martes, 2 de octubre de 2007

Una nueva leyenda:
EL GRUPO NÉCTAR

Ante nosotros está surgiendo una nueva leyenda en el imaginario popular. Es la leyenda de Johnny Orosco y sus muchachos del grupo Néctar, que de esta manera han comenzado a recorrer los inconmensurables caminos de la inmortalidad. Si antes, con su peculiar estilo de hacer música se habían metido en el corazón y piel de sus millares de seguidores del Perú, Bolivia y Argentina, ahora se han ganado sus conciencias.

Ya se trata solamente de cantar o tararear El arbolito, Corazoncito, La fiesta de la cumbia, entre otras exitosas interpretaciones del grupo. En estos momentos, en que el dolor se convierte en fuerza, la vida y milagros de Johnny y su grupo corre de boca en boca, su música suena más que antes, sus CD y DVD se venden como nunca, han aparecido polos y llaveros con sus rostros y aquí o allá surgen frases, dichos, anécdotas, que enriquecen el cariño del pueblo hacia sus ídolos caidos.

Como ya lo hemos dicho, la cumbia peruana ha sufrido un terrible golpe. Pero la contraparte se está desarrollando: en pocos días la cumbia peruana ha engrosado su fanaticada, que ha visto en los diarios y TV a los suyos: a la gente pobre de los barrios y cerros, que en su música y canciones nunca los olvidó.

Pero como bien lo señala Carlos Zegarra, desde los Estados Unidos, no hay que olvidar que la cumbia peruana ha tenido un devenir bastante fatigoso. Es un buen momento entonces para recordar también a Los Girasoles, Los Orientales, Los Ecos, Los Diablos Rojas, Grupo Celeste, Manzanita, Los Shapis, entre muchos otros conglomerados musicales, que han contribuido a que la cumbia peruana llegara a ser lo que es.

Desde San Juan de Lurigancho, Herminio San Juan es de la mismo opinión, en su caso trae a la memoria a los autores: Edilberto Cuestas, Jorge Chávez, Manuel Mantilla y por supuesto que a Walter León Aguilar, el compositor de El arbolito, que catapultó a la fama a Johnny Orosco y el grupo Néctar, pero que además es el creador de Colegiala, colegiala...

Puente Piedra, mayo de 2007

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