miércoles, 12 de marzo de 2014

EL EJEMPLO SECADA

Es una lástima, Pablo Secada ha quedado fuera de la próxima contienda electoral capitalina, no lo han dejado ni acercarse al partidor. Aclaro que no es santo de mi devoción, pero como lo escribí hace algún tiempo, estaba seguro que Secada, como Marisa Glave y Eduardo Zegarra, estaban llamados a ser - cada cual desde su propia cantera ideológica y política- grandes protagonistas de la política peruana, donde se sufre de una sequía de cuadros jóvenes, política y técnicamente solventes.

A Secada lo ha liquidado su propia gente. Enterados de sus problemas de personalidad, e incapaces de hacerle frente en los espacios técnicos que Secada domina, esperaron el mejor momento para maletearlo públicamente y zanjar así sus diferencias. Lo que demuestra, de paso, la indigencia moral de quienes, amparados en el anonimato, ven en la política un campo de agramante, donde todo vale, con tal de sacarse de encima al adversario.

Vale la pena, sin embargo, decir algo más en torno a los problemas de personalidad de Pablo Secada. Un político a carta cabal no solamente debe demostrar capacidades técnicas, políticas y éticas, debe además ser muy cuidadoso con su personalidad. La soberbia, la petulancia, la sobrevaloración de sus fortalezas, el desprecio del adversario, la irritabilidad a flor de piel, etcétera, nunca han sido ni son buenas compañeras en el trajín de los políticos, sean de derecha o de izquierda. Tarde o temprano, si no se corrigen esas conductas, terminarán ahogados en ellas.

El ejemplo de Pablo Secada lo dice todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario