QUE NADIE SEPA
MI SUFRIR
La primera vez que escuché el vals "Que nadie sepa mi sufrir" fue en mi niñez, en un callejón de la cuadra 4 del jirón Callao, en pleno centro de Lima, que no tenía la prosapia de los callejones y solares bajopontinos o barrioaltinos, pero donde también se hacía música, al mejor estilo de aquellos, incluidos el buen trago y la buena comida, en jaranas donde hasta el policía de la esquina, con uniforme, vara y arma de reglamento se sumaba al jolgorio. Recuerdo mucho el coro y las clásicas palmas criollas que se armaban al ritmo de los versos de ese vals: Amor de mis amores/reina mía, que me hiciste/que no puedo consolarme/sin poderte contemplar... mientras las parejas danzaban con salero y picardía en la estrecha salita callejonera. Sin ninguna duda, era un vals de moda: su letra, tan expresiva para los corazones desesperadamente enamorados y el conocido ritmo criollo, habían calado hondo en los jóvenes de entonces.
Desde esos criollísimos años, mucha agua ha corrido bajo los puentes coloniales de la vieja Lima. La música criolla, incluyendo el vals citado, ya no gozan del esplendor de antaño, desplazados o avasallados por la música foránea o por ritmos propios, como la cumbia peruana tan del agrado de las juventudes de nuestros días. En esa vorágine musical, ya casi había olvidado la existencia de ese vals, de no ser por el el grupo 5, sí, el cumbiambero grupo monsefuano que lo ha vuelto a poner en el candelero de la sintonía, ya no indudablemente en el cadencioso ritmo de los tiempos de mis padres- los jóvenes de ayer- sino esta vez en ese pegajoso ritmo culebrítico que se ha metido en los poros musicales de todo el país.
Lo que muchos siguen ignorando es que ese vals es considerado como peruano, no por la autoría sino por el ritmo, la melodía, propia de los valses jaraneros locales; pero también por la carga sentimental de unos versos que bien podrían haber sido amorosamente compuestos por un inspirado bardo limeño. Pero que quede claro: el autor de la letra es un argentino, compositor de tangos y milongas, Enrique Dizeo, y la música corresponde a su compatriota Ángel Cabral. Dizeo es un reconocido autor porteño que se trató de tu y vos con Carlos Gardel, hermanados ambos por la bohemia, el quilombo, las percantas, la noches interminables, y por supuesto que por la celebridad esquinera de los barrios bonaerenses.
Tampoco se sabe que Edith Piaf, la célebre cantante francesa, tenía en su repertorio preferido el vals de Dizeo y Cabral: http://mx.youtube.com/watch?v=gts9aKeEUjA&feature=related quizá porque la letra reflejaba en cierta medida la azarosa vida sentimental del gorrión parisino. Pero no ha sido ella la única intérprete que lo internacionalizó. La lista es larga: Hugo del Carril, Alberto Castillo, Julio Jaramillo, para el gusto de los bohemios de ayer; pero para las generaciones más cercanas, hay que citar a Plácido Domingo, Julio Iglesias, Rafael, Soledad Pastorutti, Charlie Zaa, entre otros, cada quien poniéndole su respectivo sello interpretativo, o, incluso hasta cambiándole el nombre, porque tan célebre vals también es conocido como Amor de mis amores.
Dizeo y Cabral, por separado, tienen en su haber centenares de composiciones. Pero ninguna le dio más réditos que el reconocido Que nadie sepa mi sufrir. En 1990, cuando Cabral tenía 80 años de edad - falleció en 1997- un cronista le preguntó por el éxito de ese tema. Simplemente dijo: "Es un lindo valsecito peruano, no lo puedo comprender. Si hay veinte mil canciones mejores". El secreto está en la letra, porque ella refleja la vida, pasión y muerte de una relación amorosa que bien puede vivirse en Lima, Quito o Buenos Aíres; pero relación que llega a su fin a causa de la ingrata a la que se adoraba tiernamente, pero cuyos lindos ojos negros "alumbraron el cariño de otro amor" .
El mensaje sentimental sigue vigente. Véase nomás a los jóvenes cumbiamberos de hoy, cuando se lanzan a la pista de baile al ritmo de Que nadie sepa mi sufrir. El frenesí de sus movimientos es indesligable del coro de sus voces, poniendo énfasis en aquellos versos que marcan seguramente sus historias personales. ¿Qué dice usted? Guíese por la letra:
No te asombres si te digo lo que fuiste,
una ingrata con mi pobre corazón,
porque el brillo de tus lindos ojos negros
alumbraron el cariño de otro amor.
Y pensar que te adoraba tiernamente,
que a tu lado como nunca me sentí.
Y por esas cosas raras de la vida
sin el beso de tu boca yo me vi.
Amor de mis amores,
reina mía, qué me hiciste
que no puedo consolarme
sin poderte contemplar.
Ya que pagaste mal
a mi cariño tan sincero,
lo que conseguirás
que no te nombre nunca más.
Amor de mis amores
si dejaste de quererme,
no hay cuidado
que la gentede eso no se enterará.
Que gano con decir
que una mujer cambió mi suerte,
se burlarán de mi,
qué nadie sepa mi sufrir.

Cuidadito, que con esos versos el corazón de don Lucho se acelera y nunca más la nombrará
ResponderEliminarun abrazo,
Zetti
Que buena, mi querido Alberto, es bueno que de vez en cuando se refresque la memoria a todos en cuanto a la autoria de los temas mas populares, y si se hace para el exterior mejor, porque muchos temas de autores peruanos son "expatriados" por algunos vecinos codiciosos.
ResponderEliminarG.
"que nadie sepa mi sufrir", un lindo vals que no es peruano. "Peruanita bonita" que lo cantó Cavero pertenece a la pluma de Vicente Bianchi de nacionalidad chilena quien formó una orquesta en Lima. Igualmente, el vals peruano "Clavel marchito" fue compuesto por Gonzales Malbrán, chileno, que es también autor del bolero "Vanidad". "Un vals y un recuerdo" es un vals peruano que rescata para la historia a un cantante de los 40 llamado Néstor Chocobar. Los autores fueron Rodolfo Coltrinari, argentino, y Lorenzo Humberto Sotomayor, peruano.
ResponderEliminarSaludos;
Alfredo
Alberto mientras busco el vals "que nadie sepa mi sufrir" cantado por Edith Piaf, ve endulzándote con Padam, padam .
ResponderEliminarUn abrazo
Iris
Pero la versiòn de Piaf es dedicada al público, la letra no tiene nada que ver con la de español.
ResponderEliminarComo argentino, y no lo digo con ningún sentido chauvinista, aclaro, he descubierto yo mismo que por ignorancia creía que por ser el ritmo de un vals peruano, era originario de ese país. Pero no, se trata de dos compositores porteños: Enrique Dizeo y Angel Cabral. Por eso me llena de orgullo que la gran Edith Piaf lo haya incorporado a su repertorio, como "La Foule", no así la versión de Soledad Pastorutti (para mí un invento publicitario sin talento y mucha promoción) conocida como "La Sole", que debió abstenerse de grabar esta canción para que sus autores, que murieron seguramente, como tantos otros ignorados en el anonimato, tuvieran el homenaje de los grandes. CHARLES AQUILANO
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