lunes, 29 de noviembre de 2021

DE DONDE HAN SACADO A ESTA CONGRESISTA

Tengo algo de rodaje en los quehaceres políticos. Por eso es que con cierto conocimiento puedo hacer la siguiente pregunta_ ¿De qué alcantarilla han sacado a la congresista Chirinos que se ufana de ser la gestora de la moción de vacancia contra el presidente Castillo? Nunca he visto un personaje tan vulgar. Lo digo no solamente porque acaba de mandar literalmente a la mierda al maestro chotano. Además, porque cada intervención suya en el congreso o fuera de él es un monumento a los porquerizos. Todo el mundo sabe que la derecha peruana está en nada en cuanto a ideas y propuestas; pero la señora Chirinos expresa ya otra cosa: es la demostración de que esa derecha en crisis está apelando al lodazal para imponer condiciones. Ha sacado al lumpen a las calles, para gritar, golpear, acosar, pero también los ha introducido al congreso, y hasta los ha convertido en directivos. Para lavarse el rostro la señora se cuelga de la memoria de su padre. Lamentable. Lo último que se recuerda de Enrique Chirinos Soto es su ruego a Montesinos, el ladronazo, para que lo incluya en una lista electoral del fujimontesinismo. Videitos hablan.

jueves, 25 de noviembre de 2021

PRESIDENTE O SINDICALISTA


Lo dijimos hace algunas semanas. El gobierno del profesor Castillo no tiene vocación por la autocrítica y la corrección de sus errores de gestión. Si la tuviera, no estaría hoy pagando los platos rotos de decisiones adoptadas que han estallado en la cara del mandatario y su gobierno.
Los 20 mil dólares encontrados en el baño de la oficina del secretario general de la presidencia de la república, o el escándalo de las pruebas de nombramiento docente que salieron antes del día del examen-que ha descolocado al ministro de educación- demuestran esa persistencia en el error, que le resta credibilidad a la administración del maestro chotano, ya bastante desacreditada por la embestida golpista de la ultraderecha.
 
El secretario general de la presidencia y el ministro de educación asumieron esas responsabilidades por decisión propia del presidente Castillo. En el primer caso hasta modificaron las exigencias curriculares para que el gran amigo y compañero de lucha del rondero presidente se constituyese en su brazo derecho, en sus ojos y oídos, en su asesor en la sombra. En el caso del ministro, otro allegado gremial de confianza, no es un secreto que llegó a ese cargo para abrirle cancha al sindicato docente gestado y promovido por el presidente Castillo y de esta forma debilitar la presencia de sus adversarios del Sutep. 
 
Como se ve, en ambas situaciones priman visiones estrechas, intereses particulares, que en otras condiciones pueden explicarse y hasta justificarse, pero que cuando se está al frente de un Estado, resultan totalmente contraproducentes, reñidas con un manejo verdaderamente político y ético.
Es indudable que es relevante que un hombre de campo como Castillo, maestro y rondero, sea el jefe del Estado peruano. Es la primera vez en la historia del Perú que ello sucede. Pero lo que parece no entender el presidente es que ha sido elegido para gobernar a este país de trentaitantos millones de habitantes, con todos su problemas, desencuentros, posibilidades y esperanzas. Ya no está al frente de su sindicato docente, tampoco de su destacamento de ronderos. Son espacios diferentes que imponen manejos cualitativamente diversos.
 
Ahora bien, los principios que llevaron a Castillo a defender las causas justas, las reivindicaciones de los pueblos abandonados y olvidados, a salvaguardar los intereses del presente y del futuro de los maestros, etcétera, esos principios, decimos no pueden variar, son irrenunciables. De lo que se trata ahora, como presidente de la República, es que Castillo, como estadista, aplique esos principios al manejo del país. Que vea los árboles, pero sobre todo, en su nuevo rol, que aprenda a mirar y actuar frente al bosque, a la totalidad, al conjunto. Todo indica que el presidente Castillo sigue pensando y actuando como dirigente gremial.
 
Sin desmerecer la importancia de los gremios, el profesor Castillo tiene que superar las percepciones y praácticas de los espacios sindicales, de la lucha meramente económica, reivindicacionista; o de los horizontes particulares de las rondas campesinas. Como hombre de Estado, como representante y caro defensor del pueblo peruano al frente del país, el maestro Castillo tiene que saber pararse y tomar posiciòn frente a las circunstancias y complejidades del presente; pero asimismo tiene que poseer una visión estratégica del futuro del país, de sus gentes, de Latinoamérica, la patria grande, del mundo y sus contradicciones.
 
