jueves, 14 de febrero de 2013

AMIGOS...

 Amigos desde los años del mataperrismo zanahoria:
Abel Arangüena, Alberto Mosquera, Alberto Quiroz y Wilfredo Huisa

La amistad, como el amor, suelen siempre cocinarse a fuego lento; los años son el mejor brasero de ambos, para que vayan agarrando sabor, textura, color...

Me jacto por ello de tener un millón de amigos, no justamente por la cantidad sino por la calidad de las relaciones de afecto, simpatía y confianza mutua, que se han ido blindando a través de las sorpresas que suele darte la vida: buenas, malas o regulares, en cada etapa de tu existencia. 

En mi caso, cuando hablo de amistad, lo primero que hago es mirar mi chiquititud, en mi añorado Monserrate, en pleno corazón de la vieja Lima, donde forjé mis primeras amistades: en la esquina, en el parque, en el callejón, en el caserón; barrio pobre, pero sano en esos años en que comencé a cultivar esas relaciones camaraderiles, profundamente humanas, limpias, transparentes, solidarias, inagotables... que se fueron ensanchando conforme fui avanzando por los caminos y recovecos recorridos a lo largo y ancho de estos años...

Para esos viejos como para las nuevos amigos, hombres y mujeres, reales o virtuales, un gran abrazo fraterno y cálido; y un ¡salud! a forro por una amistad eterna...

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