miércoles, 29 de octubre de 2008

RECUERDO
AQUELLA VEZ...

En el Día de la Canción Criolla...


Es la historia de un amor/ como no habrá igual/que me hizo comprender/todo el bien, todo el mal/que le dio luz a mi vida... Si amigo lector, usted no se ha equivocado, es la letra de un viejo bolero que seguramente lo ha escuchado en esos programas retro de las radioemisoras locales. Y he apelado a esos versos para pretender interpretar un no menos añoso vals criollo, escrito en 1949, y que tiene la virtud de haber sido cantado a lo largo y ancho del mundo precisamente por constituir un obelisco al amor, pero no a cualquier amor, sino al amor que como el agua se nos escurre de las manos, en el caso de esta historia, por meras razones crematísticas.

Sí, amigo lector, el vals Alma corazón y vida, del compositor sullanero Adrián Flores Albán, revela una historia de amor de la que el mismo compositor fue protagonista, cuando ella era una hermosa quinceañera, de nombre Eva - la leyenda dice que era ecuatoriana- y él un mozalbete - sigue la leyenda: que servía en el ejército peruano-. Amor que cuajó, todo indica desde el primer día en que se conocieron, pero que se frustró finalmente, porque como en ese otro vals que cantaban Los Troveros Criollos, un día apareció el blanquiñoso - otra vez la leyenda: fue un comerciante, también ecuatoriano- montado en un carrazo y se la llevó. Lo que no cuenta esa leyenda es que si al final, como en el vals de Mario Cavagnaro, ese blanquiñoso que la tenía la abandonó...

Sigamos paso a paso los versos del vate Flores Albán:

Recuerdo aquella vez,
que yo te conocí,
recuerdo aquella tarde,
pero no me acuerdo ni cómo te vi.
Pero si te diré,
que yo me enamoré
de esos tus lindos ojos,
y tus labios rojosque no olvidaré.

Para los hombres y mujeres que han transitado por los sinuosos caminos del amor -¡que saben de la vida los que nunca han querido, los que nunca han sentido una pena de amoooooor! cantaba Daniel Santos- esos versos no les son extraños. Puede ser el primero o el último amor. La turbación del momento inicial puede llevarlos a olvidar los detalles de esas circunstancias sentimentalmente fundacionales, pero lo que Flores Albán nunca olvidó - el vals lo compuso en Lima, cuando vivía por el cuartel Barbones en los Barrios Altos - son los ojos de Eva y sus labios rojos, esos dardos almibarados que toda mujer lleva consigo, listos para endardar los corazones masculinos.

Esos ojos pueden ser redondos o achinados, negros, verdes o azules, pero cuando se produce el click, se convierten en aquellos dos luceros - de los que también nos habla otro viejo vals- que reflejan hasta el fondo de sus almas. Por eso es que esos ojos enamorados nos endulzan la vida, con sus insinuaciones, con sus miradas inquietantes que nos dicen que no, pero que realmente también nos dicen que sí, dibujando un crucigrama visual que todo hombre enamorado tiene que aprender a descifrar. Y de los labios rojos ni que decir porque son los que quitan el sueño, por constituir el primer trofeo que se busca alcanzar en los escarceos amorosos. Me imagino a Adrián Flores, en sus primaverales años, tratando de conquistar los primeros besos de amor de su quinceañera amada, porque como rezaba un pasodoble de la época de Franco, el beso, el beso, lo lleva la hembra muy dentro del alma y un beso de amor no se lo da a cualquiera...

Pero aquí viene el drama:

Oye esta canción que lleva
alma, corazón y vida;
estas tres cositas nada más te doy.
Porque no tengo fortuna,
estas tres cosas te ofrezco:
alma, corazón y vida y nada más.
Alma para conquistarte,
corazón para quererte,
y vida para vivirla junto a ti.
Frente al blanquiñoso que vino con su manzana convertida en Cadillac - siguiendo la leyenda y el vals de Cavagnaro- tentando a la Eva de la historia, Flores Albán no tuvo nada más que ofrecer que su pobreza material. Pero las riquezas de este plebeyo - la riqueza de mi gente pobre diría Cheo Feliciano- estaba en su alma, en su corazón, y en su propia vida que se las ofreció a la amada. Este oferta de amor total, del bueno, no lo supo o no lo quiso entender Eva, y dada su última palabra Flores Albán no tuvo otra salida que cargar con sus petates y enrumbar a Lima, para olvidar el traspiés amoroso.
¿Que será de Eva? La leyenda no dice nada al respecto. Pero la historia si nos dice que Adrián Flores Albán encontró en la composición y en la música el camino para olvidar las penas, porque la letra y la música de Alma, corazón y vida, le pertenecen. Como también son de su autoría ¡Que viva Sullana!, Ausencia, Cruel destino, Como una visión, y otras más, que son el orgullo del cancionero sullanero, que este 31 de Octubre, como ocurre siempre, estará recordando a sus compositores e intérpretes, que han hecho de esas tierras un bastión de la musica criolla.

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