No es fácil esa transición porque tiene hondas implicancias ideológicas por el largo trajinar sindical y rondero del mandatario, pero tiene que asumirla. Sin duda, para Castillo, como líder de masas, es más sencillo pararse frente a sus seguidores, en el sindicato o en la plaza pública. Pero es difícil y complejo como jefe de Estado hacer frente, por ejemplo, a los conflictos mineros que se han suscitado en Ayacucho, con todas las implicancias económicas, sociales, medioambientales, políticas, culturales e ideológicas que encierran. 
 
Para un gobierno de derecha, ajeno al cambio, el problema se resuelve a balazos y palazos, siempre ha sido así. Para un hombre de izquierda, comprometido con los intereses de los de abajo y con la transformación del país, el camino es diferente. He ahí el desafío. Como reza un viejo dicho popular, una cosa es con guitarra, otra cosa es con cajón…
 
Como vemos, no es un tema de ineptitud, de incapacidad congénita como tendenciosamente afirma la ultraderecha, heredera espiritual de los conquistadores y encomenderos españoles, buscando generar y extender una visión distorsionada, caricaturesca, de las capacidades del profesor Castillo. Es un asunto de ubicación, de comprensión y asunción plena de una nueva función para la que no se estaba preparado. Y ello no es delito en ninguna parte del mundo, ni causal de vacancia. Porque si así fuera, hace rato que nos habríamos quedado sin congresistas, que como los vemos cotidianamente no son hombres o mujeres de muchas luces para los cargos que ostentan.
 
¿Alguna duda al respecto? Observen ustedes a los generales y almirantes que han llegado al congreso. Su formación y actuación castrense de largas décadas siguen dominando su gestión, su mirada de mundo, su forma de tratar los problemas del país, y hasta su manera de caminar y saludar.
Finalmente, dadas las carencias anotadas para el presidente Castillo, es vital para el éxito de su mandato rodearse de un equipo de asesores y colaboradores de primera línea. Hombres y mujeres que muestren impecables hojas de vida en las que resalte, en primer lugar, su incorruptible compromiso con el país y sus pueblos; pero que al mismo tiempo, sean o no de Cajamarca, pertenezcan o no a un partido, se ubiquen o no en los círculos amicales del presidente, tengan sin embargo las credenciales de probidad y experiencia en gestión que las circunstancias obligan. 
 
Hace rato que pasó la hora de los comisarios políticos que al estilo del ex premier pueden ser muy buenos para el cumplimiento de las tareas partidarias, pero que a la hora de asumir responsabilidades de gestión en el aparato estatal, no atan ni desatan. Esa misma mirada, estimo, es valedera para los amigos, compadres y paisanos del jefe de Estado.
 
Puente Piedra, noviembre 25 de 2021

jueves, 18 de noviembre de 2021

EL ALZAMIENTO DE NOVIEMBRE

 

 A un año de la muerte de los jóvenes Inti Sotelo y Bryan Pintado a manos de policías que castigaron con fuego graneado su protesta democrática, antigolpista, hay que batallar porque el recuerdo de su inmolación no se convierta en un ritual, en una simple conmemoración retórica de su sacrificio.

Lograr ese propósito nos obliga a poner en claro los alcances del alzamiento popular de noviembre del año 2020.

Y lo primero que hay que señalar es que ambos jóvenes deben ser considerados como héroes de la lucha por la democracia en el Perú. Debe saberse que a pesar de lo que digan, de dientes para afuera, la burguesía nativa y sus operadores políticos e ideológicos no tienen pergaminos democráticos. Hay que remitirse a la historia de los cuartelazos, en ella siempre encontraremos la mano de los dueños del Perú, que por defender sus intereses particulares no dudaron en patear, una y otra vez, el tablero de la democracia.

Inti y Bryan cayeron porque sumaron sus voces a los reclamos en las calles de millones de hombres y mujeres, la mayoría de ellos jóvenes, que a lo largo y ancho del país se alzaron contra el golpismo y las maniobras de una derecha profundamente antidemocrática y reaccionaria.

Con ese instinto que caracteriza a nuestros pueblos, Inti y Bryan no se tragaron el anzuelo de que la vacancia del presidente Vizcarra, trabajada por la derecha, se hubiera efectuado en defensa de la constitución. Ellos, al igual que las multitudes, visualizaron que estaban frente a un golpe parlamentario, de moda hoy en esta parte del mundo, en tanto que los clásicos cuartelazos militares están totalmente desacreditados.

Los pueblos estaban hartos de las maniobras de esa derecha, particularmente del fujimontesinismo, que ante las sucesivas derrotas de su candidata presidencial había hecho de la obstrucción política su mejor arma de defensa y ataque, contando para ello con el concurso de otras fuerzas antidemocráticas como el Apra y la mayoría ultraderechista de Acción Popular, por ejemplo.

