sábado, 8 de marzo de 2008

PROLETARIAS
DEL AMOR


Flor en el pelo
flor en el sexo
mar y río
Jorge Amado

La Tana Rinaldi, siempre la Tana. La escuché por primera vez hace un montón de años en el ombligo del mundo: en las punas de La Quiaca, en la frontera argentina-boliviana. Me abrevió la noche gélida, mientras esperaba cruzar, al amanecer, la línea fronteriza. Su voz bronca, huracanada, me mantuvo en vilo, paseándome en su canto por los barrios, esquinas y boliches bonaerenses, mientras a ritmo de bandoneón y en el lunfardo orillero presentaba a los personajes de la nocturnidad porteña: giles, bacanes, malevos, madamas, grelas... vaya uno a acordarse de quienes más. Con muchísima razón, impactado por su canto agónico, Julio Cortázar, sí, el de Rayuela, escribiría en el París del 73 o 74: No sé lo que hay detrás de tu voz/Nunca te vi, vos sos los discos/que pueblan por la noche este departamento de París/.

Hoy he vuelto a encontrar a la Rinaldi, en su canto vivo, en su tango-canción, rasgando siempre la noche, los amaneceres, el asfalto, el resplandor y la mugre de la vida. Esta vez le canta a las obreras del placer, a las que en la calle te venden fogonazos de amor y caricias de libreto. Son las mujeres que importan a los poetas, novelistas y juglares de ayer y de hoy, pero que cargan el olvido, el desdén, la humillación, la hipocresía, de un mundo que les creó un oficio, el más antiguo, y que desde sus precariedades eternas las multiplica por decenas, centenas y miles, pero que al mismo tiempo las excluye, denigra y persigue.

A esas milonguitas de la canción antes se las veía sólo de noche en la vieja Lima, mariposas nocturnas del amor les decían, ahora las vemos de día y de noche, taloneando siempre, hacia arriba, hacia abajo, hacia ésta o hacia la otra esquina. Hubo un tiempo en que tuvieron sus propios barrios, pero la demanda del amor fácil, sin límites y al alcance de la mano borronearon rápidamente esas fronteras. Esas mujeres son parte de la ciudad y de su historia, aunque los historiadores de cuello y corbata las ignoren.
Pero para eso está la memoria popular, que nos habla del Tajamar, El buque, Huatica, El Trocadero, las Cucardas... Hoy, no hay distrito de la gran Lima ni ciudad que se precie de tal que no cuente con sus propias obreras del amor, con sus calles del placer, en donde ellas, día tras día, conquistan con sus cuerpos el derecho a la vida.
En el Día Internacional de la Mujer, no las ignoremos.
(Ilustración de Calasans Neto. Tomado de Jorge Amado, Teresa Batista cansada de guerra. Ed. Losada, Buenos Aíres, 1973.)


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