jueves, 26 de junio de 2008

UN CARAJO DE AÑOS


Alberto Mosquera, Andrés Huguet,Guillermo Gutierrez y
Lucho Ruiz


Con María Julia y Rosita Tapia


LA YERBA DE LOS CAMINOS...

Estábamos juntos otra vez, como si fuera ayer, hace un carajo de años, cuando nos reuniamos en una banca del Patio de Letras de San Marcos, en la Ciudad Universitaria, para hacernos a la mar, hacia donde nos llevaran los buenos vientos de la amistad. No hubo huarique de las inmediaciones que no conociera de nuestras inacabables conversaciones o discusiones. El Chorito, en la Unidad Vecinal Nº 3, cerquísima a la casa de Rosita y María Julia, era uno de ellos: Buena música, buenos tragos, excelentes choritos a la chalaca. El recordado Huamán, en el barrio obrero, era otra de nuestras pascanas, de día o de noche, porque el ayacuchano huérfano pajarillo que había echado raíces en ese point andino de los 60 quería compañía, y ahí estábamos, andinizando los pechitos criollos y haciendo modos por acostumbrar nuestras cinturas y piernas rumberas a los recios contorneos y zapateos del huayno y la muliza, porque nadie negará que eso de gozar en la casa de don José, que era un buen hombre, un hombre de buena fe es una cosa, y otra es entrar a bocinear y bailar que estábamos muy tristes en la vida oiga, malaya mi destino ayrampito, y como quisiéramos tomar la chichita de tus flores para beber así el néctar del olvido.

SI ME QUIERES ESCRIBIR...

El centro de Lima supo también de nuestras incursiones y arrebatos juveniles. Había pasado el esplendoroso tiempo de la Generación de los 50, pero en El Palermo, podíamos darnos todavía cara a cara con un Reynoso o un Vargas Vicuña, sumados a las discusiones del momento: el fracaso del belaundismo, las guerrillas del MIR y del ELN, la insurgencia del reformismo militar, la nueva alternativa de izquierda, que si son moscovitas, chinos, verracos o troskos; porque oiga usted había que hacer la revolución desechando las ilusiones del reformismo, ya que ese rollo de unirnos con el ala izquierda de los militares para enfrentar a la derecha era una gran pendejada de la burguesía, porque de lo que se trataba ahora era de aceitar los ejes de la carreta como lo hubiera dicho don Atahualpa Yupanqui. Y si no estábamos en El Palermo, nos encontraban en La Llegada, donde había un señor radiolón que nos alentaba a vivir, o también ahí cerquita, en Azángaro, en el Muymuy, donde podíamos matar el día pletóricos de entusiasmo y con nuevas tareas en la agenda.

QUE CULPA TIENE EL TOMATE...

Nunca faltó un aterrizaje por La Parada, en busca de las esquinas musicales serranas, porque señores las voces de Flor Pucarina, del Picaflor de los Andes o del Jilguero de Huascarán, en Lima, siempre se escuchaban mejor en medio del quechuañol de los cargadores y vendedores del Mercado Mayorista, de los olores y sabores de un caldo de cabeza de carnero, y de los infaltables choclos, quesos, papa y huacatay. Nos computábamos en la sierra, la rockola, por obra propia o de otros parroquianos era la encargada de trasladarnos hasta el último rincón de los Andes. Como nos gustaba aquello de ay negra, ay samba, quien será tu dueño, mañana, cuando yo me vaya a Lima, pero también apostábamos por el cuatro somos en tu puerta, y los cuatro te queremos, sal pues y escoge a uno, que el resto nos iremos.

SAN JOSÉ REPUBLICANO...

Pero no podemos olvidarnos del cholo Capuñay y su picantería, un bohío monsefuano en medio de la negrería victoriana. Nunca faltaron los potos y los cojuditos de chicha, tampoco el cebiche y la jalea de cachema. Y la radiola nos iba soltando a los cantantes, uno a uno, sobre todo aquellos que podían curarnos los males del corazón: Javier Solís, Roberto Ledesma, Lucho Barrios y dos más, al polo muchachos. Y salían los pasillos en filita, con Julio Jaramillo, las Hermanas Mendoza Sangurima y el dúo Campos Rojas, porque nada en esta vida podrá separarnos te juro mi amor, ni la misma muerte podrá arrancarte de mi corazón, porque te amo tanto que a veces pregunto si es verdad amor, yo mismo me espanto de este amor sublime que hay entre los dos...

Como no íbamos a celebrar el reencuentro ese día de mediados de junio en esta malquerida Lima del 2008.

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