artículo –el 50- ha sido zarandeado por el TC, asustado por la sotanería intransigente, la hipocresía arzobispal y la canalla teocrática que considera a la mujer un vientre que pare y un animal de redil.
El TC, además, ha mentido al repetir el argumento de Luis Solari, que fue hasta sus oficinas a presionar, y de Rafael Rey, que hizo lo mismo y tuvo una encerrona con los magistrados que iban a fallar.Y el único argumento de esos santos varones es la farsa de decir que la píldora del día siguiente es abortiva. Y que por eso lesiona aquella parte de la Constitución que establece: “El concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece”.
Pero sin concepción no hay concebido y, por lo tanto, no hay histeria farisea que gritonear. Hay que ser un cruzado del Opus Dei, como Solari, o un fanático tensado por sus inhibiciones como Rey, para ver asesinato donde hay evitamiento e indignidad donde, precisamente, se ejerce el derecho de la mujer a pausar o no su fertilidad.
Hay cada día más razones para que revisemos los fundamentos de un Tribunal Constitucional que puede llegar a este nivel de ignara intromisión. Que puede, en suma, violar la Constitución “para defenderla”. Y que puede castigar a las mujeres pobres prohibiéndoles el uso de un recurso extremo que las pagantes podrán comprar en cualquier farmacia.
Y que puede sumarse a la puesta en escena de la Inquisición resurrecta.La jerarquía católica es heredera de cientos de años de quemante intolerancia. Durante siglos la Iglesia que acoge a Solari y a Rey extirpó de la tierra, o torturó salvajemente, a concebidos de todos los matices y rangos sociales.
Esa oscuridad fungosa parece volver cada cierto tiempo a Lima. Viene con capirotes y rosarios y excomuniones solapadas.Y viene a decirnos qué es pecado y qué no lo es, cuáles son las prerrogativas de la mujer respecto de su matriz, cuántos y qué debemos ser y por qué es diabólico usar condón, tomar pildoras, no parir a un ser anancefálico, usar espermicidas, o diafragmas, o dispositivos intrauterinos, o pastillas poscoitales.
No se trata de moral ni de cánones. Ni de teología ni de santidad. Ni de Evangelios ni de historia. Se trata de poder, de autoridad, de control. Si controlas la reproducción, controlas lo más íntimo, el centro de la voluntad, la raíz de la autoestima. Controlas el rebaño.Y el TC se ha prestado a todo esto. Qué vergüenza.



La Primera
24 de octubre de 2009