TU BOCA,
DAME TU BOCA
“Tus besos, tu boca,
Es la única boca
Que beso yo”
Miguel Matamoros
Físicamente cada una de ellas tiene bien puesto lo suyo, pero ¿se ha puesto usted a pensar qué hay de común entre Angelina Jolie, Jennifer López, Catherine Zeta- Jones, Halle Berry, Pamela Anderson, Sandra Bullock y otras veintitantas bellezas del cine norteamericano, consideradas como las mujeres más deseadas de nuestros días? No hay que darle muchas vueltas al asunto para observar que la respuesta está en sus rostros y no en otra parte de sus sugerentes cuerpos, y concretamente en sus labios, en sus bocas deliciosamente carnosas, que constituyen para sus seguidores, hombres y mujeres, el puerto de entrada para todo tipo de fantasías.
Tal es el atractivo irresistible de esos labios, particularmente los de Angelina Jolie, que en la actualidad existen millones de mujeres que sueñan con tener algún día esa esplendorosa como seguramente, pienso, golosa boca. Los cirujanos plásticos de las mejores clínicas del mundo dan fe de esa labiomanía, no estando a la zaga los laboratorios farmacéuticos, que han lanzado al mercado inyecciones, rellenos, técnicas y una diversidad de procedimientos, para que esos sueños se hagan realidad.
Estamos ante una moda, que en el mítico Hollywood ha reposicionado a las beldades de bocas sensuales, que nos traen a la memoria los eróticos morros de Silvana Mangano y Sofía Loren, - no me olvido de Brigitte Bardot - que en sus tiempos de auge pusieron de vuelta y media a sus seguidores, imponiendo un voluptuoso tipo de mujer, en el que la boca era algo así como la cereza de la torta, tantas veces imaginativamente mordizqueada.
En esta parte del mundo, me refiero a América Latina, los hombres siempre hemos matado por las mujeres “de buen ver” – así hablaban nuestros abuelos - y sus bocas frescas, coloraditas y dulces como la caña. Esa preferencia, hay que dejarlo en claro, no era obra de la casualidad ni los genes, era el producto sencillamente de una manifestación cultural que nos ha llevado, y nos lleva, a privilegiar – así como a los chinos se les engordaba los ojos por los pies diminutos de las mujeres - lo que el diccionario de la Real Academia Española llama muy técnicamente, en el caso de la boca: “órgano de la palabra” y en el de los labios: “rebordes exteriores carnosos y móviles de la boca”; pero que para cualquier varón apasionadamente enamorado, constituyen, en uno y otro caso, las más apreciados trofeos de sus incursiones amorosas.
Es cierto que vivimos tiempos de amores fugaces, pero aún así no hay boca primorosamente tentadora que no pueda sacarnos del quicio, ni labios que no sean capaces de llevarnos a los extramuros de la sinrazón. En el Perú se suele decir que el que no tiene de inga, tiene de mandinga, y el rastro de la negritud lo podemos encontrar en esos ricos, gruesos y acogedores labios que suelen adornar el rostro de nuestras mujeres.
¿Para qué conquistar esas bocas, para qué poseer esos labios? Para ganarnos el pasaporte a la gloria, a la felicidad plena, a la dicha en su máxima expresión erótica. Parafraseando a la recordada Carmen Delia Depini diríamos: para gozar de la llama embriagadora de aquellos besos que matan y reviven a la vez, besos de fuego que turban la razón y sin los cuales es imposible seguir viviendo.
El Gran combo nos cantaría que en un beso va la vida, porque besándonos en la boca nos dijeron que sólo la muerte podría separarnos, y fue tan hondo el beso que nos dimos que a ese cariño nos encadenó
Tenía razón entonces Nelson Pinedo cuando en los pachangueros años 50 y 60 nos cantaba en “Bésame morenita”:
Mírame, mírame/quiéreme, quiéreme/bésame morenita/ que me estoy muriendo/por esa boquita/tan jugosa y fresca/tan coloradita/
Y también Carlos Argentino cuando en medio de la euforia de sus seguidores entonaba “Tu rica boca”:
Tu boca, dame tu boca/tu boca, tu boca linda/ tu boca, pa que la quieres/ si no le enseñas a besar/
Pero cuidado, esas bocas bellas y besables, colmenas de sorpresas, pueden ser también el camino de nuestra perdición, porque si ayer nos dieron calor, hoy nos pueden llenar de hielo, "por besar
labios que no son los míos”. El inolvidable Rolando Laserie lo cantaba así, en “Tu boca”:
Tu boca, tu boca/ tan dulce como engañosa/ya no volveré a besar/ porque me puede dejar/el sabor de tu maldad/
En “Flores Negras”, interpretado por Barbarito Diez, el mensaje es más elocuente:
Me hacen daño tus ojos/me hacen daño tus manos/me hacen daño tus labios que saben fingir/ y a mi sombra pregunto/si esos labios que adoro/ en un beso sagrado/ podrán mentir/
Tu boca, tu boca/ tan dulce como engañosa/ya no volveré a besar/ porque me puede dejar/el sabor de tu maldad/
En “Flores Negras”, interpretado por Barbarito Diez, el mensaje es más elocuente:
Me hacen daño tus ojos/me hacen daño tus manos/me hacen daño tus labios que saben fingir/ y a mi sombra pregunto/si esos labios que adoro/ en un beso sagrado/ podrán mentir/
Sol y sombra, paraíso e infierno, dicha o desdicha. Que cada cual, desde su propia experiencia saque sus conclusiones. Mientras tanto, los más dubitativos, recordando a Omara Portuondo pueden ir curándose en salud, cantándole al oído de la amada:
Bésame, bésame mucho/como si fuera esta noche la última vez/bésame, bésame mucho/que tengo miedo perderte/perderte después/
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