Ese hartazgo, ese rechazo visceral a las maniobras de los capitostes de esos sectores políticos, responsables de las desgracias e infortunios de nuestros pueblos, estuvo en la base de la reacción popular al golpe parlamentario. Es decir, la insurgencia democrática de esas multitudes fue espontánea, como espontáneos han sido otros grandes movimientos populares. En este contexto, en noviembre del 2020 funcionaron principalmente las redes sociales, los colectivos culturales, feministas, religiosos, vecinales…es decir las organizaciones de base de los insurgentes.

Eso significa, en segundo lugar, que ningún partido puede reclamarse la autoría de ese gigantesco movimiento social y político que se trajo abajo el golpismo. Como son falsas las aseveraciones de que el movimiento estuvo promovido y financiado por  “el comunismo o el chavismo internacional”.

Quienes hacen estas afirmaciones no saben absolutamente nada de como se gestan y desarrollan los movimientos sociales, e incluso algunas revoluciones. Ignoran asimismo el cómo una chispa -en este caso el golpe de Merino y compañía- puede incendiar la pradera cuando en ella está amontonada la leña seca de las insatisfacciones, del hartazgo, de la pobreza y miseria, de las desigualdades que corroen nuestra sociedad, de los estragos de modelos como el neoliberalismo.

Esa inexistencia de un partido, o de partidos particularmente de la izquierda en esa insurgencia popular, explica también sus limitaciones. La potencia del movimiento que congregó y movilizó a diferentes sectores sociales de Costa, Sierra y Selva, provocó -nadie puede negarlo- la caída de los golpistas, que fueron rechazados hasta por los militares. Pero luego de esta tremenda victoria política, el potencial fue diluyéndose, en tanto que los combatientes de las calles, unidos en torno a la lucha democrática, antigolpista, volvieron a la rutina de sus compartimentos sociales. Otra vez la fragmentación, los intereses particulares, parciales, sin futuro programático, sin ideales de conjunto.

Quizá el último ramalazo del movimiento de noviembre se dio en las elecciones presidenciales que encumbraron al profesor Castillo como presidente la República. Es indudable que por él votaron gran parte de los combatientes de noviembre, todos los Intis y Bryans que vieron en el rondero una alternativa de cambio del orden existente, un refernte del histórico levantamiento de noviembre.

Pero es también cierto que otros actores sociales de esas jornadas, en especial de los espacios más acomodados, particularmente urbanos, optaron por otras alternativas no radicales, que llenaron sus expectativas, impactados quizá por la aplanadora mediática, ideológica, de la derecha que satanizó a Pedro Castillo o a la misma Verònika Mendoza.

En tercer lugar, es necesario reconocer que en un contexto de crisis de la partidocracia y del mismo quehacer político, envilecido por sus operadores de uno u otro color, es difícil entender la importancia de los partidos políticos para el ejercicio de una verdadera democracia y una práctica política alejada de las cuchipandas y arreglos mafiosos de los vividores de la política.

La historia y la cultura de los pueblos nos indica, sin embargo, que estas son las herramientas que deben organizarse y esgrimirse desde el seno de las mismas masas para cualificar el movimiento social y político, para darle futuro, sostenibilidad programática y social.

Partidos, por supuesto, despojados de su anquilosamiento ideológico, de su dogmatismo de derecha o izquierda, de su burocratismo, espíritu de capilla y ambiciones personales, y que amalgamando ética y política, se conviertan en canteras de los líderes y lideresas que el Perú requiere para hacer realidad las esperanzas de construir un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo.

Modestamente, creo que es así como debemos recordar a Inti y Bryan, héroes de la democracia.

Puente Piedra, noviembre de 2021

domingo, 14 de noviembre de 2021

SE IMPONE UNA AUTOCRITICA

Era de esperarse. El balance de su gestión gubernamental, realizado ayer en Ayacucho, le ha permitido al presidente Castillo realzar los logros o avances importantes de su gestión, que los medios controlados por la derecha golpista no suelen poner en primer plano o desvirtúan tendenciosamente.
Es indudable que en 100 días, el gobierno del maestro chotano, heredando crisis múltiples, no podía hacer milagros. No obstante, se tiene que reconocer que en medio de la inestabilidad política que lo rodea, el gobierno se ha parado bien frente a la emergencia sanitaria, como ha sabido meterle diente a temas espinosos como el de la renegociación del gas de Camisea, las masificaciٕón del uso de dicho recurso, poner en agenda la reforma tributaria, o atender exigencias de los trabajadores del campo compendiados en lo que ha dado en llamarse segunda reforma agraria, por citar algunos temas.
 
Pero también es innegable que hay vacíos, limitaciones, o incongruencias en la gestión del profesor Castillo. La improvisación es la matriz de todo ello, así como es notoria la falta de cuadros idóneos para ponerse al mando de las diferentes instancias gubernamentales, comenzando por los ministros, algunos de ellos bastante impresentables.
 
