lunes, 13 de diciembre de 2021

QUE NO NOS JODAN

 

Muy de temprano, y casi a la carrera llegué al supermercado a comprar pan, y nada más que pan, el café caliente esperaba. Tuve que dar media vuelta, no me dejaron entrar porque no había llevado mi carnet de vacunas. Caballero nomás, me dije, la salud de la colectividad está por delante. Lamentablemente, no toddos pìensan igual. Ayer pude esuchar, desde Cajamarca, a una irritada señora que apelando a las refritas tesis conspirativas protestaba airadamente por las resctricciones sanitarias aprobadas por el gobierno. Y por la noche, cuando me disponía a meterme al sobre una congresista de Perú Libre sustentaba su moción de decirle ¡No! a esas restricciones, coincidiendo lastimosamente, en este tema, con los trigloditas de Renovación Popular, si si, esos mismos que piensan pasar a cuchillo a los rojos, rojimios y rojetes...
 
Estos tíos no han entendido que estamos en una situación de emrgencia, de excepcionalidad sanitaria, en la que está em juego la vida y la salud de trentaitantos millones de habitantes. La pademia ya se levantó a más de 200 mil peruanos, algo así como 4 estadios naionales repletos de aficionados. Que a otros tantos miles los ha dejado medio turumbas, pese a que salvaron el pellejo, mientras que la salud mental de tutilimundi está en ascuas. ¿Y los millones de escolares que ya han perdido 2 años de estudios mientras sufren en sus hogares los rigores de la excepcionalidad?
 
Seguramente que el gobierno no podrá llevar del cuello al vacunatorio a los que se resisten a vacunarse, pero a lo que si están obligadas las autoridades es a velas la vida y salud de los que queremos protegernos y proteger a nuestros familiares, amigos, vecinos...Los antivacuna y congéneres tienen derecho a no vacunarse, pero a lo que no tienen derecho es a jodernos la vida.
 
Bienvenidas esas restricciones. El bien común está por delante. Como bienvenidas sean todos los esfuerzos para llevar la vacuna hasta el último rincón del país, empleando incluso todas las herramientas interculturales de la que se dispone para persuadir a nuestros conciudadanos de Sierra y Amazonía, impactados a la mala por las sectas religiosas que pululan por esos pagos.
 
En estos escenarios de emergencia hay que reconocer la labor eficiente del gobierno del presidente Castillo y de su ministro de salud, el doctor Cevallos. ¿Donde está el secreto? A mi entender, en que dejaron de lado el complejo de Colón. No había nada que descubrir. Sagasti y Ugarte abrieron trocha en lo que se refiere a vacunas, vacunación y vacunadores. Castillo y Cevallos siguieron esa senda, perfilaron lo que había que perfilar, corrigieron lo que había que corregir, manteniendo en lo fundamental los equipos de trabajo aunque incorporando sus propios cuadros. Y saltaron a la cancha, teniendo en mente que ese era y es el problema fundamental a resolver en la coyuntura de emergencia que vivimos: poner a salvo al hombre como componente clave, fundamentral,, de nuestras fuerzas productivas.
 
¿Por qué se opone Fuerza Popular? Bueno, estos tíos, como parte de su estrategia golpista se van a oponer a todo lo que haga el gobierno de Castillo. Una vez más demuestran que lo que menos les interesa es es la vida y el futuro de nuestros pueblos. En noviembre del año pasado, cuando la pandemia nos azotaba con furos, mandaron a su casa al entonces presidente Vizcarra. Ahora, quisieron hacer lo mismo con Castillo, pero a pesar de haber sido derrotados persisten en su labor de zapa, aunque estemos amenazados por la tercera ola y variantes de la peste mucho más agresivas.
 
¿Y Perú Libre? El dogmatismo del que hace hala, su desconocimiento de la realidad viva, palpitante, de nuestros pueblos y de los fenómenos económicos, sociales y sanitarios en su devenir concreto, los hace patinar; sin desconocer una buena dosis de sectarismo. Como sabemos, para dicha organización el ministro Cevallos forma parte de la cuota caviar enquistada en el gobierno del maestro chotano, y de la que no solamente hay que tomar distancia sino malearlo hasta desprenderse de él.
 
Como decían los mayores de mis tiempos juveniles: cada loco con su tema. Pero que nos nos jodan

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