martes, 29 de enero de 2008

Tongo no es un tongo


Si usted se aventurase a visitar los nada santos cerros de san Cosme o san Pedro, o si prefiriese incursionar por las arrabaleras calles de La Parada, y en alguno de estos lugares preguntase por Abelardo Gutierrez Alanya de seguro que sus interlocutores fruncirían el ceño, mirarían el cielo, se rascarían la cabeza, pero nadie, nadie, daría razón de su existencia. Pero si por el contrario, cogiendo el toro por las astas, inquiriese directamente por "Tongo", no solamente darían razón de él, si no que la gente, compitiendo entre si, le contaría la vida y milagros del voluminoso cantautor huancaino, convertido hoy en una de las estrellas estelares de la cumbia peruana; y el único, dicho sea de paso, capaz de tutearse con las doradísimas Marisienkas o Maricielos de la engreida y disforzada pituquería limeña, como regularmente lo hace en las exclusivas y excluyentes discotecas de Larcomar y Asia.

Y si usted, además, supone que don Abelardo, o simplemente Tongo, es un improvisado en el mundo de la farándula, pues está también ligeramente despistado, porque nuestro héroe lleva ya 27 años dedicado a cantarle a los pobres, a los huérfanos y a los presos de los barrios marginales de la ciudad; y últimamente a los sufridos peruanos de la diáspora que ha anclado en Buenos Aíres, Santiago, La Paz o en cualquier rincón del mundo. Lejos de la Patria, de la familia y de los amigos, el sufre, peruano, sufre, de Tongo, se ha convertido en su himno a la nostalgia, haciendo del cantante un verdadero ícono de la música popular. Envidiable situación que nos hace afirmar que el artista vive hoy sus mejores momentos, tan buenos que él mismo ha llegado a decir que "ahora si ya me puedo morir tranquilo".

Claro que entre Tongo y el grupo 5 de Monsefú, o los Caribeños de Guadalupe, muy de moda en la actualidad, hay una diferencia. Todos ellos hablan el lenguaje musical de la cumbia peruana, pero Tongo está en una vertiente achorada, cerrina, de ese ritmo, que se hace más notoria por la propia manera de ser de este singular artista, que justamente le está sacando el jugo a los trajinados kilómetros de calle que lleva encima, para marcketear, fiel a su estilo pendenciero, su producto musical y que dicho sea de paso le permite sortear la socarronería de quienes lo hacen blanco de sus bromas.

Que la pituquería se burle de Tongo es algo que no debe llamarnos la atención. Ante los indios y los cholos la reacción de los blancos y blanquiñosos siempre ha sido y es, o de miedo o de burla. Y Tongo es un cholo, pero cuidado, no es cualquier cholo, es un cholo blindado por una hoja de vida engrosada en los cerros arriba mencionados, entre los carretilleros de la Parada, entre la gente brava de Bayovar o Cantochico. Por eso es que no arruga. Si aquellos pitucos que gustan de las puyas humillantes pensaron encontrar un sujeto que agachase la cabeza, se equivocaron de extremo a extremo: a Tongo sencillamente le resbalan esas notas, es más las provoca, las afronta y les saca partido, porque ese es su negocio.
Por eso es más que un invitado en los programas de Jaime Bayly, convertido en su mentor; y por eso también - lo revela Caretas- la pituquería le paga 4 mil rúcanos por 40 minutos de canto en el exclusivo y excluyente Barza Xtreme de Miraflores, donde las blanquilindas, en fa por tanto maca sour, se convierten en sus bailarinas o en su coro, como Tongo quiera. Tengo una pitucaaa, cantan, que me quiere muchooo, siguen cantando, pasa las noches llorandooo, vuelven a cantar, pasa las noches sufriendooo, rematan, entre gritos, saltos, miradas lánguidas, fotos, pelliscones, apretaditas y besitos, muchos besitos: hola Ena, muac muac, hola Melina, muac muac, hola Marysienka, muac muac...
El gordo está en su gloria, sudando como bendito, mueve el torso, los hombros, los brazos, las piernas, tongoneándose mismo cerro El Pino. Por eso le pagan, y bien, si la pituquería quiere celeste, que le cueste, Tongo señores, no es un tongo.

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