¡PATÍN...
2 MÁS, AL POLO!
Cuando hace algunas semanas, después de varios años, visité Chorrillos, me llevé una buena impresión: calles limpias, orden, buen alumbrado, y según los vecinos, una buena administración municipal, a cuyo Alcalde, en mérito a ello, se le ha reelegido en varias oportunidades. Me llama la atención por eso, que el Municipio chorrillano se esté ahogando en un vaso de agua por la decisión del Tribunal Constitucional (T.C.) de avalar la reincorporación de un trabajador de limpieza pública de ese distrito, al que se despidió supuestamente por trabajar en estado etílico.En un comunicado público, el citado Municipio afirma que el referido fallo del Tribunal "atenta contra el desarrollo de la ciudad y del país", al fomentar la indisciplina laboral y la baja productividad de los trabajadores, quienes, según esas autoridades, a partir de ahora tendrán el derecho " de acudir en estado de EBRIEDAD al centro de trabajo". Palabras más, palabras menos, la misma argumentación del empresariado limeño que también ha saltado hasta el techo por la decisión del T.C.
Sobre el particular, un miembro del T.C. ha sido muy claro. A don Pablo Cayo Mendoza, el trabajador de la controversia, se le despidió porque simplemente su jefe le percibió un aliento a alcohol y nada más, porque el día del despido: 9 de mayo de 2004, siempre según la misma fuente, don Pablo cumplió normalmente con sus labores y no tuvo ningún mal proceder. Es decir, si al mencionado trabajador no se le probó fehacientemente su estado de embriaguez - lo echaron simplemente por el "turrón"- debió aplicársele una sanción proporcional a esa falta. Para el Municipio, en cambio, el señor Cayo estuvo bien despedido porque siendo un "barredor de la vía pública" corrió el riesgo de ser atropellado o sufrir otros accidentes, dado su estado de embriaguez.
No voy a entrar al tema de la relación borrachera- desarrollo del país. Existe una abundante bibliografía sobre el tema del desarrollo y los factores adversos a ella en el país, en ninguno de esos textos se hace mención a la variable embriaguez, como una de las causas fundamentales de nuestro subdesarrollo. Me quiero referir básicamente al contexto en el que se ha producido el hecho motivo de la controversia, donde las sanciones contra los excesos en la ingesta de alcohol, resultan inocuos en un país de bebedores sociales y de alcohólicos anónimos - hombres y mujeres- donde el gran fomento al consumo de bebidas espirituosas viene desde las más altas esferas empresariales y gubernamentales.
"Esta es una sociedad de bebedores", ha dicho un especialista en temas de alcoholismo. Efectivamente, aquí, en Costa, Sierra y Selva se bebe bien, porque no hay acontecimiento social que no implique una invitación a empinar el codo. Por ejemplo, el señor Cayo Mendoza ha confesado que la noche anterior a su despido estuvo bebiendo... en un velorio, pero que no estuvo borracho, como afirma la patronal.
Respecto al fomento al consumo del alcochol es de todos los días. Basta ver la llamativas publicidad en diarios, revistas, televisión, donde no pueden faltar explosivas modelos, vaso en mano, exponiendo al mismo tiempo lo mejor de sus atractivos naturales, como para que nadie deje de mirar tan llamativos avisos; propaganda pagada por los empresarios comprometidos con la producción de tales o cuales bebidas alcohólicas. Resulta por ello hipócrita que los representantes de ese empresariado levanten su voz contra los trabajadores que lleguen borrachos a sus centros de labores, cuando públicamente son ellos, con sus campañas millonarias, los que alientan el consumo de bebidas espirituosas.
Del mismo modo, no hay que ser aprendices de brujo para entender que son esos mismos empresarios los que finalmente, poniendo en práctica un calculado chovinismo, le han arrimado al Estado decisiones como aquella de oficializar el "día del pisco"; fecha en que se despliegan todas las baterías propandísticas habidas y por haber, para que en todo el territorio existan actividades relacionadas con su celebración, incluyendo la distribución gratuita de tan celebérrima bebida, como sucede en Lima y algunos distritos. Siendo también esos mismos industriales los más felices cuando el propio Presidente de la República y autoridades de su entorno aparecen en la inauguración de modernísimas plantas de cerveza, celebrando unos y otros el aumento del consumo de tan antigua como popular bebida.
Responsabilidad que se agrava cuando se conocen valiosos informes de organismos especializados señalando los altos niveles de dipsomanía existente en el país, y las graves consecuencias que ellos acarrea, razón por la que se le considera un grave problema de salud pública.
En estas condiciones, haría bien el Municipio chorrillano en dejar tranquilo a don Pablo Cayo Mendoza, cumpliendo sin pestañeo lo ordenado por el Tribunal Constitucional, fijando bien la atención - si de campañas contra el alcholismo se trata- en donde está realmente la madre del cordero.
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