LA CRISIS DEL
ECHA MUNI
Club Deportivo Municipal- 1950En medio del escándalo de sexo y tragos ocasionado por algunos integrantes del seleccionado nacional de fútbol en el hotel El Golf, no se ha prestado atención a una pésima noticia: el Club Deportivo Municipal de Lima, uno de los más populares del medio, con historia, tradiciones, y una multitudinaria como bulliciosa hinchada que ya quisiera tenerla el campeón San Martín, ha vuelto a descender a la segunda profesional. Se va con la maleta llena de goles luego de la paliza que le propinara el club Alianza Lima, y muchas cuentas por saldar, incluyendo el salario de varios meses de los jugadores profesionales, que ante la falta de pago se negaron a jugar el último partido, dejando a los juveniles la triste tarea de la despedida ante sus sufridores seguidores.
La crisis del echa Muni es muy ilustrativa para entender las razones de fondo por las que el fútbol profesional peruano no acierta una en los últimos tiempos. Ello pasa por considerar que en la actualidad no basta con tener un buen entrenador, una plantilla de jugadores técnicamente aceptable, y un club con la trascendencia del Muni. Se requiere ante todo dirigentes con la capacidad de gerenciar el club para campeonar en el terreno estrictamente deportivo como en las áreas financieras, si de fútbol profesional estamos hablando.
El fútbol de ahora ya no es solamente pasión y técnica, tampoco únicamente taquilla, es también empresa y por ende proyecto de inversión en el mejor sentido de la palabra. La habilidad de los dirigentes, está en saber combinar eficientemente las dos cosas, y cuando se falla en esa conjunción, pues sobreviene la crisis, que origina que existan plantillas de jugadores que salen a la cancha esperanzados en el embargo de la taquilla para poder cobrar, o peor todavía hasta sin casaquillas de recambio, agua, o medicinas de primeros auxilios, porque sencillamente los recursos se han volatilizado.
¿Se imaginan ustedes al Boca Juniors de Argentina o al Barcelona de España atravesando esta situación? Es impensable. A pesar de que ambos manejan presupuestos muy diferentes, con un amplio margen para el segundo, sin embargo uno y otro no escapa ahora a la lógica empresarial con que se mueven los hilos del fútbol profesional. La hora de los mecenas y del funcionamiento en base a las entradas ya pasó. Hoy la atención se centra en las regalías que provienen de las trasmisiones por televisión, en el rol de las empresas interesadas en apoyar comercialmente a tal o cual equipo, de la venta de la marca del club, la contratación exitosa de jugadores, o de otros manejos financieros que muy creativamente los dirigentes-gerentes decidan asumir.
Joan Laponta, Presidente del club Barcelona, englobando tales requisitos habla de la necesidad de crear una nueva cultura en la gestión del fútbol, que permita a los dirigentes manejar con eficiencia las finanzas del cub, sin apartarse de las tradiciones y sentimientos simbolizados en la camiseta, en la historia, o en la trayectoria de los ídolos deportivos. Capacidad gerencial que indudablemente es reñida con las prácticas perromuerteras de dejar sin pago a los futbolistas.
Esa nueva cultura, viendo las cosas desde un plano local, blindaría a nuestros dirigentes para una mejor perfomance en el plano internacional, donde bien sabemos la cancha está cubierta por las trasnacionales del deporte o no, que en el plano del fútbol han hecho de éste un simple y vulgar negocio, con dirigentes convertidos en meros operadores de la FIFA, aliada estratégica de las grandes firmas que hoy controlan ese mercado; y a quienes muy poco les interesa el fútbol como pasión y piel, como lo siente la hinchada del echa Muni, que repuesta del duro golpe del descenso estará dispuesta a seguir al club de sus amores hasta la "cancha de los muertos", en Chorrillos, como en otras oportunidades ya lo ha hecho.
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