Que en el desquiciamiento social limeño de las dos últimas décadas del siglo XX, Monserrate decayó, es innegable, pero no al punto - como afirma el Dr Miró Quesada - de convertirse prácticamente en tierra de nadie. Que tiene sus ladrones o sus putas, es cierto, como tampoco escapa a la verdad que cuente con sus drogos, pandilleros o sus bravos de pelo en pecho. Pero sucediendo eso hasta en las "mejores" familias, no hay porqué ahogarnos en un vaso de agua, sobre todo si existen instituciones como las creadas por el padre Serpa que con su trabajo asistencial contribuyen a amenguar los efectos de tales situaciones; cuyas causas, desgraciadamente, no han podido ser atacadas ni por el gobierno actual ni por los anteriores.
ALBERTO MOSQUERA MOQUILLAZA, del cuartel primero de Lima, escribe y comenta sobre cultura y vida...
domingo, 28 de diciembre de 2008
EN DEFENSA
DEL BARRUNTO
Plazuela de Monserrate
Foto de Elbita Vásquez Vargas
Quienes de una u otra forma han llegado hasta este rincón cibernético, libertario y sandunguero, han tomado conocimiento que aunque de ancestros andinos por angas y por mangas, mis orígenes están en el barrio de Monserrate, en el Cuartel Primero de la vieja Lima. Nací, me crié, hice mis pininos amorosos y chupísticos en ese rincón tradicional de raíces coloniales. Y si bien hoy vivo a 30 kilómetros del nucleo monserratino, nunca he perdido el contacto directo o indirecto con sus calles y plazas, sus gentes, sus aíres y sus clásicos olores a quincha, choncholí, mazamorra, y el sabor del champú de cariño que nunca ha faltado.
Me llama la atención por ello que el ilustre Francisco Miró Quesada Cantuarias, recordando la labor cristiana del padre Juan Serpa en Monserrate, haya tenido que pintar un cuadro infernal del barrio para realzar los logros asistenciales del sacerdote huarochirano. En efecto, el renombrado filósofo ha escrito:
"Este barrio - por Monserrate, A.M.- era uno de los más peligrosos de Lima. Estaba plagado de pandilleros, ladrones y drogadictos, sumamente agresivos. Su población estaba, además en extrema pobreza. Se conocían casos de personas que se habían atrevido a ir al barrio y fueron asesinadas. Nunca nadie fue apresado. Hasta la policía temía a las bandas que asolaban a los pobladores de la zona... Cualquier persona que hubiese tenido la audacia de hacer lo mismo - se refiere el autor a la instalación del padre Serpa en el barrio, A.M.- habría corrido el riesgo de ser asesinado o, en el mejor, de que le robaran hasta los zapatos".
(El Comercio, Lima, 25 de diciembre de 2008, p. a4).
En el periodismo esto se llama levantar la noticia. No puedo afirmar que Monserrate haya sido una especie de paraiso terrenal limeño, pero pintar las cosas como lo hace el doctor Miró Quesada es irse a los extremos. En principio, porque todos los barrios limeños, incluyendo los más encumbrados, han sufrido, y siguen sufriendo, los estragos de la delincuencia, del pandillaje, y la drogadicción, en dos palabras de la violencia social, institucionalizada en la capital como efecto de una formación social en crisis. Monserrate, no ha sido ni es la excepción, pero de aquí a sostener que el barrio haya sido una suerte de zona liberada para ladrones, asesinos y drogadictos, transformada luego - gracias al padre Serpa- "en un barrio pacífico", hay una distancia enorme.
