COMO PALO
DE GALLINERO
Con sinceridad, teníamos otra impresión de Chemo del Solar, el entrenador de la selección nacional de fútbol. Al igual que muchos he seguido con interés su carrera futbolística, tanto en canchas peruanas como extranjeras, y sus pininos como director técnico, en España, Argentina, Perú y Chile. Pero eso sí, cuando fue nombrado reemplazante de Julio César Uribe en el cargo de entrenador de la selección, vi claramente una movida no estrictamente técnica sino de marcketing: había que vender el producto selección de fútbol, y Julio César, después de sus escapadas en Japón, había quedado totalmente chamuscado para esos fines.El exitoso Chemo: blanco, joven, elegante, pintón, carismático, con un dejo español en el hablar, y sobre todo telegénico, tenía que ser el indicado. Que no tuviera experiencia como entrenador de selecciones de fútbol, era lo de menos, total, lo que importa en este mercantilizado deporte es vender, y punto. Como dice Angel Cappa: "el criterio comercial es el que define todo"
Si Chemo viste así o asá, si habla como europeo o africano, si usa gel o no, etcétera, es algo que no nos interesa, cada quien es dueño de sus modas y estilos, y por supuesto que de sus huachaferías. Lo que no puede aceptarse es que en medio de la tormenta desatada por los futbolistas parranderos en el hotel El Golf, el otrora jugador del Universitario de Deportes pretenda tomarnos el pelo con sus "explicaciones" sobre los escándalos faranduleros generados por los indisciplinados Farfán, Acasiete, Pizarro, Mendoza y Guerrero.
Porque esto es lo que Chemo ha querido hacer en su conferencia de prensa última: habló y habló, pero no dijo nada, en una clara demostración de querer ocultar o mediatizar lo que a todas luces resultan comportamientos reñidos con las responsabilidades profesionales de los equipistas nacionales. Eso de que "Yo no soy quien para confirmar nada", en referencia a las indisciplinas; o "yo estoy investigando pero eso quedará en mi", son expresiones infelices de quien se supone es la máxima autoridad en el manejo del equipo, responsable por tanto del orden y la disciplina que deben imperar en todo equipo deportivo.
Como los críticos han sostenido, Chemo, en su calidad de ex jugador, sabe perfectamente de las fortalezas y debilidades, particularmente de éstas últimas, de nuestros equipistas. Está enterado por ello que el salto de la pobreza a la opulencia y a la fama, disloca el comportamiento personal de los futbolistas nacionales, que no tienen el nivel cultural ni educativo necesarios para asumir positivamente los cambios inevitables que ello genera, tal y como lo demuestran los desatinos extradeportivos de los kukines, machitos, cholitos, y chiquitos del fútbol peruano.
Lo ha dicho recientemente Roberto Mosquera, entrenador del Deportivo Municipal: "La fama y el dinero son bombas para esos futbolistas". En este sentido, Chemo del Solar debió tomar las providencias del caso, como a su estilo lo hizo José Luis Pinto cuando se trató de encuadrar el accionar de los integrantes del club Alianza Lima, al que sacó campeón del futbol profesional peruano. Si no lo hizo pecó por omisión, y si después de los escándalos soslaya su responsabilidad, y peor todavía, en los hechos defiende lo indefendible para capear el desmadre y seguir en el bolo como si nada anormal hubiera sucedido, por decirlo de alguna manera, había quedado como un marrano.
Pero después de que Santiago Acasiete, desde España, admitiera haber sido protagonista de uno de los escándalos en el hotel El Golf, que Chemo se negara en la práctica a admitir "por no tener pruebas", para los aficionados nuestro achapetonado director técnico está quedando sencillamente como palo de gallinero, es decir cagado.
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