Sin embargo, a mi juicio, hay otros temas, de fondo, que el presidente, por razones obvias no ha abordado en Ayacucho, pero que haría bien en examinarlos en algún espacio, interno por lo menos.
Me refiero a la falta de autocrٌítica gubernamental. Hasta el momento, lo hizo ayer en Ayacucho, el presidente Castillo ha criticado con dureza a sus adversarios. Le asiste la razón. Pero del mismo modo, con igual crudeza, debería ensayar una autocrítica a fondo para comenzar a resolver las debilidades y limitaciones de su manejo gubernamental, los errores que inevitablemente se cometen.
 
Es indudable, por ejemplo, que el profesor Castillo y Perú Libre, han sobreestimado su victoria electoral. Para ellos el éxito en los comicios los ha colocado prácticamente en la antesala de una revolución popular. Obvian, a todas luces, que el maestro y rondero apenas está rozando el poder, porque la burguesía todopoderosa, pese a su revés electoral, sigue al mando del país. Sus operadores no están en el palacio de gobierno, pero todos los instrumentos del poder económico, político, ideológico, militar, siguen en sus manos. 
 
A ello responde la obstrucción de la derecha al manejo gubernamental, tal y como lo hicieron cuando PPK, Vizcarra y Sagasti ocupaban palacio, aunque en el caso del maestro chotano se efectúe con más odio y agresividad
 
Asimismo, la conspiración golpista en marcha contra el presidente Castillo es una demostración de ese poder. Lo hacen a todo viento. Y no pasa nada. Desde antes del 28 de julio pasado ya se tocaban las puertas de los cuarteles, y en la actualidad -véase un aviso a toda página publicado ayer en el diario El Comercio – se llama a tomar las calles exigiendo la vacancia presidencial, ¡ahora!, sin que a los sediciosos les pase nada, porque desde el propio congreso se palanquea ese golpe.
 
En ese contexto adverso, el gobierno se va de bruces y pierde espacios y tiempo defendiendo ministros o autoridades que por sus antecedentes siempre van a ser el blanco de las iras y las furias de la burguesía y sus partidos, pero también de las protestas ciudadanas que exigen decencia en el gobierno.
Con todo el poder mediático en sus manos, los grupos de poder no solo hacen leña de esos personajes, lo más grave es que han desprestigiado al gobierno en el seno de los propios pueblos que lo apoyaban. Las últimas encuestas dan cuenta del bajón del presidente Castillo en los sectores sociales que lo llevaron a la presidencia de la república.
 
Es decir, en lugar de afianzarse en el seno de las masas populares a través de la educación y organización política, el gobierno, el presidente Castillo y Perú Libre, han perdido fuerza. Es el costo que están pagando por haber obviado lo que los maestros de política han recomendado siempre: “comprender el momento político”, “tomar en cuenta la correlación de fuerzas”.
 
Toda la verborrea de los principales dirigentes de Perú Libre han alimentado una política de choque, de provocación, como tuviesen la sartén por el mango. Para ellos, el dar rodeos, el retroceder, para alcanzar determinadas metas, es pecaminoso. 
 
El propio Castillo, por momentos, va en esa misma dirección, descolocando
a sus propios ministros, como ocurrió cuando desbarró en un discurso en el tema del gas de Camisea, justo cuando su premier estaba peleando por el voto de confianza a su gabinete. Una votación adversa hubiera puesto en aprietos la gestión. Esto era lo que buscaba la derecha cerril.
Desde esa línea de reflexión, hay que entender que los históricos resultados electorales que han colocado a un maestro de izquierda en el gobierno hay que entenderlo como un inicio, un comenzar a tomar el toro por las astas. 
 
La aspiración a cambiar el país no está en discusión, pero los pasos tácticos que hay que dar en esa dirección, en medio de una confrontación política tan áspera como la que se vive, tienen que ser adecuadamente calculados, con una visión de corto y largo plazo, cimentada en una sólida conducta política y ética.
 
En este terreno, la correlación de fuerzas es la que manda, es el meollo de toda conducta política que se oriente a hacer de los pueblos los protagonistas conscientes de su historia.
 
 
Puente Piedra, 11 de noviembre de 2021

jueves, 4 de noviembre de 2021

LA TAREA DEL MOMENTO

 

Dentro de algunas horas, el congreso de la República decidirá la suerte del gabinete de Mirtha Castillo. Si prospera el voto de confianza, el gobierno del profesor Castillo, a 100 días de haberse establecido, tendrá un respiro en su lucha por su sobrevivencia ante la arremetida implacable de la derecha golpista. Si por el contrario, el gabinete es guillotinado, se ahondará la agonía de una administración que insurgió por el voto de una ciudadanía ávida de cambios, pero que comienza a intranquilizarse.
 
