MADRE
Apreciados amigos:
Que me disculpe el maestro Manuel Acosta Ojeda, por recurrir una vez más a la letra de su vals Madre, en este caso para saludar a vuestras madres y esposas en vísperas de un nuevo segundo domingo de mayo: a las abuelas y madres, a las hijas que potencialmente son también madres; y por supuesto que a las madres putativas y sustitutas que ejercen tan noble misión, a pesar que la naturaleza no les ha tocado todavía las puertas de la concepción.
Pero decía que me disculpe el maestro Acosta, porque en todo mi trajinar, que no es corto, no he encontrado una letra mejor que refleje tan cabalmente las preocupaciones que suelen envejecer a nuestras madres. Letra de un vals, lo confieso, que la he cantado no sé cuantas decenas de veces, que las canto mentalmente mientras observo a mi madre que a sus 85 años y su millón de arrugas, en medio de los clarooscuros de su memoria sigue preocupándose por el donde estaré, por el con quién estaré, por el a qué hora llegaré, y por supuesto por el en qué estado llegaré...
Para sus esposas, para sus madres, estén o no con ustedes, mis mejores recuerdos.
¡Salud por ellas y por todas las madres del mundo!
Madre, cuando recojas con tu frente mis besos
todos los labios rojos
que en mi boca dejaron
huirán como sombras
cuando se hace la luz.
Madre, esas arrugas se formaron pensando,
donde estará mi hijo
porque no llegará
y por más que las bese
no las podré borrar
Madre, tus manos tristes
como aves moribundas
déjame que las bese
tanto, tanto han rezado
por mis locos errores
y mis vanas pasiones
y por último madre
deja que me arrodille
y sobre tu regazo
coloque mi cabeza
y dime..."hijo de mi alma"para llorar contigo.
Puente Piedra, 9 de mayo de 2009
No hay comentarios:
Publicar un comentario