miércoles, 1 de mayo de 2013

A PROPÓSITO DEL PRIMERO DE MAYO

UNO

De regreso a Lima en 1923, luego de su periplo de tres años y medio por Europa, José Carlos Mariátegui, dispuesto a reencontrarse con la clase obrera y el pueblo peruano y a estudiar a fondo la realidad económica y social en la que estos actores se desenvolvían, va a darle el rostro al Primero de Mayo de 1924 con un artículo publicado en “El Obrero Textil” donde traza las líneas maestras de lo que a su juicio debería ser la ruta de los trabajadores. En Europa, Mariátegui ha sepultado “sin epitafio, sin tristeza y sin duelo” a Juan Croniqueur, el seudónimo de su edad de piedra, y se ha orientado resueltamente hacia el socialismo marxista desde cuya perspectiva va a enjuiciar el estado del movimiento obrero y popular de su tiempo.

¿Por qué es importante ese artículo? Estimo que en ese texto vamos a encontrar algunas ideas-fuerza que bien podrían tomarse en cuenta, por su vigencia, para salir del atolladero en el que están entrampadas las vanguardias políticas de nuestros días.

El texto de Mariátegui es una convocatoria de unidad al movimiento obrero y popular. El propio título del artículo: “El 1º de Mayo y el Frente Único”, nos indica claramente la inquietud principal del Amauta. El movimiento obrero y popular es todavía muy incipiente como para dividirse, antes de que ello ocurra – dice – hay mucho trabajo colectivo por delante. Hay que sembrar ideas de renovación, alejar a las masas del amarillaje sindical, vacunarlas contra los cantos de sirena de las falsas organizaciones representativas; en tanto se van asumiendo las reivindicaciones más importantes de los trabajadores de la ciudad y el campo. Se viven los años de esplendor del legüiismo, sostenido en la expansión del capitalismo promovido por el capital norteamericano, el mismo que paradójicamente le salvaría el cuello al gamonalismo feudal imperante en el agro serrano.

A Mariátegui le interesa la unidad, pero también le importa el norte del movimiento. La lucha contra ese amarillaje y las falsas organizaciones representativas expresan la inquietud por salvaguardar la identidad propia del movimiento. Su experiencia europea le indica que los fracasos del proletariado europeo tienen su origen “en el positivismo mediocre con que pávidas burocracias sindicales y blandos equipos parlamentarios cultivaron en las masas una mentalidad sanchopancesca y un espíritu poltrón” (Mensaje al Congreso Obrero, enero de 1927).

No basta el deseo de mejoramiento, el apetito de bienestar, escribió el Amauta, “es necesario dar al proletariado un sentido realista de la historia, una voluntad heroica de creación y de realización”, sentenció en el mismo mensaje. Con anterioridad, en la primera conferencia sustentada por Mariátegui en la Universidad Popular (junio de 1923) había señalado que la ruta del movimiento obrero y popular estaba signada por la propia crisis del capitalismo mundial: el socialismo emergía de la crisis del viejo orden, y hacia éste norte había que marchar con esa “voluntad” heroica de creación y realización que reclamaba. Era evidente que un movimiento popular anclado en el sanchopancismo o dirigido por aquellas vanguardias políticas que querían alcanzar el socialismo colaborando con la burguesía estaba condenado a la postración.

DOS

En los tiempos que vivimos no podemos afirmar que el movimiento popular esté en pañales. Pero es indudable que todavía no puede recuperarse principalmente de su traspié ante los veinte años de escalada neoliberal, económica, ideológica y política, que ha desarmado a sus propias vanguardias, reducidas en el mejor de los casos a los trajines electorales, en cuyos espacios incluso, viejos vicios sectarios y hegemonistas siguen torpedeando la unidad. El pueblo está peleando, pero aisladamente, sin una centralización adecuada, sin derroteros de conjunto, entre victorias y derrotas parciales.

La unidad, estimo es más necesaria que nunca para avanzar en fortalecer un movimiento popular que responda a las exigencias de los nuevos tiempos, en el que por ejemplo, las protestas regionales no sean considerados como respuestas exóticas a los intereses de conjunto de los trabajadores. Unidad, que además debe sustentarse en una base programática que no se agote en los estrechos márgenes del sistema imperante; debe señalarse sin medias tintas que es indispensable pensar en un futuro diferente. La crisis recurrente del capitalismo actual, que una y otra vez se pone a salvo con mayores cargas contra las masas populares -reducidas a la miseria – como lo demuestra la España o Grecia de nuestros días- ha vuelto a poner la utopía socialista en el centro de la atención de las avanzadas populares, que buscan una alternativa a la esclavización del capital.

La desaparición del socialismo realmente existente no ha clausurado el socialismo como posibilidad, como utopía, sin los lastres del dogmatismo y la burocratización, entendiéndolo más bien como un desafío científico y creativo que debe responder a las particularidades de cada país. Ya lo decía el desaparecido Eric Hobsbawm, casi al final de su excelente Historia del Siglo XX: “El fracaso del socialismo soviético no empaña la posibilidad de otros tipos de socialismo” (p. 494).

TRES

Finalmente, la unidad, como lo indicara el Amauta no se trabaja en abstracto, se materializa en torno a las urgencias del día a día. Impactados por los pantallazos mediáticos del gran capital y sus gobiernos, hay sectores que están obviando, entre otros temas, los efectos perversos del neoliberalismo: la precarización del trabajo, el desempleo, los desniveles salariales, de salud, educación, y el abismo, cada vez más profundo entre ricos y pobres en costa, sierra y selva; espacios geográficos donde además, la inseguridad y la corrupción se expanden conforme avanza el capitalismo salvaje.

Vale aquí indicar la importancia que para esa agenda tiene la amazonía, convertida en los últimos años en la nueva meca del capital extractivista que está sembrando el terror y el infortunio ante la indolencia del actual gobierno que se resiste a aplicar el Convenio 169 de la OIT, gran conquista democrática de los pueblos indígenas del mundo, que en teoría debe garantizarles: a.- el respeto a sus formas de vida y culturas; y b.- la consulta y participación de esos pueblos ante cualquier decisión que pudiera afectarles. Presencia extractivista que se sostiene en la explotación sin pausa de los recursos naturales y en el quebrantamiento del medio ambiente, como reiteradamente lo han señalado los líderes de los pueblos amazónicos.

En conclusión, hay que quitarle al 1º de Mayo lo mucho que todavía tiene de ritual para convertirlo en una fecha donde la reflexión y el balance de lo actuado no se oponga a la posibilidad de una conmemoración popular en calles y plazas.



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