domingo, 4 de enero de 2009

¿MÁS MALA
QUE NUNCA?


Las apuestas corren ante la reaparición de Magaly Medina, la famosa Urraca de la televisión peruana. Para unos, los dos meses y pico de cárcel, le han limado las garras sobre todo ante la posibilidad, por la misma sentencia - la han dejado en libertad condicional y con condena ampliada a dos años - de volver a ver el sol a cuadritos ante cualquier nuevo resbalón, por ende, la huachana de oro ya no volverá a ser la misma hueleguisos de antes. Para otros, por la naturaleza misma del programa de la Medina, caro a la televisión basura, por los millones en juego - César Hildebrandt ha afirmado que la Urraca es el cajero electrónico del Canal 9- pero muy especialmente por el temperamento mismo de la conductora - nunca juega a perdedor- ella reaparecerá con las pilas recargadas, dispuesta a no dejar piedra sobre piedra de sus detractores en el mundillo de la televisión, que desde el 31 de diciembre, fecha de la excarcelación ya no duermen tranquilos, sobre todo desde el momento en que la propia Magaly anunció que este 5 de enero volvería a las andadas, siempre con su inseparable Ney, como segundo gran violín.

Me inclino por la segunda posibilidad. Los hechos demostrarán si tengo o no razón. Pero en esta nota, ello no es mi preocupación central, porque lo que quiero, ante todo, es que se ponga atención en el gran respaldo popular que la carcelería de la Urraca ha revelado, y que como ella misma ha admitido, constituyó "su fuerza" para no quebrarse durante el tiempo que estuvo en el penal de Chorrillos. Razón no le falta. La gran cantidad de hombres y mujeres que el 31 de diciembre esperó pacientemente su salida constituyen apenas un pálido reflejo de esa masa humana que a través de sendas encuestas la encumbraron primero, como una de las principales liderezas de opinión en este país, y después, como el personaje del año 2008.

Nadie ha puesto en duda la seriedad de ambas encuestas. La última ha sido un trabajo a nivel nacional efectuado por la Universidad Católica, que además de revelar el gran arraigo popular de la Medina - ya lo quisiera tener alguno de nuestros inefables políticos criollos- manifiesta, al mismo tiempo, el gran poder ideológico de los medios de comunicación, capaces de poner patas arriba la escala de valores de nuestras gentes, al arrinconarlas, en su percepción de las cosas, en las fronteras de una televisión basura, escenario de donde esos compatriotas extraen sus líderes y héroes.

El campo de la ciencia y la cultura, el de la educación o humanidades, el de los héroes anónimos del Perú real, que se baten día a día por arrancar para sus pueblos alguna reivindicación que les asegure bienestar, salud, alegría, no son tomados en cuenta. Para estos sectores valen más los programas de la Magaly, sus vicisitudes, sus penas y alegrías, sus poses y arrebatos. He aquí el trastocamiento de valores, donde lo accesorio e instrascendente es visto como lo sustancial y trascendente.

Que la huachana de oro tiene sus méritos, los tiene, como los posee su inseparable Ney. Esto no lo pongo en duda (Ver en este blog artículos: El morbo llamó al morbo y Un monstruo llamado Magaly), lo que hago ahora es ver el fenómeno desde una perspectiva de conjunto, separando el agua del aceite, convocado justamente por los resultados de las encuestas arriba citadas, que da una idea del embotamiento ideológico que existe en el Perú de hoy, responsabilidad primera del poder mediático de los medios de comunicación y de quienes se mueven tras bambalinas para alcanzar logros como los que estamos comentando.

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