UN MONSTRUO
LLAMADO MAGALY

Magaly Medina, la famosa "urraca", sigue acaparando la atención pública. Bien porque acaba de cumplir, tras los barrotes del penal Santa Mónica, 11 años de chismorreo en la televisión peruana, o bien por la discusión que se ha abierto sobre si la jueza que ordenó su detención obró de acuerdo a ley, o sencillamente se equivocó en su resolución. Lo cierto es que la televisión, la prensa escrita, y la radio, guste o no, no pueden vivir al margen de la existencia de la popular urraca, porque ésta sencillamente vende y seguirá vendiendo, por los miles de seguidores que hoy viven pendientes de su suerte.
Y aquí está el secreto del éxito de Magaly. La televisión peruana, bien lo sabemos, no se caracteriza precisamente por ser un medio educativo, muy por el contrario, es antieducativo, en la medida que programas como el de la huachana o de la Bozzo - por citar sólo dos casos- explotan los gustos menos promisorios de la gran teleaudiencia. Pero esto es lo que le gusta a la gente, como decía en su momento el desaparecido Augusto Ferrando, otros de los grandes referentes de ese tipo de público; y cuyo espacio, al igual que los de la urraca y la Bozzo, fueron año tras año sistemáticamente financiados por aquellas empresas que han dado vida, en el medio local, a la llamada "televisión basura".
En otros términos, la Medina es una creación de la televisión peruana, más concretamente de sus auspiciadores, pero que gracias a sus propias habilidades ha terminado convertida en un monstruo que ha superado todo tipo de límites. Porque eso de ser considerada líder de opinión, de seguro que no estaba en el libreto inicial; como tampoco habría estado el de que la urraca, en el caso del fútbol, chocara con poderosísimos intereses económicos, que son los que finalmente, con el encarcelamiento de la Medina, se ven librados - aunque sea temporalmente- de una periodista que había hecho de los ampay de los jugadores una verdadera cacería humana, con serios perjuicios para el negocio futbolero.
Por supuesto que esto no explica todo el fenómeno llamado Magaly Medina. Hay tres aspectos más que han permitido que la famosa periodista se meta en el imaginario popular. Primero, el de haber sido pobre, segundo, el ser mujer, y tercero, el ser provinciana. Estos tres elementos, en una sociedad tan excluyente como la peruana, le han permitido a la urraca alcanzar el sitial que tiene hoy. Porque salir de la pobreza es un mérito, aquí y en todas partes, pero admitir ese origen, aceptar que se ha tocado fondo, que se ha arañado el concolón, es poco usual, la Medina lo ha hecho con regularidad y con ello se metió la gente al bolsillo.
Ha sido importante también su situación de mujer, jaqueada por el machismo, divorciada, y marginada como toda fémina común y corriente; pero finalmente saliendo airosa de ese lance social, al ganarle la partida a los machos, a los que hoy públicamente denigra, enrostrándole su doble moral, gozando con sus ampay, para felicidad de sus seguidoras; pero a los que también, profesionalmente hablando les ganó el vivo al posicionarse en un área, el del periodismo farándulero, usualmente ocupado por varones, como ocurrió con Guido Monteverde, Alfredo Kato, La sombra, o Guido Vignolo.
Finalmente, la urraca nunca ha renunciado a la ciudadanía huachana, ni a sus tamales, al cebiche de pato, o a la sopa huachana, usos y costumbres que los lleva en la piel; pero que en sus momentos iniciales, cuando era simplemente una NN, siendo pobre y mujer además, le significaron muy poco, pero que ahora forman parte de valor agregado al espectáculo de la televisión antieducativa.
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