UN LEVANTAMIENTO
HISTÓRICO
Los decretos leyes números 1090 y 1064, que provocaron un levantamiento de los pueblos amazónicos nunca antes visto, ya pasaron a mejor vida. El Congreso los acaba de derogar, formalizando así la derrota del gobierno aprista, de los partidos políticos y de los sectores sociales que hasta la insurgencia multitudinaria de dichos pueblos, se resistieron -a nombre del Tratado de Libre Comercio y la inversión de las trasnacionales en la selva- a anular las normas citadas.
La crisis política, en la que hay que incluir los luctuosos sucesos de Bagua del 5 de junio, está amainando. Las organizaciones en lucha han comenzado a deponer su estado de beligerancia, mientras se avanza en la formalización de un diálogo que en el papel debe llevar al diseño de fórmulas consensuales para orientarse hacia el desarrollo de la amazonía peruana, llevando a la práctica el hasta hace poco ninguneado o ignorado Convenio 169 de la OIT, que le garantiza a los pueblos nativos el derecho de consulta y su intervención directa en todo proyecto en el que esté involucrado su territorio, vida y cultura.
Sin restarle importancia a la anunciada interpelación del Premier Yehude Simon y de la Ministra Meche Cabanillas - responsables políticos directos de del terrible traspiés del gobierno aprista- o a las investigaciones que se están abriendo sobre los trágicos acontecimientos de Bagua, lo cierto es que el levantamiento de las etnias amazónicas merece una atención mayor. No sólo porque palanqueó una victoria sobre el autoritarismo gubernamental, desnudando su irracionalidad y sus flaquezas operativas, sino porque además ha jaqueado a la democracia establecida en el país, sacando al sol su naturaleza falaz y excluyente, siempre lista para servir a los poderosos - léase casos Panamericana Televisión y Doe Rum, por citar 2 ejemplos- pero injusta, inoperativa y represiva para atender las reivindicaciones de las masas anónimas de Costa, Sierra y Selva.
En otros términos, el sismo amazónico se está trayendo abajo un gabinete - los comentaristas hablan de muertos insepultos en referencia a los Ministros Simon y Cabanillas- y seguramente que rodarán otras cabezas más- se estaría organizando un paro policial contra los máximos jefes de la Policía Nacional - pero lo central, políticamente hablando, está en que esa democracia inequitativa ha sido largamente rebasada por el accionar de los pueblos selváticos, que basándose en sus propias concepciones y prácticas democráticas y organizativas, en las que se conjugan tradiciones y modernidad - por ejemplo Apus y Aidesep- han invadido -en defensa de sus planes de vida y cosmovisión- los predios de la formalidad democrática burguesa, arrinconando a sus representantes, e imponiéndoles sus reivindicaciones democráticas.
La vieja democracia peruana, apuntalada, constitucionalmente hablando, en los años 90 para canalizar el neoliberalismo en marcha, no ha resistido los embates de esa democracia directa, de masas,-esto ya se vislumbró en los llamados "arequipazo" y "moqueguazo"- ejecutada por los pueblos amazónicos, que ante la persecución y asilo de su apu Pizango se pusieron automáticamente de pie, respondiendo multitudinariamente a la convocatoria de los líderes que le sucedieron. Si los jerarcas del Ejecutivo y del Congreso pensaron que aislando al apu Pizango o satanizando a los pueblos nativos, -hasta sarnosos les dijeron- la protesta se debilitaba, se equivocaron de punta a cabo. Desde todos los confines de la selva la respuesta beligerantemente altiva no se hizo esperar, con una envidiable organización, disciplina y predisposición a la lucha.
Esto no es obra de la casualidad, pero tampoco de los partidos políticos, incluyendo a los de izquierda, divorciados siempre de los problemas económicos y sociales de la Amazonía. Porque mientras el Perú oficial miraba al extranjero o reducía su accionar a las grandes ciudades, en la selva, en ese Perú real y diverso, los pueblos nativos han venido haciendo su propia experiencia democrática y organizativa, relacionándose, a través de muchos vasos comunicantes -aunque exceptuando quizá a los grupos no contactados- con la modernidad capitalista, sin abdicar de sus ancestrales tradiciones.