Lo hemos dicho en repetidas oportunidades. Desde antes que el maestro chotano pusiera sus pies en palacio de gobierno, la derecha de todos los matices echó a andar su maquinaria conspirativa. El congreso es el reducto del golpismo que tiene como primer blanco al presidente Castillo, pero cuyo segundo objetivo es la señora Boluarte, la primera vicepresidenta. Con ambas autoridades fuera de juego, será la señora Alva, la presidenta del congreso, la que asuma el mando del país.
 
Ese es el juego de las derechas. Necesitan la totalidad del poder para mandar a las calendas griegas toda posibilidad de cambio, sean estos económicos, sociales, políticos o culturales. Para ellos, el país debe continuar como está y punto. En ese sentido, las iniciativas del gobierno central terminarán ahogándose en el recinto congresal. La reforma tributaria, por ejemplo, va en esa dirección.
 
En este contexto, la aplanadora mediática funciona las 24 horas del día. Nada se escapa a los sicarios de la prensa derechista en sus propósitos de erosionar, en el seno de las masas populares. la figura presidencial y deslegitimar su gobierno. Sus efectos se están dejando sentir. Las últimas encuestas revelan una baja en la aprobación presidencial, justamente en espacios como los del Sur del país y el mundo agrario, que fueron sus baluartes electorales.
 
En esa ruta, hay que reconocer, sin embargo, lo siguiente. Si bien son las derechas, en especial la ultraderecha que lidera el bloque conspirador, los responsables de ese estado de cosas por la obstrucción y la sedición en marcha, no se puede soslayar que en esa crisis hay también responsabilidad del presidente Castillo y del partido Perú Libre que lo promovió como candidato presidencial.
 
Los hechos indican que dicha organización política y el propio Castillo agarraron una fuerza electoral determinante en su victoria, cuando la ciudadanía se vio ante la amenaza inminente de que la señora Fujimori, con todos sus oscuros antecedentes tomara por asalto el poder. Todas las fuerzas sanas del país, las izquierdas con partido o sin partido,la ciudadanía duramente golpeada por las crisis, al votar por el maestro rondero clausuraron esa nefasta posibilidad. 
 
Castillo se convirtiٗó en el hombre del cambio, en el símbolo de los pobres del campo y la ciudad, de los olvidados y despreciados. Poco importó, en esa coyuntura, que Perú Libre y el maestro no tuvieran un programa de gobierno más o menos articulado. Hasta la segunda vuelta esgrimieron un ideario trasnochado y nada más. Para el desenlace electoral, fueron los técnicos de Verónika Mendoza lo que armaron el muñeco programático. Nada irregular, ni pecaminoso por cierto, pero de una innegable improvisación.
 
Los problemas se presentan cuando la dirigencia partidaria y el propio Castillo, considerándose los dueños absolutos de la pelota, y al margen de un examen detenido de sus fortalezas y debilidades frente a la agresividad de la derecha herida por la derrota, pretende encerrarse en su burbuja de poder.
Ellos son los únicos buenos de la película, todos los demás son los malos: oportunistas, caviares, reformistas, traidores. Por tanto, no hay aliados. Desde esta óptica, el ministro de economía o el de justicia son simplemente compañeros obligados de ruta y nada más, a los que en cualquier momento se les puede descartar o golpear. Y si no les gusta, pues calabaza, calabaza… 
 
Esa manera cerrada de ver las cosas se ha visto en la composición de los gabinetes. El expremier Bellido, por ejemplo, nunca dio la talla. Es un hombre de partido, leal hasta el tuétano con sus jefes políticos, pero con debilidades notorias en los asuntos de gestión. En los tiempos que corren, ya no solamente hay que contabilizar la fidelidad partidaria, mucho cuenta el conocimiento. Lo mismo podría decirse de otros ministros, incluyendo al últimamente renunciante ministro del Interior.
 
La derecha aprovechó al máximo esas debilidades del oficialismo, y abusó realmente de su poder mediático, porque hicieron trizas a esos ministros. Realmente, fue una provocación del oficialismo, la demostraciٕón de que están mirando la realidad con un solo ojo, sobreestimando sus fuerzas. 
 
Lo grave es que no aprenden la lección. La nominación del último ministro del interior lo manifiesta. Resultó bueno para la pachanga, pero para nada más. La negativa del ala dura de Perú Libre a darle el voto de confianza al gabinete de Mirtha Vásquez, porque supuestamente no los representa, es otra demostración de lo que afirmamos. 
 
Hay que reconocer entonces que el presidente Castillo no la tiene fácil, peor todavía si va en rumbo de colisión total con la derecha. Por eso es que se impone la búsqueda de la unidad de todas las fuerzas democráticas, progresistas, antifascistas, arriba, a nivel de gobierno, y abajo, en el seno de los pueblos. No hay otra manera de salir airosos de la confrontación política e ideológica a la que estamos asistiendo y de la que parecemos no percatarnos de su gravedad.
 
