lunes, 27 de abril de 2009

RACIOCINIO
COLONIAL




Ya lo manifestaron los estudiosos de la historia peruana. En 1821 los españoles se fueron a sus pagos, pero nos dejaron en la economía una estructura colonial que la República, con Independencia y todo no pudo resolver y que más bien recreó y fortaleció; y también nos legó un raciocinio colonial, presente aun en nuestros días, en cuyo contexto se explica lo escrito una y otra vez por Aldo Mariátegui, director del diario Correo de Lima, en referencia a los errores ortográficos y gramaticales de la congresista Hilaria Supa en el uso del español.

Porque lo expresado por Mariátegui no es nuevo. Desde 1532, año en que arribaron los españoles a estas tierras, se viene repitiendo la monserga de que las "luces de la cultura", para emplear las propias palabras del periodista, sólo pueden ser generadas por los españoles, los europeos o hombres de raza blanca en general, en un desprecio absoluto de la cultura material y espiritual- de la que el quechua o el aymara son expresiones- creadas por los hombres y mujeres de estas latitudes, a lo largo de una evolución de varios miles de años.
Nunca está demás reiterarlo: cuando los europeos llegaron a estas tierras el hombre peruano, desde su propia experiencia y sin tutorías de ninguna naturaleza, había construido una formación social de la que los inkas fueron su última expresión . Cuando ello ocurrió, la agricultura y ganadería no eran extrañas para los pueblos andinos, como tampoco la textilería, la cerámica, la arquitectura o la metalurgia, para señalar sus actividades fundamentales. Algo más: la gran revolución agrícola que procesaron y el desarrollo de las fuerzas productivas que ese curso conllevó hizo de la cultura andina uno de los centros alimentarios que el mundo hoy reconoce, y donde -tirios y troyanos lo señalan- los 8, 10, o 12 millones de habitantes que posiblemente poblaron el inkario, no conocieron el hambre.
Los españoles nunca entendieron la racionalidad, la lógica de esos pueblos, de esa cultura, donde la reciprocidad y redistribución se convirtieron en factores claves de la existencia de sus economías y Estados. La racionalidad del conquistador fue otra, correspondió a las experiencias de los propios europeos, y desde cuyas atalayas fue imposible comprender las particularidades de nuestras culturas. No lo hicieron, ni lo quisieron hacer. Desde los tiempos de los conquistadores, la sapiencia y creaciones del hombre andino fueron cuestionadas, negadas y satanizadas, como hasta hoy sucede. Por ende, las luces de la cultura sólo podían pertenecer a los hombres blancos, de la raza supuestamente superior, no a las razas inferiores y degradadas que habitaban los espacios geográficos conquistados. Desde esta óptica, lo que había que hacer era colocar a estas tierras y razas al nivel de las luces y raciocinio de los conquistadores.

Y a eso se dedicaron. Lo que los especialistas denominan desestructuración de la sociedad andina, o la extirpación de idolatrías a cargo de curas y funcionarios españoles fanatizados no tuvieron otro fin que el de no dejar piedra sobre piedra de lo que sabiamente se había creado en Costa, Sierra y Selva; pero que los europeos despreciaron desde una visión etocentrista que subsiste hasta ahora, tal como Aldo Mariátegui lo ha revelado una vez más, y que en el caso de las lenguas pretende seguir haciendo del español una lengua de dominio, de negación de los idiomas nativos, como los peninsulares del siglo XVI lo hicieron.
En este terreno es bueno recordar al desaparecido Alberto Escobar, quien en su momento dijo: "que las apreciaciones valorativas no tienen cabida en la linguistica", saliendo al frente de las pretensiones de colocar a unas lenguas por encima de otras.
Lo expresó Saturnino Huillca, un legendario dirigente campesino, quechuahablante y cusqueño, quien cuando ya superaba las ocho décadas de existencia, le confesó a Hugo Neira que "el hombre analfabeto es mirado como cualquier cosa...el hombre que no sabe escribir no es visto como humano". En esencia, el mismo concepto que el director de Correo tiene de la congresista Supa, de quien ha dicho que escribe peor que un niño de ocho años, que por tanto debe merecer conmiseración; carencias ortográficas y gramaticales, señala, que no la hacen apta para estar en el Congreso, al cual sólo deben acceder quienes posean "instrucción superior".
En otras palabras la señora Supa, para Mariátegui, es solo una ciudadana de segunda o tercera categoría. Puede tener DNI pero por analfabeta no debe aspirar a ser congresista. Con esos mismos criterios a la mujer peruana sólo se le permitió votar en 1956, y a los analfabetos desde 1980. Y se hablaba, como ahora, de democracia.

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