lunes, 17 de marzo de 2008

COMO SIEMPRE,
DE RODILLAS

Una carta abierta de connotados intelectuales peruanos, recientemente publicada en un diario local, ha puesto al descubierto la verdadera naturaleza del llamado Memorándum de entendimiento suscrito entre los representantes del gobierno peruano y la Universidad norteamericana de Yale, en relación a la devolución al Perú de los materiales de la "colección Machu Picchu" que Hiram Bingham se llevara del país desde 1911, y cuyos plazos de devolución - de acuerdo a las autorizaciones de salida- vencieron largamente.

Aunque los negociadores del gobierno, presididos por el Ministro Hernán Garrido Lecca, dijeran muy entusiastamente que habían logrado que Yale reconociera " la propiedad irrestricta y absoluta" del Perú de los materiales en litigio, lo cierto es que en los hechos tal aceptación no existe, pues de lo contrario no habrían condicionado la devolución de las piezas al cumplimiento de determinados requisitos: construcción en el Cusco de un Museo y de un centro de investigación con presencia decisoria de los representantes de Yale, que definirán los objetos a ser expuestos; derecho de usufructo de la entidad norteamericana sobre toda la "colección Machu Picchu" mientras no se construya el Museo, usufructuo que puede extenderse hasta 99 años más si es que dicha edificación no se concluye; retención por Yale y por un tiempo indefinido, de aquellos objetos destinados a la investigación; sujeción a los tribunales norteamericanos por cualquier controversia que pudiera surgir en el cumplimiento del Memorándum de entendimiento.

Los negociadores han burlado el artículo 21 de la Constitución peruana que a la letra dice: "Los yacimientos y restos arqueológicos, construcciones, monumentos, lugares, documentos bibliográficos y de archivo, objetos artísticos y testimonios de valor histórico... son patrimonio cultural de la Nación", en cuya perspectiva no hay nada que discutir con los señores de Yale en cuanto a la propiedad y posesión futura de la colección, mucho menos aceptar sus condiciones arbitrarias para la devolución de lo que nos pertenece.

Según los especialistas, Yale tiene en su poder más de 4000 piezas obtenidas del propio Machu Picchu, de los cuales la Universidad ha aceptado devolver 384. Esta sola actitud de querer devolver la cantidad de objetos que ellos desean, es de por sí condenable, Yale tiene que entregar todo el patrimonio que pertenece a los peruanos, no puede retacearlo. Según Luis Lumbreras, ex director del Instituto Nacional de Cultura, Yale sólo quiere regresar lo que a criterio de sus especialistas son objetos museables. Doblemente condenable: no se puede cercenar así el raciocinio y la lógica de nuestros arqueólogos para exhibir tales o cuales objetos, de acuerdo a sus criterios técnicos, educativos, propagandísticos, etcétera.

Explicando este hecho, el mismo Lumbreras, bajo cuyo patrocinio se entablo juicio a la universidad citada, ha dicho que los negociadores "no tienen la menor adhesión por las cosas que simbólicamente son importantes para los peruanos". Yo diría que además, como ocurre con negociaciones como el de la deuda externa, los funcionarios peruanos no van a negociar, van a aceptar imposiciones; en otros términos, en el asunto de la "colección Machu Picchu", han ido de rodillas. Los resultados los tenemos a la vista.

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