Es decir, no se trata simplemente del reconocimiento de una creencia andina: la de transmitir a los hijos, a través de la lecha materna, los miedos, temores y angustias de las madres, y las preocupaciones que ello genera en los tiempos normales, de paz, de tener un retoño que cargue con la cruz de esos miedos. Se trata sobre todo, de tomar en cuenta que esa creencia se convirtió en pánico, en terror, en miedo orgánico cuando en el teatro de la guerra la violación se transformó en acto masivo contra las mujeres, al constituirse en parte de una estrategia implementada por el Ejército con el fin de reducir a cero, mediante ese terror, la posibilidad de un apoyo al senderismo alzado en armas.
Kimberly Theidon, una antropóloga norteamericana, profesora de la Universidad de Harvard, quien estudió varios años el drama de esas mujeres, ha sido muy explícita sobre las diferentes aristas del drama. De un lado están las madres, sus traumas, el estigma de la violación que cargan sobre sus hombros, a pesar de que muchas de ellas soportaron estoicamente la humillación para salvar a sus niñas de la bestialidad de la soldadesca; asimismo están los hijos del terror, si es que lograron sobrevivir a los intentos de aborto, condenados de por vida al ostracismo.
"Un día encontré un niño que casi no hablaba, que solo se la pasaba pastando a su llama y a sus dos cerdos, y al preguntar sobre su historia me dijeron que se llama Chiqui, es decir “maldición” en quechua. ¿Puedes imaginar que haya una criatura con un nombre tan terrible? Está marcado para siempre", reveló la Dra. Theidon en un reportaje (http://reportajealperu.blogspot.com/).
Pero también, de otro lado, están los soldados o ronderos violadores, que cargaron contra mujeres y niñas indefensas en el desarrollo de esa política de terror. Al respecto, la antropóloga ha dicho:
"Entrevisté a oficiales de la Marina que me dijeron que sus jefes incentivaban la violación; yo abriría un espacio en las Fuerzas Armadas para hablar del tema en tiempos de paz, y me preguntaría qué tipo de sociedad queremos para nuestros niños y adolescentes sino reflexionamos sobre los actos de violación masiva que cometieron sus miembros a miles de mujeres, cuyas vidas quedaron estigmatizadas".
Por eso es que decíamos que la importancia de La teta asustada, es que coloca sobre la mesa de discusión un gran problema de los pueblos altoandinos que fueron escenarios de la guerra interna. Hay que abrir el debate. La derecha va a rehuir el tema porque le asusta la posibilidad de que se revele la barbarie, por eso es que también se opone a la construcción del Museo de la Memoria. Pero están los organismos de derechos humanos, los científicos sociales de la talla de la Dra. Theidon, las Universidades comprometidas con el desarrollo de nuestros pueblos, las organizaciones populares, etcétera. En el Perú, desafíos de esa naturaleza se han conquistado siempre desde abajo.
No debe olvidarse, sin embargo, que el último capítulo del drama personal de esas madres y sus hijos está por escribirse, tiene que ver con la atención especializada que se les otorgue para que los traumas y miedos acumulados sean definitivamente superados, como parte de una terapia colectiva que abarque a los pueblos, comunidades y pagos que vivieron largos años en medio de las violencias de la guerra.

Estimado Sr. Mosquera. El grandioso poeta alemán B. Brecht tiene un hermoso poema que se titula: "Elogio a la duda"; con esto quiero expresar que la supuesta investigación de la tal antropóloga yanki con mujeres "violadas" en Ayacucho, durante la guerra interna peruana, lo pongo en duda desde un punto de vsita antropológico-medicinal. No creo en absoluto que la norteamerica haya conversado con mujeres quechuas violadas, porque ellas no hablan así no más por así con cualquier gringita por más dulce que sea. Por otra parte, la creencia denominada "uriwa", transmisión de carácteres de otros seres por medio de la leche o por susto del alma indígena, no corresponde a eso de "teta asustada", los quechua consideran que SOLAMENTE los tres primeros meses del tiempo de lactancia las impresiones psíquicas y la alimentación de la madre puede transmitir al bebé y esto termina despues del destete que entre los quechuaas y aymaras se produce entre los 2 y medio a tres años de edad del niño. Así que no nos vengan a hacer el cuento de la antropóloga que mal a investigado por muchas carencias en su formación profesional: desde la lengua (quechua), el poco o nulo dominio de la mentalidad quechua y la no especialización en antropología médica, es decir, que para eso se tendría en cuenta tres aspectos del investigador: hablar y dominar el quechua, ser médico de formación especializado en Psiquiatría y ser antropólogo social. Por todo ello dudo de la investigación que hizo aquella norteamerica que Ud. cree a pie juntillas. Por otra parte, esa película de la Sra. Llosa no es peruana, aunque usaron actores, un quechua dialectal no ayacuchano y lugares barrriales peruanos, sin embargo esa producción es española y, si en caso Ud. no se ha enterado aquí el paso el dato que, la Sra. Llosa, oficialmente se ha registrado en la Berlinale como "ìtalo peruana". Permítame el derecho a la duda. Le saluda,
ResponderEliminarRoberto de Alva Dofrelas