Monserrate siempre ha sido un barrio pobre, pero de gente sana, querendona y digna. Sus obreros, artesanos, comerciantes y gente de medio pelo que pueblan sus callejones, caserones, quintas, y casitas clasemedieras, se distinguieron siempre por su alegría y bonhomía criolla, incluyendo su gente brava. No es casual que en sus fronteras funcionen o hayan funcionado clubes criollos como el Pedro Bocanegra, Unión, El Sentir de mi barrio, el Pinglo y el Huancavelica. O que entre sus hijos predilectos figuren elementos de la talla de Rafael Matallana, Cecilia Bracamonte, Pedrito Otiniano, o Adolfo Suárez Perret, el genial billarista, entre muchos otros.
Barrio que se siente orgulloso de contar con una Iglesia colonial como la de Monserrate, y de un centro educativo como La Milla, o República de Venezuela, por cuyas aulas centenarias han pasado miles de hombres y mujeres - incluyendo este escriba- que bajo la batuta de docentes legendarios no solo se hicieron de las primera enseñanzas de los programas educativos, sino que además fueron soldando amistad y solidaridad en la lucha por no perder jamás la esperanza de una vida mejor.
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Alberto:
ResponderEliminarTe felicito. Estamos en lo mismo. Así como tú defiendes tu barrio: Monserrate, donde no había "monses", e igualmente que los barrios populares como Surquillo, La Victoria, El Rímac, Breña, etc., tenían sus zonas bravas, pero a determinadas horas y en ciertos lugares, es cierto, yo también defiendo a SUYORQUI y he formado con otros patas de mi promo de la GUE Ricardo Palma, el GAMASURQ, (Grupo de amigos mayores de Surquillo) que trata de recordar y preservar la identidad del barrio de los años 58 hasta el 70, más o menos, para que no se pierdan las historias del tranvía del urbanito de los choros que respetaban el barrio., de Miguel Loayza, los Facusse, Charolito Reyes, Roberto Dávila, el "negro mundo", etc., etc., que tu pata el periodista Justo Linares -gran surquillanófilo- te habrá referido en las tertulias periodísticas de Última Hora. Bueno, que sabrá Miró Quesada, si él nunca viajó en ómnibus ni mucho menos caminó por esos lares. Es buen linguista, pero no tiene "lleca", como diría el amigo Eloy Jáuregui que tiene un aire al papá Chuiman y ha escrito también de Surquillo, como lo estoy haciendo con una novelita que he comenzado acerca del famoso "flaco" Turi, una especie de Robin Hood surquillano, del cual ya te voy a contar.Estimado Alberto, sigue con tu apología del barrunto que te apoyamos y voy a demostrar que Chicago Chico no existe. Un abrazo.
Roberto Arriola
Alberto:
ResponderEliminarNaci en el '74 en Miraflores, pero siempre digo que soy de Cercado de Lima. Yo creci en Monserrate. Mi barrio era la cuarta cuadra de Tayacaja. Aunque la mayor parte del tiempo la pasabamos dentro del edificio, mis amigos y yo paseamos por los Jirones Callao, Ica y Huancavelica. Comiamos salchipapas en la Avenida Tacna y turrones frente a las Nazarenas. Comprabamos con nuestras madres en el mercado La Aurora. Y nos colabamos en el billar a ver como los bravos jugaban, apostaban y fumaban toda la noche. Ibamos a misa los domingos en la parroquia y nos reuniamos a ver a las chicas en el parque. Recuerdo muy bien algunas noches de cine en las cuales el padrecito usando un proyector muy antiguo, pasaba peliculas en el parque, usando una sabana blanca como pantalla. la gente siempre fue muy buena y no recuerdo ver malandros. De nino a veces uno no ve las cosas feas a su alrededor, pero para mi Monserrate siempre sera bonito. Me mude a Miami en el '87 y aunque regreso a Lima a ver a mis familiares, ya en Monserrate no quedan mas amigos. Al ver las fotos recorde cuanto quiero ese barrio.
Gracias por los recuerdos y fotos.
No tendras mas fotos del barrio?
Un abrazo desde Miami..
Wladimir C. Ramirez
Jr. Tayacaja 444 Dept. 205