En conclusión, ese Perú, democráticamente diferente, no solamente le ha ganado la partida al Perú oficial, además, ha revelado al mundo su fortaleza matinal.
La crisis política, en la que hay que incluir los luctuosos sucesos de Bagua del 5 de junio, está amainando. Las organizaciones en lucha han comenzado a deponer su estado de beligerancia, mientras se avanza en la formalización de un diálogo que en el papel debe llevar al diseño de fórmulas consensuales para orientarse hacia el desarrollo de la amazonía peruana, llevando a la práctica el hasta hace poco ninguneado o ignorado Convenio 169 de la OIT, que le garantiza a los pueblos nativos el derecho de consulta y su intervención directa en todo proyecto en el que esté involucrado su territorio, vida y cultura.
Sin restarle importancia a la anunciada interpelación del Premier Yehude Simon y de la Ministra Meche Cabanillas - responsables políticos directos de del terrible traspiés del gobierno aprista- o a las investigaciones que se están abriendo sobre los trágicos acontecimientos de Bagua, lo cierto es que el levantamiento de las etnias amazónicas merece una atención mayor. No sólo porque palanqueó una victoria sobre el autoritarismo gubernamental, desnudando su irracionalidad y sus flaquezas operativas, sino porque además ha jaqueado a la democracia establecida en el país, sacando al sol su naturaleza falaz y excluyente, siempre lista para servir a los poderosos - léase casos Panamericana Televisión y Doe Rum, por citar 2 ejemplos- pero injusta, inoperativa y represiva para atender las reivindicaciones de las masas anónimas de Costa, Sierra y Selva.
En otros términos, el sismo amazónico se está trayendo abajo un gabinete - los comentaristas hablan de muertos insepultos en referencia a los Ministros Simon y Cabanillas- y seguramente que rodarán otras cabezas más- se estaría organizando un paro policial contra los máximos jefes de la Policía Nacional - pero lo central, políticamente hablando, está en que esa democracia inequitativa ha sido largamente rebasada por el accionar de los pueblos selváticos, que basándose en sus propias concepciones y prácticas democráticas y organizativas, en las que se conjugan tradiciones y modernidad - por ejemplo Apus y Aidesep- han invadido -en defensa de sus planes de vida y cosmovisión- los predios de la formalidad democrática burguesa, arrinconando a sus representantes, e imponiéndoles sus reivindicaciones democráticas.
La vieja democracia peruana, apuntalada, constitucionalmente hablando, en los años 90 para canalizar el neoliberalismo en marcha, no ha resistido los embates de esa democracia directa, de masas,-esto ya se vislumbró en los llamados "arequipazo" y "moqueguazo"- ejecutada por los pueblos amazónicos, que ante la persecución y asilo de su apu Pizango se pusieron automáticamente de pie, respondiendo multitudinariamente a la convocatoria de los líderes que le sucedieron. Si los jerarcas del Ejecutivo y del Congreso pensaron que aislando al apu Pizango o satanizando a los pueblos nativos, -hasta sarnosos les dijeron- la protesta se debilitaba, se equivocaron de punta a cabo. Desde todos los confines de la selva la respuesta beligerantemente altiva no se hizo esperar, con una envidiable organización, disciplina y predisposición a la lucha.
Esto no es obra de la casualidad, pero tampoco de los partidos políticos, incluyendo a los de izquierda, divorciados siempre de los problemas económicos y sociales de la Amazonía. Porque mientras el Perú oficial miraba al extranjero o reducía su accionar a las grandes ciudades, en la selva, en ese Perú real y diverso, los pueblos nativos han venido haciendo su propia experiencia democrática y organizativa, relacionándose, a través de muchos vasos comunicantes -aunque exceptuando quizá a los grupos no contactados- con la modernidad capitalista, sin abdicar de sus ancestrales tradiciones.
En conclusión, ese Perú, democráticamente diferente, no solamente le ha ganado la partida al Perú oficial, además, ha revelado al mundo su fortaleza matinal.
Lima, 18 de junio de 2009

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