FÚTBOL PROFESIONAL
Q.E.P.D.

Era la noticia del día: la FIFA le había sacado tarjeta roja al fútbol peruano, por lo menos hasta el 19 de diciembre, fecha en que se adoptará la decisión definitiva. A propósito busqué un parecer entre los estudiantes sanmarquinos, había terminado la asignatura a mi cargo y valía la pena un relax. Casi sin pestañear la respuesta no se hizo esperar: está bien me dijeron, total, para lo que significa el fútbol peruano en el ámbito internacional, agregaron, terminando con un contundente: si nunca ganamos nada.
Ya lo había escrito Renato Cisneros: hace rato que el fútbol peruano había dejado de existir, sus restos ya estaban oliendo mal; la inhabilitación decretada por la FIFA ha sido un acto piadoso: algo así como la bolsa negra en la que hay que meter el cadáver.
Es que realmente no somos nada en el concierto futbolístico internacional. La participación en tal o cual torneo, para terminar en la mayoría de los casos- empleando términos hípicos- fuera de poste, no es ningún mérito, al contrario revela nuestras patéticas carencias- Éxitos parciales como el de la selección de los jotitas, o presencias fulgurantes de futbolistas nacionales en los campos extranjeros, sólo sirven ahora para ocultar la miseria del fútbol peruano.
¿Pero, donde está la razón de ese desastre? Pues sencillamente en la crisis estructural en la que se debate el fútbol profesional, y ante la cual sólo se vienen aplicando emplastos. Es que en la hora actual, los clubes profesionales ya no pueden funcionar como en la época de la carreta. Se necesita una visión empresarial, un manejo gerencial, el empleo de lo mejor de la tecnología deportiva, y, lo que nunca debe dejarse de lado: un espíritu de amateur entre los equipistas, lejos de las poses y caprichos de aquellos jugadores - a lo Manco- que no le han ganado a nadie, pero que con la complicidad de una prensa deportiva mal conceptualizada, adoptan actitudes de divos.
El mejor ejemplo, en lo negativo, de lo que no debe hacerse en el ámbito del fútbol profesional, es lo que le está pasando al Sport Boys del Callao, condenado a la baja. Tiene historia, tiene hinchada, es un referente de identidad en el puerto, pero que organizativamente es cero balas, cero puntos. No tienen local, los jugadores viven de las erogaciones de los hinchas, no tienen donde entrenar, ¿ y los dirigentes? Pues prácticamente se han dado a la fuga. Si el Boys sigue jugando en el actual torneo es porque los jugadores y el técnico, por verguenza deportiva, han decidido cumplir con los últimos compromisos de un equipo que hasta hace algunos años era el orgullo del primer puerto del país.
Es el caso extremo, pero hay otros equipos, incluyendo a los más pintaditos, que al igual que el Boy no las tienen todas consigo.
Por eso es que la suspensión de la FIFA, antes que generar lamentaciones, debe servir para que de una vez por todas se tome el toro por las astas, es decir que se dejen de lado los emplastos, para pensar en serio en el presente y el futuro del fútbol profesional peruano.
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