miércoles, 26 de diciembre de 2007

CON SABOR A NORTE

Lo dicen los diarios: el Deportivo San Martín, campeón del fútbol profesional peruano, patrocinado por la masificante Universidad San Martín de Porres, no tiene hinchada. Han hecho de todo para engrosar sus raleadas huestes, pero los resultados son negativos. Lo mismo ocurre con el equipo de fútbol de la Universidad de San Marcos, que en cuanto a población estudiantil no se queda atrás, y que juega en la segunda profesional: familiares y más familiares de los jugadores y cuerpo técnico son los únicos que suelen acompañar a la oncena en sus enfrentamientos deportivos y nadie más.
En ambos casos estamos frente a clubes que compraron la categoría en los últimos años. No tienen por tanto historia, símbolos, tradiciones, ídolos, leyenda, arraigo, como si la tienen equipos, por citar algunos, como Alianza Lima, Universitario de Deportes, Sport Boys, Deportivo Municipal o el Sporting Cristal, arraigados todos en el alma de sus seguidores por tal o cual campaña deportiva; por contar o haber contado en sus filas con este o aquel gran jugador; por los goles de antología de sus equipistas o las tapadas fuera de serie de sus arqueros; por los colores de sus casaquillas: crema, celeste, granate, blanquiazules, o rosado; o por la ubicación de su sede, que lo identifica con un distrito, ciudad o región: el puerto del Callao será siempre un reducto del Boys, como La Victoria lo es del Alianza Lima, el Cusco del Cienciano, o Arequipa del Mariano Melgar.
En un país como el Perú, oficialmente tan poco dado a construir memoria o identidad, son los mismos pueblos los que van creando sus imaginarios y abriendo trocha a sus identidades y esto es lo que importa a la hora de cuantificar a los seguidores de los equipos de fútbol, estén o no en las ligas mayores. Lo acaba de demostrar el Juan Aurich, flamante inquilino de la primera división del fútbol profesional, cuya sufrida hinchada a lo largo de la Copa Perú nunca perdió las esperanzas de ver al equipo de sus amores nuevamente en la máxima división profesional.
El "Auriche", como lo llaman en el norte, no es un equipo de último momento. Surgió entre los cañaverales de la que fue la hacienda Batán Grande, allá por 1922, y en su historia de éxitos y reveses, en el que hay que destacar su participación en la copa Libertadores - la primera de un equipo de provincias - hay un capítulo de dolor y llanto que cimentó su enraizamiento popular. El 5 de julio de 1953 un tren se cruzó en el camino de un ómnibus que llevaba de regreso a Chiclayo al victorioso Aurich, con hinchas, familiares y cuerpo técnico. 22 personas perdieron la vida, entre ellos 8 jugadores, incluyendo al histórico Alejandro "Patrullero" Gonzáles. La tragedia conmocionó al Perú entero, obligando al gobierno de entonces a decretar un duelo nacional .
Hinchas y dirigentes convirtieron el dolor en fuerza, y desde sus cenizas el Ciclón del norte volvió a soplar. Hoy regresa al torneo de los grandes en olor de multitud, como siempre, con la alegría y la eterna amistad del pueblo chiclayano. Y por supuesto que con sabor a norte, a espesado, a tortilla de raya, a arroz con pato, a chicha de jora, mellicera o no; al ritmo que en estos días le pone el grupo 5 de Monsefú y su "chupachichi", y que ayer nada más se lo ponían Los Chiroques o Carmencita Lara; y de seguro también con las mesadas favorables de los curanderos de Salas o Túcume y las movidas desde el más allá del legendario Santos Vera, patrón de patrones; y por supuesto que con las bendiciones y los padrenuestros de los seguidores de la Cruz de Chalpón.

El Juan Aurich expresa todo ello y seguramente que mucho más, si de cultura popular hablamos. Pero lo que sus dirigentes tienen que entender ahora es que en el mercantilizado mundo del fútbol ello no es suficiente, como tampoco lo es solamente el juego bonito. Hay que hacer del Juan Aurich un proyecto de largo alcance, en el que se entrecrucen la pasión, el sentimiento, las habilidades técnicas y la leyenda, con la visión y el manejo gerencial del club, al mismo tiempo que se le cierra el paso a los tiburones que están matando la magia del fútbol al hacer de éste una mera fuente de ingresos y de la hinchada, una simple masa de clientes. Ese es el gran desafío.








1 comentario:

  1. el avrich es un ekipo de tradicion y x lo tanto esa tradicion la tenemos k demotsrar yendo al estadio a ver todos los partidos no solo los k juega con los "grandes" sino todos xq los verdadderos hinchas estan en las buenas y en la mas malas y yo soy uno de ellos asi el avrich juege en tercera division yo estare ahi alentandolo este año k esta de vuelta en la priemra division prometo ir a todos los partidos y aparte d eso dejar hasta mi vltimo aliento en la barra_leg?iv stone

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