lunes, 16 de febrero de 2009

DE TETAS, TETONES
Y TETUDOS

Cortesía: Blog hojas de vida

La noticia sigue dando que hablar. El triunfo de la película peruana La teta asustada en la Berlinale, ha demostrado que en el país existen condiciones técnicas y humanas para hacer un buen cine, que teniendo como punto de partida nuestra propia realidad, su historia, sus costumbres, sus lenguas nativas, su pensamiento mágico-religioso, sus dramas sociales, y por supuesto que sin dejar de lado los arreglos imaginativos propios del séptimo arte, puedan convencer de sus bondades a los aficionados al buen cine, y a los críticos nacionales e internacionales deseosos de apoyar esos trabajos cinematográficos alternativos a los predominantes.

Bien por la directora, Claudia Llosa, quien apostó por un cine diferente al típicamente comercial, y bien también por Magaly Solier, la actriz de tierra adentro que cautivó a la crítica con su actuación y su canto mágico en runa simi, el idioma ancestral de nuestros pueblos.

Como se esperaba, hoy todos quieren colgarse de la teta ganadora. Los primeros en hacerlo han sido nuestros mandatarios, a quienes les ha faltado tiempo para hablar de las posibilidades del cine, del arte y de la cultura del país, como si no se supiera que unas y otras no son justamente actividades prioritarias en sus agendas de trabajo. Pero claro, estos personajes, gordos y tetones, ya se preparan para recibir a las triunfadoras por todo lo alto, galardonearlas, ofrecerles el oro y el moro, y ganarse bienaventuranzas con ave marías ajenas; ocultando tras su actuación histriónica - porque se trata de puro histrionismo- sus temores y maniobras ante coyunturas de escándalo como las que se viven en torno a la venta de Petro-Tech a un consorcio colombo-surcoreano.

Dentro de esas maniobras, el Ejecutivo pretende mandar para las calendas griegas la elección del Contralor General de la República, tratando de plantear una falsa diyuntiva: o reorganización de la Contraloría para hacerla menos "paquidémica", o elección del Contralor; cuando todo el país ha sido testigo del cómo se sacaba prácticamente de la manga el nombre de una señora a la que sus mentores consideraban idónea para el puesto, pero que finalmente ha terminado enjuiciada por falsificar documentos.

Cuando esta señora estaba en el bolo sí había apresuramiento por nombrar al Contralor, ahora cuando está fuera de juego, el Ejecutivo ha descubierto que es mejor reorganizar la Contraloría; actitud compartida por el señor Richard Webb - quien presidió la Comisión que no pudo detectar la falsificación de documentos a la que hemos aludido- y que dice que hay que felicitar al Presidente de la República por estar hablando ahora de la reforma de la Contraloría.

Hay que ser un tetudo - peruanismo que es sinónimo de boludo o pelotudo- para no entender que eso de que "se empiece a pensar más en esa reforma de la contraloría" (Webb) no es sino una manera de eludir una situación adversa para el Ejecutivo: la posibilidad de un Contralor no manejable en un contexto en que, según algunos analistas, se acrecientan las sospechas de que el hilo de la gigantesca madeja de la corrupción de hoy podría estar cerca o en el mismo Palacio de Gobierno.

La maniobra, además, le permite al Presidente de la República sacarse de encima, aunque sea momentáneamente, a un candidato de fuerza para el cargo de Contralor: el profesor sanmarquino Humberto Campodónico Sánchez, académica, técnica y éticamente solvente para asumir esa reponsabilidad; y que cubre también el requerimiento de independencia que el Premier Yehude Simon acaba de exigir, pero no solamente en relación a los partidos existentes, sino al modelo económico prevaleciente, en cuya desbordante aplicación se están dando todas las irregularidades y corruptelas cuestionadas por el país entero.

Esa independencia crítica, mostrada ya en en los años 90 ( léanse sus artículos publicados en la Revista de la Facultad de Ciencias Económicas de San Marcos: http://economia.unmsm.edu.pe/) se ha mantenido a lo largo del tiempo. Por eso es que en una de sus columnas del diario la República reveló la existencia de un "neomercantilismo" en la economía peruana, que se sigue aprovechando de los beneficios del Estado para obtener ganancias.

"Ya no lo hace - escribió- como antes, a través de exoneraciones e incentivos sectoriales específicos (aunque ese sí fue el caso de la reinversión minera) sino a través de modificaciones y exoneraciones que disminuyen el pago del impuesto a la renta. En otras palabras, no es que los grupos empresariales ya no mamen de la teta del Estado. Lo que ha cambiado es la forma de mamar". (Cristal de Mira, Lima, 2006, p.37)

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