PAN DE INDIOS
Foto de Elbita Vásquez Vargas
La papa se ha puesto de moda. Mientras escribo estas lineas voy saboreando las crocantitas papas nativas que el mercado nos está entregando: no tienen colesterol ni colorantes, poseen un alto contenido de antioxidantes naturales y se afirma que son muy nutritivas. Este hecho se suma a otros: exhibición y venta de las múltiples variedades del tubérculo, degustación de potajes, eventos científicos, festivales musicales, recomendaciones gastronómicas, e incluso pechadas chovinistas con los chilenos sobre su verdadero origen, etcétera, y que en el marco del Año Internacional de la Papa han colocado a este producto en el centro de la atención nacional y mundial.
Todo está muy bien. Pero las cosas estarían mejor si es que el tema se enfocase desde todos los planos. Si así lo hiciéramos avanzaríamos un gran trecho en la superación de complejos que nos llevan a subestimar nuestras potencialidades, no las geográficas o ecológicas - se ha avanzado al respecto- sino las culturales, las humanas, siempre venidas a menos por un trasnochado etnocentrismo que nos lleva a considerar a nuestras poblaciones andinas y amazónicas como la última rueda del coche.
Porque si la papa, a la cabeza de otros tubérculos como la oca, la mashua o los ollucos, por citar sólo tres especies, mantienen su vigencia en el mundo andino, es a pesar del consuetudinario desprecio o desdén con el que siempre han sido tratados u observados por quienes de peruanos sólo poseen la partida de nacimiento. Ahora mismo se habla mucho de orígenes, tiempo de domesticación, altitudes, variedades, etcétera, de la papa, pero se habla poco o nada de los
héroes de carne y hueso que a lo largo de miles de años, sobre la base de su experiencia y sapiencia, lograron domesticarla y cultivarla al igual que a una larga lista de cultivos andinos que los españoles encontraron a su llegada a nuestras tierras.
Gracias a las sociedades prehispánicas los Andes tienen el privilegio de ser considerados, a nivel planetario, como uno de los 8 centros de domesticación de cultivos alimenticios (estamos hablando de los centros Vavilov), todos ellos entregados a la humanidad para su usufructo, entre ellos la papa, que sigue siendo enriquecida en su desarrollo por las poblaciones campesinas de nuestros días.
Nada de esto cuenta para el raciocinio colonial, que sigue viendo en la papa el "pan de indios", como despreciativamente lo calificaban los españoles en los tiempos virreynales, de otra manera no se explica esa paradoja de que a pesar de ser los dueños de un verdadero tesoro universal, los peruanos comemos menos papa que los europeos.
Coloquemos pues los caballos por delante de la carreta y empecemos por reconocer la sabiduría y capacidades de nuestras poblaciones andinas. De no ser por éstas no existirían en la actualidad más de 130 países que han hecho de la papa la columna vertebral de su alimentación, viendo además en ella la gran tabla de salvación para la crisis alimentaria que se está desarrollando en el mundo

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