Para imponer la decencia en la política, y asimismo los cambios por los que apostamos al votar por el por el maestro y rondero de Chota, se requiere superar los espíritus de capilla para abrir las alamedas del frente único, no hay otra salida. 
 
Finalmente, es importante recordar que la expresión: ¡el pueblo unido jamás será vencido! es una consigna que hoy mayormente se la emplea en términos de educación y organización. En la hora actual debe transformarse en una consigna de acción, a todo nivel. Esa debe ser la tarea.


viernes, 29 de octubre de 2021

DERECHA GOLPISTA

 

Que las derechas en el Perú lideradas por la ultraderecha, hayan decidido vacar, vía el parlamento, al presidente Castillo es algo que no debería llamarnos la atención. Todos esos sectores, conservadores o reaccionarios interesados en ese golpe, moviéndose en el campo de la economía, de la política, o de los medios de comunicación, siempre han apostado por las salidas antidemocráticas, golpistas, violentistas, para imponer sus condiciones, sus apetitos, sus maneras de ver las cosas. 
 
En buen romance, esos conglomerados no son amigos del diálogo, del intercambio de pareceres, del consenso, de la concertación de voluntades, de los sentimientos de unidad nacional para llevar adelante un proyecto común de desarrollo para nuestros pueblos. Desde esa perspectiva, la democracia siempre será una expresión hueca, útil para atraer gentes y embaucarlas, pero para nada más, porque en los hechos no creen en ella, en tanto son amantes de la imposiciٗón, el autoritarismo, la dictadura. En estos ámbitos se mueven como peces en el agua.
 
La Constitución de 1993 es el mejor ejemplo de lo que afirmamos. Fue un verdadero caballazo, impuesto luego del golpe fujimontesinista de 1992, que convirtió en polvo la democracia, y dejó a todas las instituciones estatales en manos de los operadores de la dictadura, con bayoneta o sin ella, listos para implementar las panaceas neoliberales que por su naturaleza antipopular y deshumanizadoras solo podían ser aplicadas a la fuerza, como el general Pinochet lo había hecho en Chile.
 
Es cierto que Fujimori llegó al poder en 1990 a través de un proceso electoral que nadie cuestionó. Pero en ningún momento enarboló una propuesta neoliberal, como si lo hizo Vargas Llosa. Es más, en la búsqueda del voto popular se opuso a dicha alternativa, y enmascaró su talante autoritario y dictatorial en tres palabras con las que encandiló y engañó al electorado> honradez, tecnología y trabajo y nada más, porque nunca presentó un programa coherente.
 
En Norteamérica, a donde viajó inmediatamente después de ganar las elecciones, los funcionarios del FMI y del Banco Mundial le hicieron la plantilla de gobierno, comenzando con el paquetazo de agosto de 1990 que de un mazazo dejó en la pobreza a millones de personas.
En ese marco, en 1992 pateó el tablero de la democracia para servir mejor a los intereses de los grandes capitales y de las transnacionales, que después de promover la candidatura del escritor Vargas Llosa, y derrotado éste en las urnas, se pasaron con armas y bagajes a las filas del fujimontesinismo. Pragmatismo le llamaron.
 
Gracias a esa dictadura esos grandes empresarios se convirtieron en los principales beneficiarios del reordenamiento neoliberal de la economía, de la sociedad y de los valores éticos que propiciaron para justificar ideológicamente, sus latrocinios. Porque el neoliberalismo no es solamente un modelo económico, como se piensa, realmente es un raciocinio totalizador, una concepción de mundo repleta de supuestas verdades absolutas, religiosamente irrefutables para sus pregoneros.
 
Es importante anotar que con Vargas Llosa, la gran burguesía nativa, sus ideólogos y operadores políticos, eran los campeones en la defensa de la democracia. Nadie como ellos para hablarnos de libertad, de democracia, de derechos sociales y humanos, de Estado de derecho, de mayorías y minorías. 
 
Con Fujimori, esa misma burguesía alentó el golpismo, la antidemocracia, y le sacó el mejor partido a la dictadura que saqueó el erario nacional, ladronearon a su reverendo gusto e hizo trizas los derechos de los trabajadores de la ciudad y el campo, bañaron en sangre el país y elaboraron una Constitución mafiosa que en su proyecto de largo plazo debe constituirse en el armazón jurídico y político que sustente su dominio económico y político por los siglos de los siglos.
 
Esa es la razón por la que las derechas se niegan tozudamente a aceptar la posibilidad del cambio de dicha Constitución, a pesar que la vida misma, expresada en las múltiples crisis que afectan el mundo, han puesto contra la pared al neoliberalismo, el cuerpo ideológico y político en el que se sustenta la llamada Carta Magna.
 
