domingo, 29 de julio de 2012

OBISPO DE LOS POBRES



Conocí al padre Luis Vallejos Santoni (1917-1982) en las aulas guadalupanas, fue el profesor de religión de la promoción que egresó en 1963 . Después, supe de él esporádicamente: que estuvo en el Callao y después en el Cusco como Arzobispo; y su muerte en un accidente de tránsito, a 40 kilómetros de la ciudad imperial, nos entristeció porque había sido uno de los grandes maestros que tuvimos en el viejo plantel de la avenida Alfonso Ugarte. Estábamos en pleno desarrollo de la adolescencia y supo entendernos y encarrilarnos. Nunca lo vimos con el ceño adusto, ni le escuchamos altisonancia alguna, para todo siempre hubo una salida. 

He vuelto a recordarlo al leer una nota publicada en Convergencia, órgano del Movimiento Polìtico Regional con sede en Trujillo, en la que pasándose revista a la fundación del SUTEP y su evolución posterior, incorpora unas líneas que pintan de cuerpo entero al religioso. Ignoraba, para empezar, que el padre Vallejos había sido fundador del SUTE en el Colegio Guadalupe y que a lo largo de los años 70 (el SUTEP fue fundado en 1972) había mantenido, como profesor, una relación fluida con su gremio que lo llevó, ya en el Cusco, a apoyar la huelga magisterial de 1978, en plena vigencia de la dictadura militar que en esos años era dirigida por el General Morales Bermúdez. 

Esa huelga, luego de varios meses, concluyó con una victoria del SUTEP, que fue celebrada a lo largo y ancho del territorio nacional, no solamente por los maestros sino por el pueblo todo que se anotó una victoria política significativa en la lucha antidictatorial y democrática que se libraba. En el Cusco el pueblo se volcó a las calles con el Arzobispo Vallejos en primera línea y cuando se desembocó en el atrio del Paraninfo Universitario y las notas de la Internacional Comunista llenaron el ambiente, el prelado ni se inmutó. Al terminar la entonación de la Internacional, Monseñor Vallejos tomó el micrófono y con toda la autoridad de su investidura, pero sobre todo la que emanaba de su consecuencia con la lucha magisterial, dijo muy tranquilamente: "...hermanos ya hemos entonado el himno de los trabajadores, ahora entonemos el himno de Dios" y comenzó a rezar: Padre nuestro que estás en los cielos... sin que nadie, ni los más duros entre los duros, osara contrariar la disposición del religioso. 

Valllejos Santoni sigue presente en la memoria del pueblo cusqueño, que lo eligió como Presidente Honorario del Frente de Defensa de los Intereses del Pueblo del Cusco. Su vocación de servicio al pueblo, particularmente a los más pobres del campo, fue indesmayable, pero con ello se granjeó también la animadversión de los poderosos del sur del país y de la propia dictadura militar, ante cuyos ojos, el padre Vallejo no era sino un comunista más, pero con sotana. El llamado Monseñor de los pobres, ante esos ataques sistemáticos no se quedó callado y en una recordada exposición llegó a decir: "Si defender el saber, la enseñanza y la cultura de un pueblo, las aspiraciones más sentidas de los pobres del campo y la ciudad es ser comunista, entonces yo soy el primero". 

Mis respetos a mi recordado profesor de religión.

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