jueves, 11 de octubre de 2007

ROGER ELIZALDE EN EL RECUERDO
La JARANA, con mayúsculas empezaba cuando él llegaba a la reunión. Previamente podríamos haber escuchado mil discos, pero la nota mayor la ponía siempre Roger Elizalde Bravo con su criollismo a flor de piel. Bromás más, bromas menos, uno o dos tragos cepillados, y el hombre estaba listo para hacer de la noche un espacio de tiempo inolvidable por el desborde de música, canciones, baile y amistad eterna al que nos convocaba su bordoneo y su inconfundible voz de limeño cunda y guarapero.

"Saque el palo trinador compadrito", decía, y con la guitarra en la mano, sin mayores preámbulos, arrancaba:

Negra
oye negra
dame negra
pronto negra
mi camisa
mi corbata
mi sombrero
y mi zapato colorá
que ya la conga
va empezá
arriba la conga
conga,conga,conga,
que buena es la conga...

Y se armaba el callejón. Y el trago se hacía de mil colores, mientras hombres y mujeres se lanzaban al ruedo al llamado de la vieja conga, pasada de moda para muchos, pero que mi compadre Roger la llevaba en el bobo, dispuesta a soltarla "pa mover el esqueleto" y calentar el ambiente. Así fue la primera vez, un 5 de febrero de no sé que año, y así fue también otro 5 de febrero, esta vez en el año 2005, la última oportunidad en que una vez más le sacamos lustre a la vida.

Luego soltaba los valses y las polcas, y agárrate Catalina porque va una de Eduardo Márquez Talledo: Ventanita; otra de Pablo Casas: Anita; la tercera de Manuel Acosta Ojeda: Si tu me quisieras; y nunca podía faltar el maestro de maestros Felipe Pinglo con El espejo de mi vida. Y no se moleste señora, para usted, Alma, corazón y vida, y ya vienen las del carreta Jorge Pérez, porque cuando Cristóbal Colón llegó a esta Lima bendita... y una más de Polo Campos, porque cuando llora mi guitarra...
Las noches nos quedaban cortas, el sol podía estar metiendo sus narices impertinentes, pero ahí estaba Roger, incansable, con aguadito o sin aguadito, ahora en las fronteras del son, el de Los Matamoros, porque compadre usted tiene que entender que el llanto mío tiene lágrimas negras, tiene lágrimas negras como mi vida...

Roger Elizalde ya no está con nosotros. Como dice esa vieja guaracha: Se fue pa La Habana, para no volver más. Hasta donde sabíamos no estaba en la lista de espera, pero así es la vida, o mejor dicho así es la muerte.

Pero no se complique compadre Roger, usted siempre estará con nosotros, así nomás no lo vamos a soltar, no faltaba más. Ya lo sabe el negro Arriola, el negro Pepe, y por supuesto que el colorao Huguet y el doctor Bazán, que estuvimos a su lado en el adiós, como se estila en estos trances: con su anis, del bueno, el Nájar.

Vaya nomás compadrito, ya nos veremos nuevamente, porque arrieros somos y en el camino nos encontramos. Pero antes, como siempre, cántese usted la del estribo, con la que sabía cerrar esas noche de encanto: Palmeras.

Ay mi corazón está empezando a padecer
desde que yo te conocí mi dulce bien
sé que para mi es muy dificil olvidar
todo el encanto de tu voz y tu mirar
ven mi amor que quiero ser tu adoración
y formar nuestro nidito de pasión
Ven, ven, ven, ven,
que las palmeras saben de mi amor
ven que mi alma ya no puede de dolor
dame tus besos, con frenesí
tesoro mío, dime que si
con las palmeras, he de vivir
con las palmeras, he de morir


alberto
octubre 10, 2007

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