EN LA HISTORIA

El joven Fidel Castro, triunfante.
La revolución cubana marcó a fuego mi generación. Le dio sentido histórico a las inquietudes juveniles, contestatarias y espontáneas de los años 60 y 70 que afloraban instintivamente, en medio de una Patria que había echado anclas en un brumoso pasado casi medieval y en una modernidad colonial digitada desde Washington y Nueva York; pero inquietudes que casi siempre terminaban entre bostezos en los predios de partidos electorales de altisonancias aurorales, pero de finales caricaturescos, enredadados casi siempre hasta el cuello en el orden que originalmente decían combatir.
Los rebeldes de Sierra Maestra, que el 1 de enero de 1959, anunciaron al mundo, su victoria histórica sobre las fuerzas batistianas, le devolvieron a la palabra revolución su verdadera acepción de transformación total, de cambio sustancial, radicalmente opuesta al sentido desnaturalizado de cuartelazo militar como interesadamente se le entendía y pregonaba. Revolución, que implicó la posibilidad real de negar el capitalismo con el socialismo, como lo anunciaron en su momento, ya no al otro lado del mundo, como hasta esos años venía aconteciendo, sino en tierras latinoamericanas, en el mismísimo patio trasero del imperio norteamericano, poniendo en evidencia el gran potencial revolucionario que existía en estas latitudes.
Era una revolución socialista de color verde olivo, de aíres caribeños, que se orientaba a hacer del hombre el centro de la atención del cambio revolucionario y de los pueblos verdaderos protagonistas de una historia que debía tener el color y las tonalidades de sus propias realidades. Bien lo decía Martí:
"... el buen gobernante en América no es el que sabe como se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país y como puede ir guiándolos...para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos"
Desde 1959 a la fecha el proceso cubano ha pasado por mil peripecias, de todo calibre, donde los errores y desviaciones no han sido pocos, pero donde además, el complot y el acoso imperial han estado permanentemente en el orden del día de aquellas fuerzas internacionales que ven en la experiencia cubana un mal ejemplo para todos los pueblos latinoamericanos que aspiran a la libertad, a la independencia, a un nuevo orden, diferente al capitalismo en crisis. Dejemos que los propios cubanos resuelvan sus problemas, la libre autodeterminación de los pueblos es un principio inabdicable. Que los veteranos de Sierra Maestra sumen su experiencia al ímpetu y entusiasmo de los nuevos cuadros y dirigentes. 50 años es apenas un pestañeo en la creación de una nueva sociedad.
El mítico Che Guevara
Raúl Castro y Camilo Cienfuegos
Fidel y su pueblo
La mujer cubana ¡presente!
Entusiasmo popular
Fotos del archivo Life
1 de enero de 1959
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