RETIRO MI PROPUESTA

Ana Paula Oliveira
Cuando hace algún tiempo me enteré de que la infartante Ana Paula Oliveira, soplapitos brasileña, había sido puesta literalmente de tetitas en la calle por haber posado para Play boy como dios la trajo al mundo, hice una propuesta: que se la contratase para levantar los bonos de nuestro alicaido fútbol profesional. Pensé que con su sola presencia las desérticas graderías de los estadios peruanos iban a volver a poblarse. Los hombres regresarían ya no solo para hinchar por los equipos de sus amores, adicionalmente lo harían para admirar la espectacular geografía de una bella de bellas. Con las mujeres, ahora tan o más fanáticas que los hombres en lo que a fútbol se refiere, también ocurriría lo mismo, y con Ana Paula en el gramado tendrían en la curiosidad un aliciente más para estar presentes, en un número cada vez mayor, en los diferentes estadios donde se juega el campeonato profesional de fútbol.
Consideré también que ante una superchurrísima vestida de corto, con la autoridad, además, de todo juez de fútbol, los jugadores iban a arrugar en sus casi siempre airados reclamos. Una sonrisa picarona, una mirada de yapueeeeee, o una sugerente guiñadita de ojos, bastarían para contener los arrestos de los kukines y machitos que abundan en los equipos profesionales. Libertades que sin duda la doña podría gastarse siempre y cuando tuviese como premisa una justa aplicación de los reglamentos futbolísticos, lo cual estaba descontado.
Ahora, después de los últimos hechos acaecidos en el campeonato local, tengo que reconocer que me equivoqué. En el lumpenizado fútbol peruano no hay espacio para ese tipo de iniciativas. Fíjense. Un día los diarios nos traen la noticia de un joven futbolista que acaba de dar positivo en una muestra antidoping tomada después de un partido, todo indica que gusta de la cocaleca y no sería el único. Otro día: futbolistas que se cogen a botellazos con las barras bravas en un partido de campeonato. Más adelante: un dirigente coimero y homofóbico se la agarra con un futbolista peruano que triunfa en Itala y que gusta darse de piquitos con un compañero después de cada gol, así como a otros se les da por bailar.
Y la cereza que levantó una tempestad de la que se colgaron Ministros y hasta el propio Presidente de la República: un equipista uruguayo del club San Martín, que le recordó a la guapa Silvia Reyes - también árbitra de fútbol - que tenía madre, y a la que le envió no precisamente saludos, para terminar, mientras se iba del campo, diciéndole a todo el mundo que seguramente las pulsaciones sexuales matutinas de la Reyes no habían sido atendidas adecuamente, de ahí su mal humor que derivó en la expulsión del futbolista.
Si así están las cosas dentro de los gramados, no hay garantías para las árbitras en general, ni para Ana Paula en particular. Como suele decir mi amigo Oba, de Ferreñafe, "profesor, las condiciones subjetivas no están dadas". Prefiero entonces retirar mi propuesta. Ahh, olvidaba, si alguien está interesado en conocer más de cerca a la brasileña, le alcanzo la ruta, para que los aficionados se den cuenta de lo se ha perdido el fútbol peruano:
http://pospost.blogspot.com/2007/07/fotos-ana-paula-de-oliveira-en-playboy.html
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