Mostrando entradas con la etiqueta Alianza para el Progreso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alianza para el Progreso. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de enero de 2021

PLATA COMO CANCHA


Como siempre, a la burguesía peruana y a sus peones de brega, los políticos, Lima les quedó chicote para sus francachelas. Así ha sido siempre. Luego de despellejar a sus trabajadores, o en este caso, después de amasar fortuna en el negociazo de la educación superior, lo que viene es darse la gran vida en los yunaítes, las europas, o a donde te lleve el cuerpo pidiendo trago, baile, mujeres y otras cosillas más...
 
Eso es lo que pasa con los Acuña, los hijitos del impresentable dueño de la Vallejo y de Alianza para el Progreso, sorprendidos en Miami, al lado de su peón de brega, el congresista Valdés, en una soberana cuchipanda. ¿Y la pandemia? ¿Y el reclamo de los trabajadores agrícolas por mejores salarios y condiciones de vida?¿Acaso APP no es uno de los partidos hegemónicos en el establo congresal que aspira a ser gobierno a partir de las elecciones de abril?
 
Que se vayan a la mierda, habrán dicho; de lo que se trata ahora es despedir el año a todo dar, donde no hayan restricciones cojudas como en el Perú, seguramente que pensaron. Y a Miami se ha dicho, a buscar mujeres, trago, baile...
 
¿Y por qué digo que así ha sido siempre? Los memoriosos, a los que apelo siempre, recordarán a Marianito Prado, el hijo del mayor banquero de los años 50. Sus juergas, en el Perú y en el extranjero, ocupaban siempre las primeras planas de los diarios de esos años. Y alguna vez, en Ancón, le sacó la cabeza a una bañista por demostrar las bondades de su yate. Y no pasó nada.
 
En los años 20, frente a la pampa de La Quinua, reflexionando sobre el drama del Perú, el historiador Riva Aguero, le tiraba dedo a la burguesía que le sacaba el jugo al Perú, y que iba a despilfarrar la plata en Europa, donde, encima, se avergonzaban de ser peruanos.
 
Y si alguno dudara de lo hasta aquí dicho, les recomiendo leer a tres novelistas peruanos: José Diez Canseco, Alfredo Bryce y Oswaldo Reynoso, cuyas novelas de bandera, Duque, Un mundo para Julius y En octubre no hay milagros respectivamente, están dedicados a revelar los intríngulis livianos y escandalosos del mundo de la burguesía peruana. Para el crítico Tomás Escajadillo, los textos citados se ubicarían, literariamente hablando, en la línea de las novelas antiburguesas. Bryce y Diez Canseco, señala Escajadillo, "conocieron a fondo esos ambientes", que luego llevarían a la ficción en sus trabajos literarios.
 
Resumiendo, la conducta de los Acuña y de su operador Valdés, no es pues nueva. El país y sus pueblos no les interesa, salvo para hacer plata. Que los Acuña sean provincianos, y que sus fuentes de acumulación sean diferentes a los que se mueven en el ámbito de la minería, la banca,el extractivismo...es secundario. Los vemos en los hechos. El capital los deshumaniza, los pervierte. Por eso es que tienen plata como cancha.


 

viernes, 16 de octubre de 2020

CUESTA ABAJO

 
Esta vista es patética. En solitario y con los clarooscuros de la foto, revela los avatares de la derecha conservadora y reaccionaria en el Perú de nuestros días, expresados ideológica y partidariamente por ambos personajes. El patriarca Luis Bedoya Reyes, fundador del PPC, ve hoy, desde sus cuarteles de invierno, como su creación partidaria, que algún día le permitió encumbrarse en los picos más altos del poder, lucha hoy por sobrevivir en una alianza con el partido de Acuña -APP- que un grueso de seguidores del tucán no avala. Con anterioridad, bajo el mando de Lourdes Flores se aliaron con Alan García y su partido. Se pelaron, cuesta abajo era la rodada. 
 
¿Por qué esta alianza con la agrupación de Acuña es mal vista por los seguidores del tucán, entre ellos sus familiares? Es un tema de dignidad para los señorones que siempre controlaron el PPC y que piensan que nada ha cambiado. Antes, ellos decidían que capitostes de provincias se sumaban a sus movidas políticas, todo por cierto desde Lima. Ahora, en medio de la orfandad de Bedoya y su gente, son los cholos emergentes, que tienen plata como cancha, y partidos que no son tales sino verdaderas máquinas de hacer dinero, sobre todo con el tema de educación, los que le están imponiendo condiciones a la pituquería tradicional: Acuña por el Norte, y Añaños desde el centro del país, ambos podridos en plata, están roncando fuerte, es la burguesía provinciana, con mucho poder en sus reductos, los que se meten por los palos en las ligas mayores. En este sentido, el PPC ya fue, es historia. Cuesta abajo es su rodada.
 
Pero no es solamente ello. Para los vientos que soplan en el campo del capital internacional y nativo, los abogados, políticos y partidos de antes, son una rémora. Fueron buenos para espacios semifeudalizados, oligárquicos y pacatos. No son operativos para los espacios transnacionalizados de nuestros días, donde mandan la fuerza aplastante del capital y sus lobistas, sean cuales sean sus origenes, los Estados capturados por políticos y tecnócratas pragmáticos hasta el tuétano, ideologizados en las mismas matas educativas e institucionales del capitalismo internacional; operadores de peso del capital que no le hacen ascos a la corrupción, a la que le dan pase si de "modernización" se trata -¿recuerdan lo que dijo PPK al respecto- y que tampoco se hacen bolas para trabajar en democracia o en dictadura. ¿Y los partidos políticos? Les resbala si existen o no existen. En su pensamiento, los políticos, sus partidos, la democracia, al viejo estilo, sobran, son lastres para los tiempos modernos del turbocapitalismo. En ese contexto, el PPC es una antigualla. 
 
Desde este ángulo, Cateriano es una rara avis del sistema. Al lado de Mario Vargas Llosa promovieron el neoliberalismo, el partido Libertad fue su trinchera, y luego de la derrota electoral de los 90, cuando los grandes empresarios e ideólogos que lo poblaban, fueron migrando hacia las filas del fujimontesinismo, Cateriano se constituyó en algo así como el último mohicano de ese movimiento político, que al marchar Vargas Llosa al extranjero, perdió a su gran referente. Nadie le puede negar a Cateriano su fuerza y consecuencia para combatir al fujimontesinismo y la corrupción, batallar que incorporó al alanismo, que fue otro de sus grandes blancos. Antecedentes que en verdad de poco le valieron para que el congreso mafioso y golpista actual le diera el pase para su posicionamiento en el premierato del gabinete de Vizcarra.
 
Cateriano ha tenido que treparse a un vientre de alquiler, aspira según se afirma, a una candidatura presidencial. Es un buen ideólogo del neoliberalismo, pero no lo quieren. En los años que atravesamos, tan preñados de corrupción y malas artes en la acumulación del capitalismo, personajes como Cateriano, aunque resulte dificil creerlo, no calzan con esos espíritus mafiosos. Tendrá que acostumbrarse a vivir en modo ¡Hola Soledad!