TODOS VUELVEN
¡A MONSERRATE!
La vida está preñada de recuerdos, de la niñez, de la juventud, de la adultez, y no se necesita llegar a la ancianidad para que ellos afloren lentamente o a borbotones, sistemáticamente convocados, o buscando aquí y allá un detonante: la flor, la carta o la foto... tratando quizás de rastrearlos, algo así como sin querer queriendo, como cuando se vuelve al añorado barrio y a la esquina, testigos de nuestro nacimiento, de nuestras primeras andanzas, de nuestros amores primeros...
Cada metro cuadrado de ese barrio tiene una historia particular para nosotros; aquí se peloteaba, allí nos juntábamos para conversar y conversar; acullá se parrandeaba hasta las últimas consecuencias. O cada personaje estuvo estuvo en algún momento metido en nuestras vidas como parte de una amistad cincelada en medio de la pobreza, de las alegrías o tristezas...Y en ese éxtasis, hasta el olor de adobe o quincha, que caracterizan a las construcciones de la vieja Lima, bien podrían trasladarnos de golpe a los escenarios de la infancia o juventud, cuando nosa considerábamos inmortales porque el tiempo era una variable que sencillamente no era tomada en cuenta.
(Fragmentos del artículo Las huellas del pasado, publicado en: Alberto Mosquera Moquillaza, El amor en tiempo de bolero, Ediciones cuartel primero, Lima, 2006, 109 pp.). Fotos de Elbita Vásquez Vargas.








Lindas Fotos..no tendras mas?
ResponderEliminarGracias.
Wladimir C. Ramirez