Ahora bien. Hemos dicho que la vocación golpista de esas derechas no es nueva. La dictadura fujimontesinista lo prueba. Pero si dudamos, miremos más hacia atrás, nos vamos a dar con ese mismo comportamiento de la burguesía nativa. Justamente ayer, 27 de octubre, se cumplieron 73 años del golpe del general Manuel A. Odría. Un cuartelazo en Arequipa, en 1948, seguido de un alineamiento de las fuerzas militares del resto del país sellaron el destino del presidente José Luis Bustamante y Rivero, un patricio arequipeño elegido en 1945.
 
Evidentemente que el general Odría y los militares que lo secundaron no actuaron por sí y ante sí. Al igual que los golpistas de hoy, los uniformados fueron operadores de fuerzas mayores, en este caso de la gran burguesía agro exportadora, que fue la que alentó el golpe, y que lo aprovechó extraordinariamente al igual que el capital extranjero y los gamonales tradicionales del agro peruano, sus aliados en la irracionalidad antidemocrática.
 
Por lo que vemos, sea a través de los clásicos cuartelazos militares, de los autogolpes a lo Fujimori, o de los golpes blandos, congresales como el que se aplicó contra el presidente Vizcarra, y el que se está trabajando contra el presidente Castillo, la gran burguesía nativa y sus operadores políticos e ideológicos, revelan que nada tiene de democráticos. Su imperio, aunque lo nieguen es el de la antidemocracia.
 
Por esas razones no debe llamarnos la atención el pronunciamiento de ayer de la señora Fujimori en la que anuncia que su partido, no le dará el voto de confianza al gabinete de la premier Mirtha Vásquez. Desde el 2016 en que perdió las elecciones presidenciales ante PPK, el fujimorismo se ha movido en las aguas de la obstrucción y el golpismo. Lograron que PPK renuncie luego de jaquearlo a lo bestia, mandaron a su casa a Vizcarra previo empapelamiento fiscal, apoyaron al golpista Merino, para luego hacerle la vida a cuadritos al presidente Sagasti, a quien también quisieron vacar.
 
No podía ser de otro modo. El fujimorismo es una hechura de la falsedad, de la corrupción y el golpismo. Lo llevan en la sangre. Lo nuevo de hoy es que junto a otras fuerzas derechistas ultramontanas, que actúan dentro y fuera del congreso, el fujimorismo ha comenzado a pisar fuerte en los espacios del fascismo.


sábado, 23 de octubre de 2021

EL VIEJO TOPO

 

El viejo topo de la lucha de clases, tantas veces negado, pero que seamos o no conscientes de ello va dándole forma y proyección a la confrontación social, está marcando el camino del choque entre el Ejecutivo y el Legislativo en la presente situación política.
 
Desde ese ángulo, el golpe congresal contra el presidente Castillo para mandarlo a su casa, es algo así como la crónica de una muerte anunciada. El pasado martes, con 79 votos a favor, 43 en contra y 3 abstenciones, la mayoría golpista, hegemonizada por la ultraderecha, ha aprobado una ley que al limitar la cuestión de confianza amarra de pies y manos al Ejecutivo, en tanto que ya no podrá hacer uso ilimitado de ese dispositivo para defenderse del avasallamiento parlamentario.
 
De acuerdo con la constitución del 93, el ejecutivo, merced a esa cuestión de confianza, podía sancionar la disoluciٕón del congreso, tal y como lo hizo el ex presidente Vizcarra en su momento para hacer frente a la obstrucción, también conspirativa, de las fuerzas congresales fujiapristas, dominantes en el parlamento de esos años. 
 
Ahora, mientras el congreso le ha cortado las alas al ejecutivo, la ultraderecha parlamentaria tiene las manos libres para vacar al presidente Castillo en el momento que se la antoje y por razones que se le ocurra. Todo indica que marcha hacia ello. 
 
Vale anotar que en un Estado de derecho, la vacancia presidencial y la cuestión de confianza son recursos constitucionalmente establecidos que configuran lo que se denomina el equilibrio de poderes en una democracia como la que vivimos. La ley aprobada por el congreso actual violenta ese equilibrio, al desarmar legalmente al ejecutivo que queda a merced del golpismo.
 
Esa es la razón por la que el ejecutivo interpondrá ante el Tribunal Constitucional una demanda de inconstitucionalidad de esa ley aprobada. Según los entendidos el gobierno tendría perdida esta batalla. Con el fallecimiento de uno de los tribunos, integrante de esa instancia, las fuerzas democráticas habrían perdido capacidad de decisión.
 
Por eso afirmamos que el golpe contra el presidente Castillo está fríamente calculado. Antes que el maestro chotano se instalara en palacio, las derechas nativas en su desesperación por remontar el descalabro electoral, llegaron a tocar las puertas de los cuarteles. Querían que los tanques y las bayonetas cubrieran su incapacidad para ganarse el voto de las mayorías nacionales. Los militares de una y otra institución castrense guardaron silencio. No se compraron ese pleito electoral.
 
