sábado, 15 de diciembre de 2007

SÓLO TIENEN PLATA

Sin proponérselo, Aldo Miyashiro, director de teatro e hincha a muerte del club Universitario de Deportes, acaba de regalarnos una deliciosa saeta verbal en sus dimes y diretes con el productor de la película La gran sangre: "es tan pobre que solo tiene plata"; expresión que en su extensión plural pinta de cuerpo entero a los jugadores de la selección nacional de fútbol, que de la noche a la mañana se han convertido en los nuevos ricos de nuestro empobrecido país, pero que en cuanto a costumbres, estilos de vida, y comportamientos personales, revelan una indigencia monumental.


El fenómeno no es nuevo. Salvando las distancias técnicas y logros deportivos, podemos decir que el excepcional Garrincha fue un ejemplo de a donde puede llevar el desenfreno vivencial de un futbolista que ganó dinero y fama de la noche a la mañana, pero que nunca terminó de ubicarse en la nueva situación alcanzada. Lo mismo sucedió con Diego Maradona, en sus orígenes pobre hasta las lágrimas, pero cuyas habilidades futbolísticas lo encumbraron a niveles de extravío en el mundo lumpenizado del alcohol y las drogas.

Unos y otros dejaron abruptamente sus barrios materialmente pobres, pero espiritualmente no se llevaron consigo la riqueza existente en esos espacios: la sencillez, la modestia, la solidaridad, el espíritu de sacrificio y la austeridad, que justamente les permitieron materializar sus sueños juveniles. Hoy los Pizarro y los Farfán son todo lo contrario: soberbios, altivos, dispendiosos y groseramente exhibicionistas por el dinero que manejan, llegando al extremo de medir a sus colegas de profesión por el modelo de carro que usan, o las tarjetas de crédito que manejan.

En su mediocridad no se han dado cuenta de que futbolísticamente no han ganado nada. Que lejos están de un Juan Seminario o de un Víctor Benítez, en sus tiempos mejores entre los mejores del fútbol italiano; de un Juan Joya, o de un Julio Meléndez, cuya sola evocación sigue estremeciendo a las exigentes hinchadas de Peñarol y Boca Juniors respectivamente, o de un cholo Sotil, que sin ser un modelo de comportamiento personal, nunca defraudó a las sufridas hinchadas de los clubes por donde pasó, y que hasta ahora lo idolatran, como sucede con la fanaticada del Barcelona de España.

Todos ellos fueron profesionales del fútbol, ganaron lo que podían ganar los mejores de su tiempo, pero nunca dejaron de ser, en su comportamiento deportivo, los amateurs de siempre, que los llevó a dejar casi la vida en las canchas donde actuaron, sin poses, altisonancias, dolencias fingidas, o conductas extradeportivas que pusieran en jaque su entrega total a la hora de las competencias. Hablando en oro, nunca defraudaron a sus seguidores, a los que engolosinaron con su juego bonito y sus goles, por ello su permanencia inalterable en el imaginario popular.

¿Podrá decir lo mismo Claudio Pizarro, quien según los hinchas del Chelsea sólo está como para lavarle el carro al astro marfileño Didier Drogba, su compañero en dicho club ?

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