En julio pasado, cuando el general del ejército César Astudillo pasó al retiro, dio a conocer las
 razones de la renuencia militar. Ya no es la hora de los golpes militares, dijo el ex presidente del Comando Conjunto. Es el congreso el que tiene que librar esa lucha política, añadió. En otras palabras, el general reflejaba lo que ya es una constante en América Latina: ha pasado la hora de los cuartelazos. En la agenda de las derechas conspirativas lo que importa hoy es el golpe blando, el golpe congresal.
La ultraderecha y la derecha copiaron el mensaje, y desde esos momentos se han dedicado, con precisión de relojero a preparar ese golpe. Repasemos su accionar.
 
Primero.
Las derechas han buscado soldar sus fisuras en el congreso. Los 79 votos alcanzados para sancionar la ley que ata al ejecutivo en el tema de la cuestión de confianza, es el producto de ese trabajo de unidad en torno a la mantención del estado de cosas reinante en el Perú. Nada con los cambios que ponen en peligro sus intereses, ha sido la voz de orden. Ahí están los votos de Fuerza Popular, Renovación Popular, Acción Popular, Alianza para el Progreso, Podemos…es decir todas las derechas, salvando sus diferencias, están corriendo juntas.
 
Segundo.
Desde el 28 de julio se está ejecutando una campaña de demolición ideológica y política contra el presidente Castillo. La prensa, la radio y la TV, controladas por esas derechas han desfigurado sistemáticamente la gestión gubernamental, sobredimensionando los errores y deficiencias, minimizando los logros, mientras se ridiculiza al presidente Castillo. Saben que el maestro es un símbolo de la resistencia popular, una figura que ha calado en el imaginario de nuestros pueblos. No es casual entonces que las baterías mediáticas busquen hacer polvo de esa imagen presentando al maestro como un pobre diablo, incapaz de gobernar el país.
 
Tercero.
Los sectores más retardatarios de la burguesía, racistas, antireformistas y fascistas se han visto obligados a sacar cabeza para acelerar la demolición. No resisten la presencia de un gobernante cuyas raíces se hunden en las capas sociales más precarias del país. Se han sumado así a la conspiración, acompañando a sus operadores mediáticos y políticos. La labor sediciosa de la llamada Cofradía del pisco, integrada por empresarios y tecnócratas, que incluso está financiando movimientos huelguísticos en áreas claves de la economía para sembrar la inestabilidad y el caos social en Lima y provincias, nos muestra los alcances del complot antigubernamental de las derechas.
 
Cuarto.
La ultraderecha cavernaria ha asumido el liderazgo de la maquinación golpista. Sus mensajes y su accionar abiertamente antidemocrático, anticomunista, fascista, buscan sembrar masivamente la idea, la imagen, la sensación, de que el castrochavismo o el comunismo desembozado han tomado las riendas del país. Para esos conspiradores, todos los que no comulguen con sus proyectos son comunistas y hay que marcarlos con fuego. Los medios que controlan esas derechas están llenos de esos mensajes violentistas.
 
Se ha llegado al extremo de señalar que los ex presidentes Vizcarra y Sagasti, como la actual primera ministra, Mirtha Vásquez, el presidente Castillo, su gabinete, etcétera, son todos militantes del comunismo internacional, a los que hay que desenmascarar, aislar, castigar. Para ello cuentan con sus avanzadas violentistas, sus camisas negras o naranjas que están actuando impunemente.
 
En los momentos claves de la segunda vuelta electoral esas hordas cargaron contra las autoridades electorales, llegando incluso a querer tomar el palacio de gobierno. Con anterioridad arremetieron contra los fiscales que están viendo el proceso de la señora Fujimori, y su último trabajo fue el traerse abajo la presentación del libro del ex presidente Sagasti. La experiencia internacional nos indica, que para el oscurantismo fascista, la ciencia y las letras, el pensamiento libre y democrático, las personalidades y movimientos sociales con pensamiento propio, autónomo, son sus blancos preferidos. Eso es lo que está ocurriendo en el país.
 
Finalmente, los hechos señalan que estamos llegando a un punto de desenlace. Los de arriba, los que parten el jamón en el país, los que desde siempre controlan el poder, no aceptan que los de abajo, los pobres y miserables, les arrebaten sus posiciones de mando, que se atrevan a plantear cambios en el orden económico y social establecido, e incluso una nueva Constitución. Por eso complotan, quieren derrocar, desde el congreso, al gobierno del presidente Castillo. 
 
Lo dije al inicio: el viejo topo de la lucha de clases está haciendo su trabajo. Seamos conscientes de ello.